La falsedad informativa siempre nos ha acompañado
Siempre ha existido la información falsa. En conflictos bélicos o en la pugna diplomática entre estados enfrentados se han puesto en marcha, a lo largo de la historia, numerosas campañas basadas en la intoxicación informativa del adversario o de poblaciones concernidas por los acontecimientos. La mentira se ha utilizado en ambientes políticos pero también sociales para medrar, defenestrar, hacer prevalecer a algunos o pisar cuellos a fin de escalar posiciones. La falsedad ha servido a unos para defenderse ante acusaciones bien fundadas y a otros para derrotar a congéneres propagando infundios y calumnias. Los regímenes totalitarios, en sus iniciativas de propaganda, han dado pábulo con profusión a todo tipo de ideas carentes de veracidad pero útiles para dominar a las masas. Las democracias en momentos de crisis o paranoia han exagerado amenazas e inculcado miedos infundados para limpiar el panorama de adversarios políticos. Y muchos cenáculos de poder han creado cortinas de humo para disfrazar realidades y desviar atenciones.
No es nuevo el recurso a la falsedad informativa, pero acertaríamos al afirmar que en los tiempos actuales esas prácticas generalmente ignominiosas han encontrado sus momentos de esplendor y viven su era más prodigiosa. Lo que antes necesitaba de enviados e infiltrados, de tabernas, mercados y pasillos, de voceros y falsos juglares, de cartelería inflamada, de bandos y comunicados, de mensajes a viva voz que primero fueron a pie de calle y luego telefónicos y radiofónicos, de crónicas y columnas tendenciosas en medios impresos…, ahora se aprovecha de las canalizaciones vertiginosas que nos está trayendo la tecnología avanzada. La información ya no se presenta y distribuye: se esparce, se disemina, se propaga y se viraliza.
No es que el bar o los mercados hayan perdido su función de foro de extensión de ideas (verdaderas o falsas), pero han sido los medios los que han perfeccionado la propagación de las informaciones corruptas: primero fue la prensa, luego la radio, después la televisión, y en la actualidad, los dispositivos móviles y la red.
Pero no estamos ante un producto único. Aunque ahora se hable más que nunca de noticias falsas —las famosas fake news—, no toda la información fraudulenta corresponde a la misma figura: las patrañas y los embustes pueden empaquetarse de modos muy diversos.
Si seleccionáramos de todo lo que podemos encontrar en medios de comunicación lo que contiene componentes anómalos, también deberíamos incluir en el inventario los trabajos que carecen del rigor mínimo exigible o que muestran enfoques, tratamientos y énfasis discutibles dirigidos a objetivos que distan mucho de pretender que el destinatario sea un individuo mejor informado. Cuando los defectos e insuficiencias son deliberadas y albergan intenciones espurias, o hay falsedad o hay adulteración.
Conviene diferenciar, por tanto, varias categorías dentro de esta práctica, la de falsificar o tergiversar la información, porque los modos de detectarla y de afrontarla no siempre podrán ser los mismos.
Tipos de información falsa o adulterada
La seta que aparece en esta foto es una amanita muscaria. Atractiva por sus colores, es el hongo típico de los cuentos infantiles de duendes y gnomos y de muchas leyendas locales. Ha sido muy reputada entre chamanes de regiones muy distantes del globo. Incluso parece apetitosa.
Esta vistosa sombrilla campestre, mordida o ingerida en pequeñas dosis, puede inducir a estados de alegría y levedad mental, que suelen derivar en efectos alucinógenos, visión deformada de formas y objetos y falsa sensación clarividente. Pero con una dosis mayor puede provocar daños hepáticos graves, coma y muerte.
Este llamativo hongo es todo un icono de lo que centra este post. Nos atrae, nos seduce, nos resulta entrañable, pero puede ser la perdición.
