Tipos de información falsa o adulterada

La falsedad informativa siempre nos ha acompañado

Siempre ha existido la información falsa. En conflictos bélicos o en la pugna diplomática entre estados enfrentados se han puesto en marcha, a lo largo de la historia, numerosas campañas basadas en la intoxicación informativa del adversario o de poblaciones concernidas por los acontecimientos. La mentira se ha utilizado en ambientes políticos pero también sociales para medrar, defenestrar, hacer prevalecer a algunos o pisar cuellos a fin de escalar posiciones. La falsedad ha servido a unos para defenderse ante acusaciones bien fundadas y a otros para derrotar a congéneres propagando infundios y calumnias. Los regímenes totalitarios, en sus iniciativas de propaganda, han dado pábulo con profusión a todo tipo de ideas carentes de veracidad pero útiles para dominar a las masas. Las democracias en momentos de crisis o paranoia han exagerado amenazas e inculcado miedos infundados para limpiar el panorama de adversarios políticos. Y muchos cenáculos de poder han creado cortinas de humo para disfrazar realidades y desviar atenciones.

No es nuevo el recurso a la falsedad informativa, pero acertaríamos al afirmar que en los tiempos actuales esas prácticas generalmente ignominiosas han encontrado sus momentos de esplendor y viven su era más prodigiosa. Lo que antes necesitaba de enviados e infiltrados, de tabernas, mercados y pasillos, de voceros y falsos juglares, de cartelería inflamada, de bandos y comunicados, de mensajes a viva voz que primero fueron a pie de calle y luego telefónicos y radiofónicos, de crónicas y columnas tendenciosas en medios impresos…, ahora se aprovecha de las canalizaciones vertiginosas que nos está trayendo la tecnología avanzada. La información ya no se presenta y distribuye: se esparce, se disemina, se propaga y se viraliza.

No es que el bar o los mercados hayan perdido su función de foro de extensión de ideas (verdaderas o falsas), pero han sido los medios los que han perfeccionado la propagación de las informaciones corruptas: primero fue la prensa, luego la radio, después la televisión, y en la actualidad, los dispositivos móviles y la red.

Pero no estamos ante un producto único. Aunque ahora se hable más que nunca de noticias falsas —las famosas fake news—, no toda la información fraudulenta corresponde a la misma figura: las patrañas y los embustes pueden empaquetarse de modos muy diversos.

Si seleccionáramos de todo lo que podemos encontrar en medios de comunicación lo que contiene componentes anómalos, también deberíamos incluir en el inventario los trabajos que carecen del rigor mínimo exigible o que muestran enfoques, tratamientos y énfasis discutibles dirigidos a objetivos que distan mucho de pretender que el destinatario sea un individuo mejor informado. Cuando los defectos e insuficiencias son deliberadas y albergan intenciones espurias, o hay falsedad o hay adulteración.

Conviene diferenciar, por tanto, varias categorías dentro de esta práctica, la de falsificar o tergiversar la información, porque los modos de detectarla y de afrontarla no siempre podrán ser los mismos.

Tipos de información falsa o adulterada

La seta que aparece en esta foto es una amanita muscaria. Atractiva por sus colores, es el hongo típico de los cuentos infantiles de duendes y gnomos y de muchas leyendas locales. Ha sido muy reputada entre chamanes de regiones muy distantes del globo. Incluso parece apetitosa.

Esta vistosa sombrilla campestre, mordida o ingerida en pequeñas dosis, puede inducir a estados de alegría y levedad mental, que suelen derivar en efectos alucinógenos, visión deformada de formas y objetos y falsa sensación clarividente. Pero con una dosis mayor puede provocar daños hepáticos graves, coma y muerte.

Este llamativo hongo es todo un icono de lo que centra este post. Nos atrae, nos seduce, nos resulta entrañable, pero puede ser la perdición.

Intentando compendiar todo lo que presenta componentes tóxicos o perniciosos y puede promover que creamos lo que no es cierto, yo diferencio los siguientes 18 tipos de información falsa o adulterada. Las denominaciones citadas son de mi cosecha. Otros analistas pueden sentar una tipología diferente o bautizar los tipos con otras expresiones, pero creo que esta clasificación es suficientemente representativa para generar una clara y ajustada tipología.

