Coach: guionista, director y maestro de ceremonias del cambio

¿ENTRENADORES? ¿COACHES?

  • Un individuo sale por la ventanilla de un coche que tiene logos de patrocinadores en las puertas y bicicletas en el techo y grita «a morir, a morir» a un sudoroso ciclista que trata con dificultad de subir una cuesta de montaña peleando contra la amenaza de la pájara, eso que algunos exciclistas llaman el tío del mazo.
  • Un individuo en chándal pasea mascando chicle en medio de un partidillo de fútbol informal y un tanto caótico con jugadores de un mismo equipo, diferenciados en dos bandos por petos de colores, y a veces dice algo, bracea y señala…, para continuar luego su parsimonioso paseo.

Los anglosajones llaman al segundo COACH, y en España lo denominamos ENTRENADOR o, de modo coloquial, MÍSTER.

Al primero, en todos los idiomas se le llama PESADO.

Y quizá ninguna de esas expresiones sea del todo precisa.

Lo que no es un COACH

En deporte, un COACH es, en principio, un TRAINER. Podríamos decir que en ese campo de juego son sinónimos. Pero algunos entrenadores se limitan a seleccionar jugadores, definir tácticas (y redefinirlas a medio partido), mientras que otros asumen la enseñanza de técnicas o la creación y aplicación de rutinas de entrenamiento. Aunque se llame igual a un mismo profesional, se trata de funciones muy distintas.

Pero si un COACH hoy en día no es necesariamente un entrenador ni siquiera en el ámbito deportivo, en mucha menor medida lo es en el mundo profesional o en el ámbito de los apoyos vitales o psicológicos. Es algo que casi todos sabemos.

Dice uno en la actualidad COACH y muchos empiezan a sospechar, a lanzar comentarios mordaces, a mostrar que no se fían del personaje… Y no están pensando en el deporte.

Tanto en el ámbito de actividad de las empresas como en el privado (la propia experiencia de nuestras vidas), el COACH es una figura muy presente pero a menudo denostada por creerla más cerca de un charlatán latoso y vendehúmos que de un entrenador. Y es algo injusto, porque ni debe ser propiamente un entrenador, ni es un vendedor, ni puede permitirse no ser firme, insistente y perseverante hasta el punto de arriesgarse a parecer un pesado.

El COACH, en estos ámbitos no deportivos, no entrena (es asunto del trainer) ni prepara (eso es labor de un preparador), ni guía una adaptación profesional (es misión del mentor), ni invade ámbitos ajenos buscando plantear o implantar soluciones (como hace un consultor), ni selecciona miembros de un equipo (es prerrogativa de los responsables funcionales de una organización, área o proyecto), ni enseña, forma o educa (función que compete al maestro, profesor, formador o profesional docente), ni se centra en aconsejar sobre asuntos concretos (tarea del asesor o del consejero), ni aplica terapias para modificar ánimos o conductas (como haría un psicólogo), ni somete a las personas a interrogatorios intensos (sería actuación propia de un policía, o de un juez o abogado en un juicio), ni juzga (compete solo a los jueces), ni se limita a observar, dinamizar, seguir y evaluar (asunto que corresponde al tutor)…

Y, por supuesto, no vende sustancias sólidas, ni líquidas ni gaseosas, porque lo suyo no es el noble arte de la venta.

La función del COACH

¿Y qué es lo suyo? Pues no debe caber ninguna duda: la función del COACH no es otra que la de…

… FACILITAR o ACELERAR LOS CAMBIOS.

¿Y qué necesita para ello?