Intentando compendiar todo lo que presenta componentes tóxicos o perniciosos y puede promover que creamos lo que no es cierto, yo diferencio los siguientes 18 tipos de información falsa o adulterada. Las denominaciones citadas son de mi cosecha. Otros analistas pueden sentar una tipología diferente o bautizar los tipos con otras expresiones, pero creo que esta clasificación es suficientemente representativa para generar una clara y ajustada tipología.
- NOTICIAS FALSAS.
- BULOS.
- LEYENDAS URBANAS.
- INFORMACIÓN SESGADA.
- ENFOQUES SENSACIONALISTAS.
- TRATAMIENTOS POCO RIGUROSOS.
- RUMORES REALES O INVENTADOS.
- DATOS COCINADOS.
- GLOBOS SONDA.
- IDEAS, CITAS O MANIFESTACIONES ERRÓNEAMENTE ADJUDICADAS A AUTORES.
- DECLARACIONES SACADAS DE CONTEXTO
- REVELACIONES VACÍAS
- MENSAJES DE CUENTAS FALSAS O ANÓNIMAS
- PLAGIOS Y REFRITOS.
- SIMPLIFICACIONES, GENERALIZACIONES Y DESENFOQUES.
- INFORMACIÓN PATROCINADA
- PUBLICIDAD DISFRAZADA DE ANÁLISIS
- OPINIONES NEGATIVAS DE SUPUESTOS CLIENTES.
De los 18 citados:
- Los tipos 1, 2 y 4 conllevan claras intenciones de intoxicación, ya que basan de modo deliberado los mensajes en creaciones ficticias, ocultaciones de lo verdadero y formulaciones desconectadas de la realidad.
- El tipo 3 es una versión leve pero duradera del tipo 2. Puede nacer como bulo o como noticia falsa, pero por sus componentes sorprendentes y lúdicos suele ir cogiendo fuerza hasta convertirse en cultura popular.
- Los tipos 5 y 6 pueden responder a una falta de escrúpulos profesional y a una notoria escasez de deontología, pero también a propósitos más ladinos. No necesariamente estas prácticas implicarán que todo lo expresado sea falso, pero los contenidos contendrán medias verdades, desenfoques y enmascaramiento de aquellos elementos descriptivos o narrativos que resulten poco interesantes para avalar los postulados o fines buscados. La diferencia estriba en que el objetivo de lo sesgado suele ser ideológico y el fin del sensacionalismo acostumbra a ser más bien de orden económico.
- El tipo 7 implica que se dé como noticia casi segura lo que solo es un rumor no confirmado, o que se invente el propio rumor, y suele darse cuando hay periodistas que hartos de su sequía (faltos de fuentes) necesitan apuntarse algún tanto, o cuando conviene que se hable de algo temporalmente aunque no haya ocurrido nada que lo justifique.
- Los tipos 8 y 9 responden a fines tácticos, por lo que desconcertarán a los más avispados solo durante un momento inicial, pero pueden colarse como información veraz en la mente de destinatarios más crédulos o despistados.
- El tipo 10 puede ser solo la guinda de un pastel (un detalle en un cuerpo comunicativo mas extenso), y su presencia no tiene por qué invalidar un trabajo comunicativo, pero también puede transmitirse como idea separada de otras informaciones o discursos. Este proceder publicita y expande ideas y concepciones con el agravante de dejarlas asociadas a autores que nunca las sustentaron o pronunciaron. Puede tratarse de frases, decálogos, definiciones, expresiones… En su origen se producen con intenciones fraudulentas o por desidia documental, aunque luego puedan propagarse de modo inocente por quienes dan por buena la asociación creación/autor. Lo seguro es que crean impostura, quiebran el rigor y roban autorías.
- En el tipo 11 se da una operación de selección de textos o mensajes para que lo expuesto sugiera algo que no estaba en la intención de su autor. Esta práctica con material real suele producirse en el curso de campañas de descrédito, aunque pueda deberse también a falta de finura comunicativa o a métodos globales de sensacionalismo que no buscan provocar perjuicios a personas concretas.
