La narrativa de ficción y las tramas

El recorrido de la narrativa de ficción a lo largo de estos años de civilización nos ha deparado un universo de historias, canalizadas a través de disciplinas diferentes, basadas, en mayor o menor medida, en la realidad o fruto solo de la imaginación humana: relieves y bajorrelieves, jeroglíficos, pinturas, obras de teatro, epopeyas, relatos de juglares, novelas, cuentos y relatos cortos, cine, vídeos, cómic y novelas gráficas, colecciones de huecograbados, canciones, óperas, operetas y zarzuelas, performances…
Pero si nos ponemos estrictos, los canales para la narrativa de ficción, aquellos en los que reina en toda su plenitud y con todo su dinamismo la dramaturgia, son el teatro, la literatura y el cine. En estos modos de exponer historias, los personajes se mueven, los conflictos nacen en cualquier momento o esperan a la vuelta de la esquina, los riesgos acechan y los desenlaces se precipitan.
Suelen decir algunos estudiosos o tratadistas que toda narración de ficción—repito, esté o no basada en la realidad, siempre que no sean solo ensayos divulgativos, técnicos o documentales, es decir, en todos los casos en que haya elementos inventados, aunque únicamente sirvan para estructurar o engrasar el desarrollo argumental— requiere un conflicto. Personajes que se enfrentan a problemas, a retos, a objetivos, a obstáculos, a otras personas… Otros, más abiertos, piensan que no es preciso el conflicto para la dramaturgia, sino simplemente que se opere un cambio en las personas por razón de la interacción con un entorno más o menos cercano.
En todo caso, para armar una historia es preciso diseñar una trama: quién actúa, hacia dónde se dirige, en qué situación avanza o retrocede, ante quienes o ante qué, dónde, cuándo, cómo… En casi todos los dramas (en sentido amplio, incluyendo aquí la comedia) hay casi siempre viajes, externos o interiores, hay cambios (morales, físicos, profesionales, personales, intelectuales, emocionales…), también confrontaciones, y dilemas, y decisiones…

Desde los textos más antiguos (del lejano oriente, del cercano y medio oriente, incluyendo los bíblicos, del occidente medieval…) hasta nuestros días, los autores, algunos conocidos, otros anónimos pero no por ello menos corpóreos en su época, han pergeñado cientos de miles de historias con las que representar sus visiones subjetivas del mundo: las reales, las que son fruto de sus observaciones directas, y también las que reflejan interpretaciones y representaciones de la existencia con mayor aparato retórico, expresiones de cómo conciben el mundo en todas sus facetas. Una epopeya y una novela de aventuras, una tragedia griega y un vodevil, una tabla de jeroglíficos y un cómic de línea clara, una leyenda medieval narrada oralmente y una tvmovie, el libreto de una ópera bufa y el episodio de una sitcom, una novela picaresca y un relato pulp fiction…: en ese sentido, en su apoyo en una trama y en el desarrollo de un argumento mediante una dosificación de acciones, descripciones y narraciones, esos productos apenas se diferencian, más allá de la complejidad y grado de elaboración que muestren.

No es mi objetivo en esta entrada teorizar sobre la dramaturgia ni analizar los componentes de las narraciones de ficción. El objeto aquí es mucho más modesto: exponer algunas propuestas que han realizado diversos autores con una intención que a veces revela una vocación taxonómica y en otros casos denota un propósito mucho más simple: enumerar ejemplos o reflejar lo que podría ser más representativo o recurrente a lo largo de la historia en la concepción de historias de ficción.
Este post se divide en tres partes y esta es una primera dosis en la que enumero 15 propuestas de tipos de trama (patrones, esquemas, arcos emocionales…, según el enfoque de cada autor). En las dos entregas siguientes de lo que no es sino una sola entrada, se incluirán las aportaciones que proponen más tipos de tramas (hay autores que incluso confiesan haber detectado cientos o miles e incluso que, apoyándose en la combinatoria de factores, se vienen arriba y hablan de millones).
No analizo las propuestas, porque alargaría el texto en exceso: me limito aquí a una sencilla presentación del autor (cuando tengo referencias de él) y a exhibir su lista, cerrada con una brevísima valoración personal de la aportación.
A algunas de las propuestas, las más interesantes (por lúcidas o complejas), me referiré en futuras entradas profundizando un poco más.
Por lo demás, cabe decir que entre estos autores hay de todo: algunos hicieron sus aportaciones en el siglo XIX o XX y otros son más recientes, ya fallecidos o, en la fecha de edición de este post, aún en activo.