  1. NOTICIAS FALSAS.
  2. BULOS.
  3. LEYENDAS URBANAS.
  4. INFORMACIÓN SESGADA.
  5. ENFOQUES SENSACIONALISTAS.
  6. TRATAMIENTOS POCO RIGUROSOS.
  7. RUMORES REALES O INVENTADOS.
  8. DATOS COCINADOS.
  9. GLOBOS SONDA.
  10. IDEAS, CITAS O MANIFESTACIONES ERRÓNEAMENTE ADJUDICADAS A AUTORES.
  11. DECLARACIONES SACADAS DE CONTEXTO
  12. REVELACIONES VACÍAS
  13. MENSAJES DE CUENTAS FALSAS O ANÓNIMAS
  14. PLAGIOS Y REFRITOS.
  15. SIMPLIFICACIONES, GENERALIZACIONES Y DESENFOQUES.
  16. INFORMACIÓN PATROCINADA
  17. PUBLICIDAD DISFRAZADA DE ANÁLISIS
  18. OPINIONES NEGATIVAS DE SUPUESTOS CLIENTES.

De los 18 citados:

  • Los tipos 1, 2 y 4 conllevan claras intenciones de intoxicación, ya que basan de modo deliberado los mensajes en creaciones ficticias, ocultaciones de lo verdadero y formulaciones desconectadas de la realidad.
  • El tipo 3 es una versión leve pero duradera del tipo 2. Puede nacer como bulo o como noticia falsa, pero por sus componentes sorprendentes y lúdicos suele ir cogiendo fuerza hasta convertirse en cultura popular.
  • Los tipos 5 y 6 pueden responder a una falta de escrúpulos profesional y a una notoria escasez de deontología, pero también a propósitos más ladinos. No necesariamente estas prácticas implicarán que todo lo expresado sea falso, pero los contenidos contendrán medias verdades, desenfoques y enmascaramiento de aquellos elementos descriptivos o narrativos que resulten poco interesantes para avalar los postulados o fines buscados. La diferencia estriba en que el objetivo de lo sesgado suele ser ideológico y el fin del sensacionalismo acostumbra a ser más bien de orden económico.
  • El tipo 7 implica que se dé como noticia casi segura lo que solo es un rumor no confirmado, o que se invente el propio rumor, y suele darse cuando hay periodistas que hartos de su sequía (faltos de fuentes) necesitan apuntarse algún tanto, o cuando conviene que se hable de algo temporalmente aunque no haya ocurrido nada que lo justifique.
  • Los tipos 8 y 9 responden a fines tácticos, por lo que desconcertarán a los más avispados solo durante un momento inicial, pero pueden colarse como información veraz en la mente de destinatarios más crédulos o despistados.
  • El tipo 10 puede ser solo la guinda de un pastel (un detalle en un cuerpo comunicativo mas extenso), y su presencia no tiene por qué invalidar un trabajo comunicativo, pero también puede transmitirse como idea separada de otras informaciones o discursos. Este proceder publicita y expande ideas y concepciones con el agravante de dejarlas asociadas a autores que nunca las sustentaron o pronunciaron. Puede tratarse de frases, decálogos, definiciones, expresiones… En su origen se producen con intenciones fraudulentas o por desidia documental, aunque luego puedan propagarse de modo inocente por quienes dan por buena la asociación creación/autor. Lo seguro es que crean impostura, quiebran el rigor y roban autorías.
  • En el tipo 11 se da una operación de selección de textos o mensajes para que lo expuesto sugiera algo que no estaba en la intención de su autor. Esta práctica con material real suele producirse en el curso de campañas de descrédito, aunque pueda deberse también a falta de finura comunicativa o a métodos globales de sensacionalismo que no buscan provocar perjuicios a personas concretas.
  • El tipo 12 es el que conlleva menor elaboración y suele darse solo en medios sociales y canales de mensajería, ya que son simples fragmentos atribuidos a roles no identificados, generalmente invenciones burdas, sin mayor información adicional. Son la expresión más cutre y menos efectiva de la falsificación informativa, pero a pesar de ello a veces funcionan.
  • El tipo 13 supone toda una construcción falsa premeditada, ya que se arma un espacio a nombre de un personaje para propagar desde allí mensajes como si fueran de ese autor o se disparan infundios desde identidades ficticias no reveladas. Es una peligrosa práctica que entra ya en terreno delictivo, ya se trate de suplantación o de ocultación de identidad.
  • El tipo 14 puede trasladar mensajes correctos, pero normalmente la falta de esfuerzo y el escaso nivel ético mostrado en la confección del producto suele dar como resultado informaciones de baja calidad, sin rigor, inexactas, incoherentes y, por ello, aunque muchas veces el resultado no responda a intenciones malévolas, difíciles de procesar y fuente de posteriores distorsiones.
  • El tipo 15 es el único que deriva más de la negligencia que de la voluntariedad, y suele ser fruto de la actual tendencia a sacralizar lo breve, lo escueto, a veces incluso lo escuálido, vendido siempre como sintético aunque la información carezca de matices suficientes para crear reflexiones bien enfocadas. Pero también puede surgir de la tolerancia hacia lo inconcreto, lo ambiguo, lo heterogéneo y lo incoherente que suele producirse cuando impera la dejadez y la ley del mínimo esfuerzo o se opta por la adquisición de contenidos de muy bajo coste.
  • Los tipos 16, 17 y 18 son material que puede ser promocional o buscar el perjuicio de la imagen de los competidores, disfrazado de información, opinión o análisis. Estos contenidos pueden incluir datos reales, pero también otros discutibles, y la selección y la exposición del contenido, que suele ser muy valorativo, solo busca la obtención de beneficios, dinerarios (ventas, operaciones…) o cualitativos (imagen, reputación, conocimiento en el mercado, impacto, neutralización de críticas, deterioro de la imagen de los competidores…).

