Hemos ya iniciado el tercer decenio del siglo XXI, afortunadamente sin salir de una guerra mundial como hace cien años, pero sí, hemos pasado por una pandemia —quizá no tan cruenta como la gripe de 1918, pero con muchas víctimas mortales en todo el mundo—, y no es esa la única coincidencia. A veces parece que el mundo fuera cíclico y que en aniversarios caprichosamente redondos la historia tendiera a repetirse. La tercera década del XX la bautizamos como la de los ‘Locos o Felices Años 20’, y en Estados Unidos la conocen como The Roaring Twenties (los estruendosos años veinte), expresión que a los cinéfilos nos evoca a Cagney y a Bogart en aquella película de Raoul Walsh rodada ya casi en la quinta década pero centrada en los años de la Ley Seca. Pero de secos esos años tuvieron poco. Trajeron a Occidente un burbujeo de transgresión cultural, innovación, crecimiento económico y transformación social que iba a llevar a la ciudadanía de muchos países a estamparse en pocos años contra la terrible crisis de 1929. ¿Estamos ahora en un momento similar? Ciertos hechos y algunos burbujeos lo corroboran, pero otros dejan claro que son otros tiempos. Aquí van algunas pinceladas rápidas sobre estos movidos años, los pasados y los actuales.
Existe un género de ficción televisiva caracterizado por entrar en los terrenos argumentales del thriller y estar protagonizado de manera preponderante por personajes femeninos. Su ubicación en las programaciones suele ser tras la sobremesa —aproximadamente entre las cuatro de la tarde y las nueve—, preferentemente en fines de semana. Aquí menciono 50 elementos recurrentes que parecen obligados en estas producciones norteamericanas elaboradas a partir de patrones y fórmulas. Además, merece la pena destacar uno de sus fines adicionales, de raíz inequívocamente feminista.
En la confección de thrillers con protagonismo femenino, programados generalmente en tardes de fin de semana, no solo se incluyen ciertos elementos de modo recurrente, sino que las propias tramas responden a fórmulas o patrones argumentales. Aquí propongo 41 tramas tipo, caracterizadas por la preponderancia del personaje femenino y la comisión de un crimen en un ambiente no criminal. En estas historias, una mujer afronta un peligro encarnado en un oponente (mujer u hombre), y, con dificultades (y alguna ayuda poco determinante), logra neutralizarlo. El poder femenino en su máxima expresión.
Un vistazo a cualquier portal, medio o plataforma profesional nos dejará enseguida claro cuál es una de las profesiones mas de moda: el COACH. Aunque si separáramos a los verdaderos profesionales expertos en ese interesante y útil proceso de ayuda de los que se autodemoninan así y solo llegan a diletantes, la lista se reduciría. Pero no solo es que haya muchas ofertas de coaching. El término es un auténtico imán, un poderoso pedrusco magnético que atrae todo tipo de adjetivos, y así se ha acabado configurando un conjunto de presuntas modalidades de este tipo de servicio que ni cuaja en tipología seria ni nos muestra un crisol auténtico de escuelas de la disciplina. El coaching ejecutivo nos suena creíble. Y el laboral. Y el educativo. El transformacional y el ontológico ya nos descolocan un poco. Y el cuántico y el integrativo directamente nos patinan. Y no porque no puedan ser útiles. Porque lo importante en el coaching es que se confeccione con los ingredientes que le dan sustancia y singularidad, que lo conduzca alguien que atesore ciertas habilidades de comunicación, indagación, análisis y diagnóstico, y que este sea consciente de lo que el proceso requiere, sin olvidar qué territorios no debe invadir (aunque los pueda visitar).
Hoy en día se ofrecen en el mercado servicios de coaching de modo desenfrenado. Hay coaches de todo y para todo: para la empresa, para profesionales, para el desarrollo personal, para el encuentro místico… Como en algunas ocasiones no parece que haya mucha sustancia detrás de esas ofertas, no es extraño que la figura esté en entredicho. Pero, al margen de posibles opiniones reticentes derivadas de la existencia de ofertas dudosas o del paso por malas experiencias, no deberíamos albergar ninguna duda: el de COACH es un oficio útil que muestra todo su relieve y volumen cuando le dejamos presentar sus credenciales y tiene ocasión de desplegar su amplio repertorio de modos, métodos y recursos. Porque el auténtico COACH —ya se vincule al mundo corporativo o se asocie al apoyo personal— mostrará en su perfil facetas muy diversas con las que afrontará su misión: ayudar al cliente, a través de una relación personal basada en el diálogo, a superar un reto de autodescubrimiento, mejora y superación que le permita aprovechar en mayor medida sus virtudes actuales o potenciales. Aquí se incluye una breve reflexión sobre este profesional cuyo desafío es facilitar una experiencia de evolución o cambio a quienes la necesitan.