La empresa y los nuevos roaring twenties: propuestas 10 a 12

En esta entrada se da un apunte sobre los calendarios de encaje de los profesionales y acerca de los desajustes que a menudo se producen en los períodos de inserción, que suelen conllevar pérdidas de tiempo. El aprendizaje en las empresas también es narrativa, y como es obligado en el desarrollo óptimo de cualquier trama, no se puede contar todo, pero sí debe contar lo primordial y rápido. Asimismo, se hace aquí una rápida reflexión sobre la la asignación de responsabilidades profesionales en función del perfil del empleado o colaborador, que debería primar las habilidades y el potencial, y se apuesta por una gestión de la información en la empresa que facilite, superando rutinas, inercias, obstáculos y dependencias burocráticas disfrazadas de falsa calidad, el acceso ágil e instruido de todo el que lo necesite a la sabiduría que hay en la organización, sin que nadie se sienta perdido por falta de apoyo para buscar datos, medios y recursos.

La empresa y los nuevos roaring twenties: propuestas 7 a 9

Tres nuevas reflexiones rápidas sobre la empresa en estos procelosos años de la tercera década del siglo XXI, rondando en este caso temas como la capacidad y la capacitación, el control y el seguimiento y la selección de profesionales. Como todos sabemos, lo de pedir puede ser a veces un vicio, sobre todo si se solicita la luna y se exigen mirlos siempre blancos, y ello puede tener como correlato que quien sabe o sabría, y sabe o sabría hacer, no tenga ocasión de demostrarlo. El filtro selectivo puede ser una necesidad ante las cataratas de candidatos, pero muchas veces solo es una trampa selvática que aplica patrones de elección para ahorrar tiempos, buscando clones o, peor aún, para conjugar miedos infundados. Por otro lado, apostar por que la autoformación sea una vocación e incluso cultura evitará que los procesos de selección desaprovechen talento entregadas a la inercia. SI se desea acelerar las mejoras, el conocimiento y el entrenamiento deben ofrecerse en modo self service e incluso como buffet libre.

La empresa y los nuevos roaring twenties: propuestas 4 a 6

Continúo con esta lista de propuestas sobre el mundo de la empresa en este momento del siglo, visiones rellenas de sugerencias —a modo de bandeja de bombones—, aunque también tenga algo de pase de modelos, en este caso de reflexiones, vestidas todas ellas con un deliberado aparato retórico, como el ropaje textil, los halos lumínicos y los acordes musicales que se ven y se oyen en una pasarela. Esta nueva dosis incluye tres propuestas más, en este caso planeando sobre la planificación y las replanificaciones, dándole unos minutos a la esencia de los protocolos y circuitos y procedimientos, cuyo enemigo son las primas hermanas corporativas de la burocracia, y apuntando a la necesidad de que las carencias competenciales sean conocidas, detectadas con precisión en tiempo real, de modo que nunca constituyan un drama, ni lo provoquen.

La empresa y los nuevos roaring twenties: propuestas 1 a 3

Proponer ideas para la vida profesional es siempre una temeridad. Existe el riesgo de plantear que exista lo que ya existe o que se implante lo que lleva años funcionando. También puede incurrirse en reinvenciones de esas que algunos tratan de pasar por innovaciones, por la solemnización de obviedades o por la presentación de simplezas con un vistoso empaquetado de regalo. Pero, procurando con empeño conjurar este peligro, hay que evitar dimitir de este propósito, porque en tiempos de cambio las ideas nunca están de más. Nadie sabe mejor lo que necesita una empresa para sobrevivir, crecer y prevalecer que quien vive profesionalmente en su seno, pero desde ese círculo cercano en el que habitamos muchos colaboradores y proveedores de las organizaciones también podemos aportar nuestro granito de arena opinando, valorando y sugiriendo. Yo lo hago en estas 36 reflexiones con espíritu de propuesta: las tres primeras, en esta entrada.

La empresa y los nuevos roaring twenties: 36 propuestas

No estamos como hace cien años, aunque crisis, pandemias, invenciones técnicas y extremismos políticos nos hagan rememorar la tercera década del siglo pasado. Lo que sí permanece es la incertidumbre. No sería inexacto decir que siempre ha existido, por ser consustancial a la existencia humana: la vida nunca ha sido fácil, las economías nacionales mantienen una perpetua batalla para sobreponerse a las adversidades y a las complejidades de los mercados, y la vida política, abonada a tiempo completo a la resolución de conflictos, se ve abocada de modo intermitente a lidiar con la agitación. Se dice ahora que no habrá futuro sin innovación, sin una modernización de los modelos productivos y un cumplimiento de las exigencias que ha traído la era digital. Y, sabiendo que en toda renovación profunda no resulta fácil la adaptación, extraña que muchas empresas perpetúen criterios y conductas de por sí discutibles o se entreguen a la imitación. Es como si bastara con replicar patrones, aplicar fórmulas o emular los modos, métodos y estilos de los demás. Los tiempos de cambio requieren miradas atentas, mentes despiertas, almas austeras, espíritus creativos y un buen maridaje de planificación e improvisación. Los tiempos de cambio exigen cambios en chips que no sean solo los de silicio o grafeno.