Nada mejor que una descripción breve de cada tipo para marcar las diferencias.


1 — NOTICIAS FALSAS — Son sucesos o declaraciones inventadas que se presentan en medios de comunicación (clásicos o digitales), algunos de prestigio, otros más sectarios, pero todos consolidados en el mercado de la información. Pueden tener diferentes planteamientos y enfoques, pero su confección cuidadosa trata de asemejarlas a las noticias veraces. Tras su presentación en sociedad, se propagan a través de todo tipo de canales por avalistas tácitos de su veracidad (a sueldo o voluntarios), que reenvían el material sin comentarlo. Son, por tanto, mentiras que en un primer momento pretenden pasar por veraces por su cuidada vestimenta y la consolidación y prestigio de los medios en los que se lanzan.

Aunque no todo el mundo se las crea, a menudo se imponen durante uno o varios días como crónicas veraces, o sea, como verdades oficiales. Con el tiempo pueden mutar y convertirse en meros bulos. Su autoría es siempre deliberada, aunque sus creadores puedan usar como vía inicial de propagación a algún periodista o analista novato, poco riguroso o con necesidad urgente de marcarse un scoop.


2 — BULOS — Son noticias un tanto chocantes, que afectan de modo directo a alguna persona, institución, empresa o asociación y le adjudican una declaración, comportamiento o decisión que la deja en mal lugar. También pueden cebarse en grupos de personas con alguna característica común. Vienen a ser mitos de andar por casa con fecha de caducidad, generados por un interés bastardo o por simple diversión. La confección suele ser menos elaborada que en las noticias falsas —se basan en una foto, vídeo, documento o explicación escasa de datos, centrándose en una sola idea— y no se presentan en medios instituidos o de prestigio, sino en los de menor reputación, en sitios de campaña o a través de canales de mensajería y medios sociales. También pueden derivar de noticias falsas tras un tratamiento de simplificación.

Aunque son a menudo mentiras bastante chuscas o que denotan sin apenas disfraces su malévola intencionalidad, hallan destinatarios suficientes dispuestos a darles crédito. No suelen imponerse durante días como verdades oficiales, como las noticias falsas, pero pueden generar confusión general durante algunas horas y conseguir un eco más duradero en sectores propensos a creerse todo lo que oyen o leen. Aunque son productos apegados a la actualidad, en ocasiones resurgen de nuevo varios años después como si fueran informaciones recientes, presentadas sin fecha.


3 — L