- El tipo 12 es el que conlleva menor elaboración y suele darse solo en medios sociales y canales de mensajería, ya que son simples fragmentos atribuidos a roles no identificados, generalmente invenciones burdas, sin mayor información adicional. Son la expresión más cutre y menos efectiva de la falsificación informativa, pero a pesar de ello a veces funcionan.
- El tipo 13 supone toda una construcción falsa premeditada, ya que se arma un espacio a nombre de un personaje para propagar desde allí mensajes como si fueran de ese autor o se disparan infundios desde identidades ficticias no reveladas. Es una peligrosa práctica que entra ya en terreno delictivo, ya se trate de suplantación o de ocultación de identidad.
- El tipo 14 puede trasladar mensajes correctos, pero normalmente la falta de esfuerzo y el escaso nivel ético mostrado en la confección del producto suele dar como resultado informaciones de baja calidad, sin rigor, inexactas, incoherentes y, por ello, aunque muchas veces el resultado no responda a intenciones malévolas, difíciles de procesar y fuente de posteriores distorsiones.
- El tipo 15 es el único que deriva más de la negligencia que de la voluntariedad, y suele ser fruto de la actual tendencia a sacralizar lo breve, lo escueto, a veces incluso lo escuálido, vendido siempre como sintético aunque la información carezca de matices suficientes para crear reflexiones bien enfocadas. Pero también puede surgir de la tolerancia hacia lo inconcreto, lo ambiguo, lo heterogéneo y lo incoherente que suele producirse cuando impera la dejadez y la ley del mínimo esfuerzo o se opta por la adquisición de contenidos de muy bajo coste.
- Los tipos 16, 17 y 18 son material que puede ser promocional o buscar el perjuicio de la imagen de los competidores, disfrazado de información, opinión o análisis. Estos contenidos pueden incluir datos reales, pero también otros discutibles, y la selección y la exposición del contenido, que suele ser muy valorativo, solo busca la obtención de beneficios, dinerarios (ventas, operaciones…) o cualitativos (imagen, reputación, conocimiento en el mercado, impacto, neutralización de críticas, deterioro de la imagen de los competidores…).
Nada mejor que una descripción breve de cada tipo para marcar las diferencias.
1 — NOTICIAS FALSAS — Son sucesos o declaraciones inventadas que se presentan en medios de comunicación (clásicos o digitales), algunos de prestigio, otros más sectarios, pero todos consolidados en el mercado de la información. Pueden tener diferentes planteamientos y enfoques, pero su confección cuidadosa trata de asemejarlas a las noticias veraces. Tras su presentación en sociedad, se propagan a través de todo tipo de canales por avalistas tácitos de su veracidad (a sueldo o voluntarios), que reenvían el material sin comentarlo. Son, por tanto, mentiras que en un primer momento pretenden pasar por veraces por su cuidada vestimenta y la consolidación y prestigio de los medios en los que se lanzan.
Aunque no todo el mundo se las crea, a menudo se imponen durante uno o varios días como crónicas veraces, o sea, como verdades oficiales. Con el tiempo pueden mutar y convertirse en meros bulos. Su autoría es siempre deliberada, aunque sus creadores puedan usar como vía inicial de propagación a algún periodista o analista novato, poco riguroso o con necesidad urgente de marcarse un scoop.

2 — BULOS — Son noticias un tanto chocantes, que afectan de modo directo a alguna persona, institución, empresa o asociación y le adjudican una declaración, comportamiento o decisión que la deja en mal lugar. También pueden cebarse en grupos de personas con alguna característica común. Vienen a ser mitos de andar por casa con fecha de caducidad, generados por un interés bastardo o por simple diversión. La confección suele ser menos elaborada que en las noticias falsas —se basan en una foto, vídeo, documento o explicación escasa de datos, centrándose en una sola idea— y no se presentan en medios instituidos o de prestigio, sino en los de menor reputación, en sitios de campaña o a través de canales de mensajería y medios sociales. También pueden derivar de noticias falsas tras un tratamiento de simplificación.