Los nuevos roaring twenties

Estamos iniciando el tercer decenio del siglo XXI, y afortunadamente no estamos saliendo de una guerra mundial como hace 100 años. Pero sí estamos viviendo una pandemia, quizá no tan cruenta como la gripe de 1918, pero que se ha cobrado muchas víctimas mortales en todo el mundo. Y no es esa sola la única coincidencia. A veces parece que el mundo fuera cíclico y que en aniversarios caprichosamente redondos la historia tendiera a repetirse. La tercera década del XX la bautizamos como la de los ‘Locos o Felices Años 20’, y en Estados Unidos la conocen como The Roaring Twenties (los estruendosos años veinte), expresión que a los cinéfilos nos evoca a Cagney y a Bogart en aquella película de Raoul Walsh rodada ya casi en la quinta década pero centrada en los años de la Ley Seca. Pero de secos esos años post bélicos tuvieron poco. Trajeron a la vida de Occidente un burbujeo de innovación y transgresión cultural, crecimiento económico y transformación social que iba a llevar a la ciudadanía de muchos países a estamparse en pocos años contra la terrible crisis de 1929. ¿Estamos en el siglo XXI en un momento similar? Algunos signos lo corroboran, pero otros dejan claro que son otros tiempos. Cruzando los dedos para que este período convulso se serene cuanto antes, aquí van algunas pinceladas rápidas sobre estos movidos años, los pasados y los actuales.

Esencia del coaching y modalidades en el mercado

Un vistazo a cualquier portal, medio o plataforma profesional nos dejará enseguida claro cuál es una de las profesiones mas de moda: el COACH. Aunque si separáramos a los verdaderos profesionales expertos en ese interesante y útil proceso de ayuda de los que se autodemoninan así y solo llegan a diletantes, la lista se reduciría. Pero no solo es que haya muchas ofertas de coaching. El término es un auténtico imán, un poderoso pedrusco magnético que atrae todo tipo de adjetivos, y así se ha acabado configurando un conjunto de presuntas modalidades de este tipo de servicio que ni cuaja en tipología seria ni nos muestra un crisol auténtico de escuelas de la disciplina. El coaching ejecutivo nos suena creíble. Y el laboral. Y el educativo. El transformacional y el ontológico ya nos descolocan un poco. Y el cuántico y el integrativo directamente nos patinan. Y no porque no puedan ser útiles. Porque lo importante en el coaching es que se confeccione con los ingredientes que le dan sustancia y singularidad, que lo conduzca alguien que atesore ciertas habilidades de comunicación, indagación, análisis y diagnóstico, y que este sea consciente de lo que el proceso requiere, sin olvidar qué territorios no debe invadir (aunque los pueda visitar).

Coach: guionista, director y maestro de ceremonias del cambio

Hoy en día se ofrecen en el mercado servicios de coaching de modo desenfrenado. Hay coaches de todo y para todo: para la empresa, para profesionales, para el desarrollo personal, para el encuentro místico… Como en algunas ocasiones no parece que haya mucha sustancia detrás de esas ofertas, no es extraño que la figura esté en entredicho. Pero, al margen de posibles opiniones reticentes derivadas de la existencia de ofertas dudosas o del paso por malas experiencias, no deberíamos albergar ninguna duda: el de COACH es un oficio útil que muestra todo su relieve y volumen cuando le dejamos presentar sus credenciales y tiene ocasión de desplegar su amplio repertorio de modos, métodos y recursos. Porque el auténtico COACH —ya se vincule al mundo corporativo o se asocie al apoyo personal— mostrará en su perfil facetas muy diversas con las que afrontará su misión: ayudar al cliente, a través de una relación personal basada en el diálogo, a superar un reto de autodescubrimiento, mejora y superación que le permita aprovechar en mayor medida sus virtudes actuales o potenciales. Aquí se incluye una breve reflexión sobre este profesional cuyo desafío es facilitar una experiencia de evolución o cambio a quienes la necesitan.