Fundamentalmente lo siguiente:

  • Captar cuál es el RETO que debe conseguir una persona, en su medio profesional o en su vida privada,
  • Ser capaz de entender cuáles son las EXIGENCIAS básicas de ese reto y qué logros intermedios puede suponer.
  • Conocer las NECESIDADES de un ámbito de actividad a fin de poder asociar fines a medios y tareas a competencias, y considerar las idiosincrasias personales a fin de ajustar a estas los mecanismos de mejora.
  • Actuar como un OBSERVADOR y un ANALISTA, al objeto de penetrar en la mente y el alma de otra persona buscando describir sus lagunas, valles y montañas, identificar sus flaquezas y poderes y calibrar sus escudos y sus armas.
  • Mostrarse como un buen COMUNICADOR, detallado, detallista y explícito, gran dominador de la retórica, pero animado a informar en ocasiones de modo enigmático al objeto de instar a decodificar diagnósticos, escenarios y soluciones, así como a plantear la búsqueda de destinos a partir de coordenadas.
  • Resultar EXIGENTE, sin pisar la frontera del incordio, y obligar a exprimir los últimos y extenuantes movimientos de mancuerna de cada serie, evitando siempre la petición de lo imposible, lo inviable, lo inasumible, lo inoportuno, lo prematuro, lo improbable a corto plazo, lo que no procede, lo innecesario o lo peligroso.
  • Ser, sí, un poco PESADO, incluso INCÓMODO, ya que se verá obligado a ser insistente y a veces tan preguntón y escuchador como un psiquiatra psicoanalítico, pero sin olvidar que deberá resultar ameno, tener gancho y generar adicción temporal si quiere mostrarse influyente e impactante.
  • Generar un clima de CONFIANZA que dé licencia para un intercambio fluido y sincero de sensaciones, emociones, pretensiones, visiones e informaciones. La aservitividad y la desinhibición serán al final los principales instrumentos del éxito.
  • No olvidar su faceta de NARRADOR y DESCRIPTOR de avances y retrocesos, solvencias e insuficiencias, temblores y empujes, sin renunciar a ser neutralizador de tentaciones de renuncia o, si en alguna faceta no se apuntan maneras, delimitador de territorios comanches.
  • Entender qué rasgos concretos definen el TALENTO, entendido este no como virtud general, sino como capacidad específica dirigida a satisfacer una necesidad concreta de actuación, destilada de lo que no debe exigirse porque ni es imprescindible ni tiene utilidades relevantes.
  • Descubrir en las personas HABILIDADES que no se conocían, o facetas inexploradas de las que ya se tenían por consolidadas, con el fin de impulsar mejoras conductuales y anímicas a partir del potencial existente que permaneciera oculto o de virtudes inactivas.
  • Generar nuevos HÁBITOS que redunden en la consecución de mejores estados anímicos, la elección más adecuada de recursos y métodos y una mayor rapidez y acierto en la adaptación de procedimientos y acciones a nuevas circunstancias.
  • Asumir sin complejos los COSTES de la transparencia, la sinceridad y la asertividad, pero logrando minimizarlos mediante una política informativa y de atención personal confeccionada a medida de quien ha de protagonizar el cambio, sazonada con las dosis justas de distensión y sentido del humor que exigen los encuentros tête à tête.

El COACH de empresa puede ayudar a un directivo o ejecutivo a afrontar retos que le incomodan o asfixian, y llevarlo a encararlos con solvencia y bizarría, pero debe hacerlo AYUDANDO a:

  • entender entornos,
  • detectar potenciales,
  • fijar objetivos,
  • definir rumbos,
  • marcar itinerarios,
  • señalar obstáculos,
  • establecer metas intermedias,
  • identificar o armar recursos,
  • instalar hábitos,
  • diseñar estrategias,
  • ingeniar criterios,
  • definir balances
  • extraer conclusiones…

… SIN ACTUACIONES destinadas a incitar la imitación.

Y si no estamos en el escenario de una empresa, sino que se trata de individuos preocupados por su experiencia vital, con RETOS PERSONALES necesitados de apoyo, en este caso los análisis, diagnósticos, objetivos, rutas, planes, estrategias y valoraciones definirán también el vector de ayuda con el que empujar la EVOLUCIÓN o activar la INFLEXIÓN deseada, sin que esa colaboración deba materializarse en maestrías, profesorados, sentados de cátedra o alardes ejemplarizantes.