Aunque son a menudo mentiras bastante chuscas o que denotan sin apenas disfraces su malévola intencionalidad, hallan destinatarios suficientes dispuestos a darles crédito. No suelen imponerse durante días como verdades oficiales, como las noticias falsas, pero pueden generar confusión general durante algunas horas y conseguir un eco más duradero en sectores propensos a creerse todo lo que oyen o leen. Aunque son productos apegados a la actualidad, en ocasiones resurgen de nuevo varios años después como si fueran informaciones recientes, presentadas sin fecha.
3 — LEYENDAS URBANAS — Son informaciones que a ciertos segmentos de la población o bien les permiten confirmar que detrás de un problema o amenaza que ya viene de lejos hay una explicación que denota la existencia de una conspiración o la acción de poderes ocultos, o bien les aclaran dudas o enigmas destapando causas o formulaciones inesperadas. A veces son ocurrentes y divertidas, lo que aumenta su potencial de propagación en la red, en medios sociales y por canales de mensajería, incluso cuando ya han sido del todo desmentidas o han perdido su crédito.
El origen puede estar en bulos o noticias falsas que han ido adquiriendo cierta espesura hasta conformar un relato vistoso que les permite exceder sus previsibles fechas de caducidad fijándose en el imaginario colectivo de modo permanente. Por supuesto, las leyendas urbanas pueden ser también… rurales.
4 — I
NFORMACIÓN SESGADA — Son versiones de los hechos acontecidos que se enfocan siempre de la manera que mejor ayuda a una causa ideológica, pretensión o proyecto. Para ello, se elimina la parte de la información que no interesa, se potencia la que sí apoya lo buscado y se transforman interpretaciones en verdades incuestionables para armar las tesis pretendidas.
Suelen propagarse por portavoces voluntarios que parecen al servicio de un cierto número de medios, agrupaciones o movimientos, aunque actúan a menudo como lobos solitarios (por simple vocación o afinidad ideológica). Al presentar algunos datos ciertos, consiguen cierta apariencia de veracidad.
5 — ENFOQUES SENSACIONALISTAS — Son presentaciones de los hechos producidos en los que se escoge y
potencia solo aquello que resulta más morboso con el fin de que protagonice una información atractiva con potencial adictivo. Se utiliza para ello una redacción enfática, cortante, sin matices, cepillada de los elementos que les darían rigor. Este proceder informativo suele denotar una falta absoluta de escrúpulos ante el riesgo de que lo comunicado cause a personas daños morales o escarnio sin que lo merezcan.
Se trata de uno de los dos tipos de información adulterada que responde como ningún otro tipo a la máxima «no dejes que la realidad te arruine un buen titular», pero es un estilo que también se manifiesta en ocasiones en los cuerpos de las noticias o en mesas de debate escasas de escrúpulos.
6 — TRATAMIENTOS POCO RIGUROSOS — Sin llegar al sensacionalismo o amarillismo, este tipo de adulteración informativa se da cuando la presentación y desarrollo de una noticia no corresponde en su esencia a lo que el periodista, comunicador o emisor del mensaje tiene fundamentado. Se da, por ejemplo, cuando solo existe una declaración de alguien que acusa a otra persona, y se presenta lo que este dice como si hubiera ocurrido en la realidad, cuando se da por probado lo que solo es una sospecha o cuando se confunde información con opinión en un grado que excede la respetable visión subjetiva propia de un observador con vocación de imparcialidad. Es el otro tipo de tratamiento que deriva de priorizar el enfoque que dé un titular con gancho y morbo por encima de lo que se desprendería de una valoración racional de la base informativa.
Como diferencia de las prácticas sensacionalistas, conviene destacar que estos tratamientos pueden ser más discretos y, por tanto, manipular a más lectores, espectadores y audiencias, pero también que cabe que se produzcan también por simple falta de pericia o rigor profesional.
