Entre la chapuza —el socorrido todo vale de los entregados a la desidia creativa— y el perfeccionismo —la mejora indefinida que alegan los creadores inseguros para evitar exponer el producto— existe un largo trecho en cuya primera mitad de recorrido no conviene quedarse a vivir y en cuyo terreno final conviene no entrar.
Cuando se elabora un contenido textual, como sucede en los proyectos de creación de muchos tipos de productos (técnicos, visuales, artísticos, de ingeniería…), pasamos de la intención al resultado final ejecutando diversas fases: decantado de ideas, prediseño, diseño, elaboración de una primera versión, controles y revisiones, acabados, pruebas, ajustes de presentación…
De hecho, podríamos decir que todas las fases de avance de un producto o contenido se componen de dos actuaciones: la acción y su revisión.
Una tormenta de ideas evita las críticas para dar rienda suelta a la imaginación, sin inhibiciones, pero inmediatamente se filtran los resultados para que quede lo potencialmente útil. En el prediseño se ensayan formas distintas, enfoques diferentes y tratamientos diversos, y se reducen mediante una propuesta única que se erigirá como diseño inicial (aunque pueda modificarse sobre la marcha) o, en ocasiones, como conjunto de alternativas. La elaboración o ejecución de lo planeado se incardinará con controles y revisiones de los avances para que el terreno se recorra enfilando un rumbo adecuado. Puede haber versiones diferentes tras sucesivos chequeos y mejoras, y ello nos llevará a una versión final que estará preparada para salir al mercado o asumir la función que corresponda, a falta solo de los últimos peinados, retoques y maquillajes. Y quizá sea preciso realizar pruebas de funcionamiento antes de dar el banderazo final al proyecto que luego inicie la otra carrera, la que realmente importa: la puesta a disposición del producto para quien lo vaya a explotar, exhibir o utilizar.
Los chequeos y revisiones son así una constante en cualquier proyecto que incluya la elaboración de un producto o la configuración de un servicio, ya que deberán combinarse varios componentes para dar sentido y utilidad a la prestación.
La escritura, o mejor dicho, la composición de un contenido escrito (que es más amplia, porque puede combinarse el texto propiamente dicho —la letra—con gráficos, enlaces, iconos, imágenes y fotografías) no se diferencia de este esquema factual.
Se revisa cuando se maquina el escrito, cuando se planea y diseña, mientras se elabora, al acabarlo y ajustarlo, al hacer pruebas… Y, puesto en funcionamiento o en su etapa de explotación o exhibición, en ocasiones quedará a la vista de nuevas miradas críticas que en el futuro puedan facilitar su mejora o puesta al día.
Pero no todas las revisiones de un texto son iguales ni responden a los mismos criterios. En eso me he fijado aquí: en los tipos de revisiones.
Contenido de las revisiones
Como decía, se elabora y se revisa, y tras la revisión, se reelabora y de nuevo se revisa. Esa es la cinta continua que solo se interrumpirá cuando se dé el visto bueno final al material.
El proceso de acción/revisión puede ejecutarse durante un plazo muy corto o alargarse durante semanas, o meses, o incluso años (en proyectos técnicos complejos o iniciativas creativas personales sin fecha de entrega), pero la mayor o menor duración de la actividad no cambiará nada: se crea, se mira, se mejora, se crea, se mira, se mejora…
Centrándonos solo en la revisión, hay que deslindar dos modos diferentes de empezarla y una posible consecuencia de ambas (de la que solo se prescindirá cuando en un encargo solo exista un objetivo de conocimiento e indagación, quedando aplazada la ejecución de medidas correctoras o de mejora.
- CHEQUEO — Una lectura del texto permite detectar errores e identificar puntos de mejora o desarrollo. Puede realizarse a partir de una lista de ítems cuya inserción o consideración deberá comprobarse o de criterios cuya aplicación sw habrá de confirmar (lo que se suele llamar check list), pero también puede tener como referente el amplio número de principios, criterios y reglas que quien somete el material a comprobación maneja en general para sus revisiones. El chequeo es válido para cualquier tipo de corrección y mejora.
- ANÁLISIS — La lectura del texto se realiza en este caso con esmero a fin de deconstruir el material e identificar sus partes. Es necesario cuando se quiere estudiar y valorar la estructura de un contenido y también para confirmar que este contiene todos los elementos requeridos para su función y que estos se ubican donde corresponde y son idóneos para desplegar los efectos previstos.