Porque el COACH no debe hacer —como lo haría a veces un mentor o un entrenador que no sea un mero seleccionador, cuando quiere mostrarse como ejemplo o modelo, o simular una actuación—, ni hacer hacer —como se predica de algunos directivos que son o deberían ser influyentes pero raramente se ponen el mono o se manchan de grasa—, sino que su misión es lograr que algo se pueda hacer, con eficacia y disfrute, y que esa disponibilidad profesional o personal cargada de fiabilidad sea una realidad cuanto antes.

Debe ayudar a que el potencial deje de ser potencial.

El término COACH

Quien no guste del término COACH por ser anglosajón —si es de los fieles a usar siempre equivalentes en nuestros idiomas—, o por confundirse con el de entrenador en la propia lengua inglesa, o por haberse sobado hasta la saciedad en propuestas simplonas que no lo merecen, puede buscar otra palabra con la que denominar esa función de la que hablamos. Puede llamarle, como a veces sugieren algunos expertos linguistas —preparador, entrenador, guía, asesor…— encajar alguna otra palabra o inventarse una cuyo significado le parezca descriptivo.

Pero conviene avisarle: siendo como es el COACH una figura de alma mestiza —un mix de observador, entrevistador, oyente, explorador, descubridor, analista, guía, psicomago, ajustador y cronista—, con los términos citados no esará apuntando al centro de la diana y si opta por el nuevo bautizo lo va a tener difícil para ponerle nombre al cóctel .

Yo, en todo caso, le propongo uno (lo expreso tanto en castellano como en inglés para no fastidiar así a los amantes de ese toque cool que da la más importante de las linguas francas):

CATALIZADOR — CATALYST

Un CATALIZADOR, poniéndonos académicos, es lo siguiente:

  • En química, una sustancia que en pequeña cantidad incrementa la velocidad de una reacción química y se recupera sin cambios esenciales al final de la reacción.
  • Dicho de una persona, aquel que estimula el desarrollo de un proceso.
  • En mecánica de motores, una sustancia que aplicada a un dispositivo produce reacciones que disminuyen la toxicidad de los gases de la combustión.

De aquí podemos derivar los siguientes elementos relevantes:

  • Incremento de velocidad de una reacción.
  • Estímulo del desarrollo de un proceso.
  • Producción de otras reacciones que tienen como efecto la eliminación de toxicidad.

Diríamos así que un COACH es un…

ACELERADOR DE REACCIONES — ESTIMULADOR DE DESARROLLO — DEPURADOR

El COACH como catalizador

Sin duda alguna, el COACH es un CATALYST con todas las de la ley.

Para constatarlo, volvamos al MIX:

OBSERVADOR — El COACH debe mirar con atención comportamientos y actitudes con el propósito de detectar o intuir sentidos y direcciones, movimientos y detenciones, motores y palos en las ruedas, factores de excitación y de inhibición, facilitadores y rémoras, razonamientos y emociones, sentidos y sentimientos… Para algunos de esos objetivos le bastará con la mirada. Para otros, le vendrá mucho mejor contar con dotes intuitivas y la habilidad de la empatía, esa visión especulativa pero fiable sobre las emociones y ánimos ajenos que no requiere de confesiones ni de signos explícitos.

ENTREVISTADOR — Sin preguntas osadas el COACH no lograría nada. Pero esa entrevista debe ser continua, no en unidad de acto, solo puede tener una audiencia de dos personas y tiene prohibido el lucimiento del entrevistador: nada puede brindarse a la galería si se pretende que germine la confianza. Preguntar a fondo y sin timidez sin caer en el interrogatorio policial será importante si se busca dar solidez a la indagación y crear un patrón en la relación que dé como fruto información relevante, tanto objetiva como subjetiva.

OYENTE — La escucha es crucial para el COACH. A veces será pasiva, dirigida a procesar la información que se suministre de modo proactivo, lo que convendrá cuando se consigan momentos de comunicación y confidencia; otras deberá ser activa, cuando se entienda conveniente excitar el fluido informativo con la finalidad de ensancharlo y enriquecerlo, lo que puede lograrse con apuntes, confirmaciones, matices, repreguntas, peticiones de aclaración, solicitud de ejemplos, anécdotas compartidas…