Hay autores, a los que no menciono en esta primera dosis de aportaciones cortas, en opinión delos cuales hay un número de tramas básicas muy reducido. Sin ir más lejos, Aristóteles distinguía dos categorías: la comedia (cuyo nervio consiste en que el personaje consiga lo que quiere) y la tragedia (cuando el personaje no lo consigue). Ronald Tobias (del que veremos una lista más completa, muy reseñada a lo largo de los últimos años, en la segunda parte de la entrada), sintetizaba al máximo las historias en tramas de la mente y tramas físicas o corporales. Incluso hay quienes afirman que solo hay una trama (alguien viaja física o intelectualmente para ir a algún destino, alguien busca algo, se le oponen obstáculos y al final los supera o no…) y consecuentemente lo que debe analizarse es qué componentes integran cada argumento, qué puede pasarle al héroe en su viaje de búsqueda.
Entre las propuestas minimalistas y las que sugieren la existencia de miles, cientos de miles o incluso millones de tramas (los autores de estas últimas no las detallan, como es esperable), hay muchísimas aportaciones. Yo parto de las listas que al menos incluyen tres tipos de argumentos, porque cuando algo en el mundo se divide en dos, la proposición para mí carece del mínimo de complejidad exigible. Como asevera el dicho mordaz, el mundo se divide en dos tipos de personas: los que dividen el mundo en dos tipos de personas y los que no.
El tercer tipo en una lista catalogadora —o en una taxonomía, que es lo mismo, pero con más pretensiones científicas y afán de exhaustividad— es el que inaugura el refinamiento, el que revela siempre que hay un esfuerzo intelectual, un empeño en hundir el cuchillo en la materia para diseccionar y ver más allá de lo aparente, superando las dualidades visibles a primer disparo de ojo o neurona: sí/no, interno/externo, comedia/tragedia, final feliz/final no feliz/, dinámico/estático, grande/pequeño, bueno/malo…. Ello, con todos los respetos para el sabio griego, que, no haría falta decirlo, era muchísimo más inteligente que yo y apoyaba sus propuestas más sencillas con montañas de sabiduría, auténticos cimientos de la intelectualidad. Al fin y al cabo, en los tiempos griegos arcaicos, ni había novela, ni cine, ni telefilms, ni youtubers (qué envidia esto último): les bastaba con teatros arquetípicos bastante estáticos, todo sea dicho.
Entre los autores que cito también hay de todo en cuanto a perfiles intelectuales: sociólogos, periodistas, ensayistas eruditos en algún tema, críticos literarios, profesores de técnicas de escritura, compiladores literarios, poetas, novelistas (de géneros diversos —thriller, ciencia ficción, melodrama romántico…—, algunos de ellos escritores prolíficos en esa novelística popular conocida en Norteamérica como pulp fiction o, en tiempos modernos, como bestseller), guionistas de cine, técnicos del cine de animación… Y muchos de ellos son personajes polifacéticos, de andadura mental inquieta.
Por supuesto, aportaciones hay muchas más que las que yo expongo en estas tres entregas del post, pero he seleccionado las propuestas más comentadas, más tenidas en cuenta por los estudiosos de la narrativa, que exponen tipos o esquemas argumentales y no componentes internos —estructuras o desarrollos— de cada trama (como ocurre, por ejemplo, con el famoso e influyente viaje del héroe de Joseph Campbell o con otras propuestas deudoras de esta, planteamientos analíticos incluso más interesantes que el aquí tratado y que merecen una dedicación exclusiva en futuras entradas).
Como se verá, las listas de tramas que expongo en este post presentan diversos enfoques: algunas pivotan sobre lo que le acontece al personaje, héroe o protagonista; otras inciden sobre el destino final de este individuo; las hay que se centran en el desarrollo de la historia, las subidas y bajadas, los éxitos y fracasos…; también pueden verse algunas que se fijan en quién se opone a quién o a qué, o en quién domina y quién se somete o se rebela; incluso encontramos las que barajan como relevante en la clasificación el perfil del personaje (si es tonto, o listo, o va por libre y llega y se marcha…).
Sería mucho más riguroso exponer las propuestas de tramas en orden cronológico, ya que unas pueden ser tributarias de las anteriores pero no al revés, como es obvio. Pero, dado que estamos hablando solo de enumeraciones de tramas y no de argumentaciones sesudas sobre la narrativa, creo que es mejor optar por la frívola ordenación según el número de tipos de tramas propuesto: de menos a más, de lo más esencial a los intentos más taxonómicos, estén más o menos logrados.
Aunque muchas listas pecan de una excesiva heterogeneidad, la lectura conjunta de todas ellas resulta sugestiva y nos da muestra del interés que tratar de hallar pautas comunes en estos productos de la imaginación reviste para muchos que escriben o leen narrativa con un propósito que rebasa el mero entretenimiento.
15 listas cortas de patrones argumentales
Vayamos con la primera dosis: la de las listas cortas, que proponen entre tres y catorce tipos de tramas, ordenadas, como he comentado, de menos a más y no cronológicamente. Prepárate, por tanto, para un ir y venir entre los siglos XIX y XXI.
LOS 3 PATRONES BÁSICOS DE LA TRAMA — DE WILLIAM FOSTER-HARRIS
Empezamos a mediados de la década de los 50 del pasado siglo.
William Foster-Harris, conocido como Foster-Harris, fue un aclamado profesor de lengua inglesa y técnicas literarias en la Universidad de Oklahoma que trabajó en el departamento dirigido por otro conocido profesor de la institución, William Campbell.
Campbell (llamado Walter Stanley Vestal hasta que adoptó el apellido de su padrastro) era un escritor con mucha experiencia en la elaboración de obras de temas diversos, pero especializado en la historia de los indios y del viejo oeste. Por su parte, Foster-Harris, nacido precisamente en territorio indio (en Sulphur, dentro de la nación Chikasaw), era geólogo y había trabajado en el negocio del gas y el petróleo antes de convertirse en escritor colaborador de periódicos y revistas, para los que elaboró cientos de artículos, historias de ficción y trabajos de no ficción. Y también trabajó como director editorial.
Foster-Harris fue uno de los más prolíficos no