- MODIFICACIÓN — De la lectura de un escrito (o producto resultante de un proyecto en el que la base fue la comunicación escrita) y de su chequeo o análisis derivan unas conclusiones que se aprovecharán para hacer aquellos cambios que resulten precisos a fin de solucionar los errores detectados, aprovechar las oportunidades de mejora, sanear la estructura del material y asegurar la presencia de todos los componentes requeridos en ese contenido y sus conexiones internas.
Pues bien: una REVISIÓN se dará cuando la actuación englobe tanto un CHEQUEO o ANÁLISIS como, en mayor o menor medida, la realización de MODIFICACIONES. Pueden diferenciarse así cinco tipos globales de revisiones en función de la variación que experimentará el material:
- CORRECCIÓN — Supone solucionar los pequeños errores concretos encontrados, sin que las modificaciones afecten a otras partes del texto. Habitualmente se solventan errores o insuficiencias gramaticales, de tipografía, de estilo, de cálculo, en la mención de datos…
- MEJORA — Este tipo de acción incluye modificaciones de muy diverso tipo, destinadas a dar al contenido la calidad requerida en cuanto a rigor técnico, ajuste a fuentes, claridad, amenidad, tono adecuado, nivel de profundidad, adecuación a los destinatarios…
- ACTUALIZACIÓN — Este tipo de modificación es muy específico: implica poner de nuevo un material en uso adaptándolo a novedades legislativas o jurisprudenciales, datos estadísticos más recientes, nuevos usos y criterios en los sectores y actividades, doctrinas consolidadas en los últimos años, principios rectores en el ámbito del que se trate, cambios tecnológicos, costumbres y tendencias…
- REMODELACIÓN — Podemos hablar de esta actuación cuando el conjunto de los cambios de mejora necesarios supondrán dar un vuelco al estado actual del escrito (o versión actual de este), al modificarse muchos aspectos importantes: explicaciones, gráficos, ilustraciones, ejemplos, tonos, enfoques, estructuras, titulación, formatos de presentación de texto…
- TRANSFORMACIÓN — Para algunos contenidos se precisa una adaptación del lenguaje o de datos a determinados ámbitos de actividad, territorios, tipos de destinatarios, colectivos, momentos, normativas…
Conviene puntualizar que en ocasiones se precisa una MEJORA completa de un texto ya existente o de un texto en curso al margen de su autor inicial: en tal caso, se podría hablar de una REVISIÓN general, que englobará siempre la corrección, a veces la actualización e incluso en ocasiones puede derivar en una remodelación
Pero aquí voy a obviar las actualizaciones, remodelaciones y transformaciones, así como las revisiones a posteriori, porque suponen modificaciones realizadas sobre escritos ya acabados y utilizados, exhibidos o explotados (o respecto de los cuales se reinicia una fase de elaboración en curso). En lo que centro este post es en las revisiones que se realizan al elaborar por primera vez un texto (mientras este se construye), que son las que incluyen:
CHEQUEOS o ANÁLISIS + CORRECCIONES y MEJORAS
No obstante, también puede haber remodelaciones de contenidos no acabados, cuando quien debe dar el beneplácito a una versión final la veta o cuestiona y solicita que se realicen cambios drásticos en el material.
Tipos de revisión de un texto
Diferencio aquí 15, en función de lo que se chequea y modifica o del criterio con el que se examina y mejora. Quede claro que aquí, al hablar de revisión, siempre me estoy refiriendo a chequeos o análisis unidos a modificaciones de de corrección o mejora general del material.
| Revisión de estructuras, sumarios o tablas de contenido | Revisión gramatical, ortotipográfica y de estilo |
| Revisiones durante la redacción de versiones | Revisión de calidad léxica |
| Primera lectura de una versión completa | Revisión de términos repetitivos |
| Revisión estructural | Revisión de impacto |
| Revisión técnica | Revisión de acabado |
| Revisión de ajuste y cotejo | Revisiones para edición |
| Revisión funcional | Revisión de un texto editado |
| Revisión de usuario |
Revisión de estructuras, sumarios o tablas de contenidos
Los escritos, sean cuales sean sus fines, se sustentan en una distribución ordenada de ideas y conceptos. Da igual que se trate de un texto literario, de una norma jurídica, de una obra técnica o divulgativa, de un discurso o de un guión de cine. Lo que se quiere reflejar debe hacerse en un orden que facilite la comprensión y la conexión de ideas.