7 — RUMORES REALES O INVENTADOS — Puede haber noticias basadas en rumores en la que su autor confirme su acierto al cabo de unos días, pero si se sustentaron en bases endebles o inexistentes, su propia presentación habrá sido falsaria. Ni que decir tiene que si no se confirman, su práctica habrá demostrado su potencial pernicioso, que en ocasiones puede tener graves consecuencias en la integridad, la imagen y la reputación de personas e instituciones.
En general, esta práctica la llevan a cabo quienes prefieren presentar como información de sus supuestas fuentes —algo que da más prestigio profesional— lo que no es sino un análisis o una opinión (porque no disponen de esos conductos de información), o en situaciones en las que hay pocas opciones de resultado (dualidades) y el informador se la juega con tanto riesgo de acierto como de error.
8 — DATOS COCINADOS — Son aportaciones derivadas de fórmulas de cómputo o de reglas de estimación que se presentan como objetivas (reales o bien fundamentadas), pero en las que el enfoque se estira o el criterio se fuerza para que el resultado obtenido no se aleje en exceso del que interesaría a quien encarga el trabajo.
Los sondeos demoscópicos son el ejemplo más notorio, pero también puede darse esta adulteración en la explicación comparativa del éxito o fracaso de unos resultados electorales (según con qué se comparen) o en la fundamentación de las consecuencias cualitativas o cuantitativas de una acción en aquellas causas o variables que más interesa destacar.
9 — GLOBOS SONDA — Son lanzamientos de propuestas o proyectos que se hacen desde instituciones con potestad normativa o poder de iniciativa reguladora para crear debate (en los supuestos más inofensivos) o generar críticas desaforadas que luego quedarán diluidas cuando la acción llevada a efecto se modere respecto de lo anunciado. El fin consiste, por tanto, en colar iniciativas polémicas presentándolas como intenciones extremas. También pueden servir para ir macerando a la opinión pública ante futuras medidas impopulares, repartiendo el mismo impacto en más días, o dar tiempo a que tenga efecto alguna campaña de atenuación a modo de antídoto anticipado (declaraciones, debates, tertulias…)..
Tienen su vía preferida en los medios instituidos, que no dan importancia de inicio a su naturaleza de tanteo aunque la detecten. Durante unos días, estas formulaciones de sondeo o exageradas suelen convertirse en noticias presentadas como hechos consumados y verdades definitivas, ya que los matices restarían gancho a la comunicación de ciertos medio. Existe también una variante, las amenazas de máximos, que son las que quienes deben afrontar negociaciones lanzan antes de las citas o encuentros con el fin de marcar puntos de partida extremos previos al inicio de esos proceso que previsiblemente exigirán cesiones.
10 — IDEAS, CITAS O MANIFESTACIONES ERRÓNEAMENTE ADJUDICADAS A AUTORES — Son una variante de los bulos basada en frases, citas, declaraciones, manifestaciones, instrucciones, criterios, principios, reglas, recomendaciones… que se adjudican a determinados personajes actuales o históricos sin que haya ninguna prueba de que fueron producto de su mente. Puede tratarse de contenidos que sí se concibieron y expresaron en algún momento por alguien, estando mal adjudicada su autoría, pero a menudo tanto la indicación del autor como la propia creación intelectual son meras invenciones.
Eso sí, como se trata de formulaciones que hacen fortuna y se esparcen con facilidad hasta invadir millones de espacios de contenido informativo, sucede que muchos propagadores sucesivos las diseminan de manera inocente, convencidos de que son ideas y autorías correctas, al consultar fuentes de la red sin mayor contraste. A veces solo generan incultura, pero en ocasiones alimentan infundios. Y pueden generar leyendas urbanas.
11 — DECLARACIONES SACADAS DE CONTEXTO — Se construyen con extractos de declaraciones no ficticias, pero que se aíslan del resto del comunicado o exposición de ideas efectuado por el autor para que lo transmitido por este adquiera una connotación que no tenía. Son modos muy efectivos de desprestigiar a personas con proyección púbica ante electorados, seguidores, analistas…, al basarse en frases que han sido efectivamente pronunciadas.
Dentro del contexto hurtado, además del resto del discurso, hay que incluir los tonos escogidos, las figuras retóricas utilizadas, los condicionantes de entorno (escenario, ambiente, personas presentes en el momento, formato del acto…), los mensajes y posiciones precedentes de quien realiza la comunicación…
12 — REVELACIONES VACÍAS — Alguien publica en un medio social, para su red, un fragmento de algo que alguien, no se sabe quién, dijo o escribió, no se sabe cuándo ni dónde, pero se le identifica de modo genérico como un político de derechas, o de izquierdas, o de un partido concreto, o como un cargo de un organismo o institución nacional o internacional, o como un empresario, un artista, un reclutador laboral, un directivo o ejecutivo…
Podrían parecer intentos destinados al fracaso, porque nadie puede dar crédito a una información tan escasa que grita que es una mera invención, pero suelen suscitar debates de bajo nivel entre los seguidores más acérrimos del emisor, su clac dispuesta siempre a creer lo que le echen y atizar al enemigo (el capitalismo, los mercados, el comunismo, la derecha, la izquierda, los empresarios, los poderes fácticos, la patronal, los partidos, los sindicatos, el Gobierno, la monarquía, los jefes de personal, las mujeres, los hombres, los inmigrantes, los rusos, los americanos…). Lo peor de todo es que, a pesar de su nula credibilidad, al final son disparados por las redes de segundo y tercer nivel, llenas de más ociosos dispuestos a proseguir la propagación.
13 — MENSAJES DE CUENTAS FALSAS O ANÓNIMAS — Se crea un espacio en medios sociales, un blog, un canal de vídeo, un avatar comentarista habitual en foros… que se identifica con el nombre y apellidos de una persona de proyección pública y a continuación se insertan allí mensajes polémicos que le puedan perjudicar al aparecer como suyos. También puede utilizarse esa cuenta falsa para que alguien conocido dispare sus infundios o calumnias protegido por una denominación ficticia.
Aunque son prácticas fraudulentas que los implicados suelen denunciar rápido, la utilidad buscada es provocar el reenvío inmediato de esos mensajes o conversaciones, o de capturas de pantalla que los muestren, para que cobren vida propia en las redes. En cierto modo, son cañones de bulos personalizados o de munición sin origen claro que basan su poder en la asociación al personaje denigrado del rol de emisor de basura o en la impunidad del anonimato. Aunque raramente son operativas durante mucho tiempo, estas cuentas pueden producir efectos muy duraderos.
14 — PLAGIOS Y REFRITOS — Son contenidos informativos confeccionados con escaso método, poco tiempo y absoluta falta de deontología profesional, aunque a menudo puedan venir provocados por encargos a los autores efectuados en condiciones misérrimas. Elaborados con trozos de material ajeno, a veces con ligeros retoques y otras directamente insertados sin modificaciones, no suelen dar como resultado una aportación informativa que responda a los mínimos de calidad exigidos incluso en productos de factura modesta.
Por su modo de producción, además del desaliño en la presentación, con frecuencia incluyen afirmaciones erróneas, equívocas, sesgadas o parciales. No son, en general, material con intenciones fraudulentas en lo comunicativo —pueden serlo en la violación de licencias—, pero es probable que incluyan informaciones carentes de rigor e incluso pueden deslizar falsedades si las había en los textos de origen.
15 — SIMPLIFICACIONES Y GENERALIZACIONES Y DESENFOQUES — En este caso ya no se trata de informaciones falsas, inventadas, distorsionadas o con enfoques discutibles, sino que es la falta de matices la que provoca su potencial tóxico (aunque no sea en dosis letales). Divisiones de personas en dos grupos, consideraciones de ideas en lote, opciones duales en asuntos que ofrecen múltiples opciones, maniqueísmo, explicaciones que no concretan, definiciones que pueden entenderse de varias maneras, noticias que eluden preguntas obvias porque no se plantearon en los primeros mensajes de agencia, cambios de ángulo de visión de noticias para explotar enfoques más rentables, diversas versiones de lo mismo parcialmente contradictorias para distintos destinatarios…
Generalmente, este material deficiente no protagoniza completas las informaciones, sino que las estropea por privar a estas de componentes explicativos necesarios, tonos, grados, alternativas, exposiciones de dudas… o por hurtar parte de la información por priorizar otra. Son productos que se hallan en la frontera de lo que ya no sería información adulterada, pero la insuficiencia comunicativa que provocan, por desidia, falta de diligencia u oportunismo, puede ser la simiente de posteriores bulos o de enfoques poco rigurosos o sensacionalistas. Y en ocasiones se combinan con la práctica anterior.
16 — INFORMACIÓN PATROCINADA — En muchos medios aparece información patrocinada (a veces se confiesa y otras no) y también escritos que tienen toda la pinta de estar promovidos por lobbies para dar a conocer productos y servicios y fomentar su buena prensa (altos beneficios, bajos riesgos), avalar medidas políticas o económicas o mejorar la imagen y reputación de personajes. Sería exagerado decir que estas aportaciones son siempre falsedades, ya que en ocasiones son más bien enfoques positivos forzados, y puede haber algunos realizados con honestidad, pero es conveniente identificarlas para darles el valor relativo que tienen, dado su carácter de promoción y publicidad disfrazadas de opinión o análisis y el riesgo de que en algunos casos sean simplemente invenciones aderezadas con falsos argumentos objetivos o técnicos.
Como variante, puede haber también escritos de similar intención, pero no impulsados por el beneficiado, sino concebidos unilateralmente por el autor para ganar puntos ante este (algún personaje, empresa, grupo…) o premiarle por algúna concesión, o bien pactados (como el caso de los testimoniales de clientes, los avales y recomendaciones profesionales, las coartadas…).
17 — PUBLICIDAD DISFRAZADA DE ANÁLISIS — En los medios abundan los análisis presuntamente objetivos —se supone que apoyados en criterios técnicos tamizados por el punto de vista subjetivo del analista— que no son sino un material utilizado para colar frases de promoción de marcas, productos y servicios y llamadas a la contratación (mediante el ofrecimiento de descuentos, precios especiales con cupones y otras promociones).
Se trata de acciones de marketing y de estrategias de afiliados que, aunque poco recomendables, algunos consideran legítimas —no es mi caso—, pero conviene detectarlas porque los análisis ofrecidos, pergeñados con mayor o menor habilidad, no ofrecen ninguna credibilidad.
18 — OPINIONES NEGATIVAS DE SUPUESTOS CLIENTES — Son inserciones valorativas que aparecen en los sitios web de empresas o, lo que es mucho más habitual, en los de portales comparativos (con espacio para transacciones o no) cuando dan opción al consumidor para que opine sobre los productos adquiridos o los servicios recibidos. El sector más habitual para este tipo de comentarios es el de la hostelería (restaurantes y hoteles), pero también puede darse en sitios web de comercios y marcas de tecnología, entre otros. Junto a comentarios laudatorios y a otros en mayor o menor medida críticos, se pueden encontrar aportaciones que claramente buscan denostar al establecimiento.
Es cierto que algunos de estos últimos puedan reflejar experiencias reales valoradas negativamente, expresadas con un estilo poco elegante e incluso soez e insultante, pero en muchos otros la intencionalidad oculta detrás de los comentarios resultará palmaria: perjudicar a una empresa competidora.
No he incluido una categoría con la denominación PROPAGANDA porque esta no es sino una línea de publicidad positiva (hacia el emisor) o negativa (hacia adversarios) que puede alimentarse con manipulaciones y ligerezas de diverso tipo —información sesgada, tratamientos poco rigurosos, publicidad disfrazada de análisis, desenfoques, simplificaciones, vaciedad, sensacionalismo…—, cuando no con malos usos retóricos idóneos para la agitación.
Para completar esta entrada es preciso poner algunos ejemplos y realizar algunas puntualizaciones, pero incluyo esta parte en el siguiente post para no alargar más este.