Por ejemplo:
- En la labor de elaboración de un contenido escrito, se partirá de un esbozo estructural que no será ni mucho menos definitivo pero que deberá nacer sano y resultar adecuado para ir conformando los primeros avances.
- Si se trata de la estructura de un guión, podrá montarse por escenas, aunque se consideren también como elementos los planos —aunque solo se insinúen o sugieran de momento ideas de planificación en la redacción que no han de condicionar al director — y las secuencias, que englobarán planos y escenas en una unidad narrativa, de acción o espacial.
Revisar una tabla de contenidos, un sumario o un esbozo de estructura resulta necesario para que el autor no se entregue de inicio a la improvisación: supone un primer roturado del terreno y hay que comprobar, teniendo en cuenta los documentos, fuentes o contenidos que nutrirán el texto, que es una buena hoja de ruta que justifica la puesta en marcha definitiva del proyecto.
Revisiones durante la redacción de versiones
Durante la redacción el autor revisa continuamente. No se puede caracterizar este tipo de revisión como si fuera una especializada, ya que se une de modo indisoluble a la propia labor de escritura. Mientras el autor redacta, realiza comprobaciones gramaticales, técnicas, de funcionalidad, de ajuste a las fuentes…
Escribir sin revisar es prácticamente imposible: incluso en microproductos comunicativos como las postales de viaje, la mensajería de móvil, el correo electrónico o las notas a mano dejadas en mesas o pinchadas en corchos se revisa y se corrige antes de aceptar el resultado (o, al menos, así lo hacen —hacemos— algunos, los que creen —creemos— que la información debe cuidarse en todo momento).
Pretender tirar hacia delante un texto sin releer frases, depurar párrafos y hacer comprobaciones es una apuesta por el desastre con muchos números para que tenga premio.
Primera lectura de una versión completa
Cuando un escrito se ha completado, y, por tanto, es el resultado de la labor de escritura enriquecida por las revisiones simultáneas —es decir, cuando tenemos ya lo que llamaríamos VERSIÓN 0—, lo primero que se impone es realizar una lectura completa y lineal que servirá para:
- Corregir los errores más gruesos de redacción (puede haber muchos si se ha tratado de escritura rápida).
- Tomar notas sobre aspectos que deben mejorarse.
- Solucionar errores técnicos de grueso calibre.
El primer objetivo elimina trabajo a las posteriores revisiones, el segundo prepara las que vendrán a continuación y facilita que nos fijemos en aspectos que pueden refinarse o en oportunidades de desarrollo que son especialmente llamativas y que deben abordarse a tiempo, mientras que el tercero proporciona unos primeros auxilios ante defectos manifiestos.
El resultado de esta primera lectura es lo que podemos denominar ya VERSIÓN 1: la que se someterá a diferentes revisiones especializadas. Estas últimas (las que vemos a continuación: estructural, técnica, de ajuste, de calidad…) pueden dar lugar a una versión 2 o también es posible que algunas nos proporcionen esa VERSIÓN 2 y otras den como resultado una VERSIÓN 3: la diferencia estribará en que antes de acabar cada fase de revisiones se produzca o no una nueva lectura completa del autor.
Revisión estructural
Aquí ya no revisamos la tabla de contenidos, el esquema o el guión tentativo, y ni siquiera es importante comprobar cómo se ha ejecutado el plan inicial. Una vez existe una VERSIÓN 1, lo crucial es ver cómo está distribuida la información, cómo se titulan y subtitulan los capítulos, artículos, partes, secciones…, cómo se presentan las ideas en estos niveles y qué equilibrio tienen esos segmentos, de qué manera se conectan las ideas y conceptos, qué tipo de jerarquización de ideas hay, con qué criterios se utilizan y diseminan recursos expresivos diferentes (texto, gráficos, ilustraciones, ejemplos, casos, actividades, aclaraciones, ideas fuerza, resúmenes…)…, y también es importante realizar un inventario de las ideas reflejadas para compararlo con el conjunto conceptual que se había previsto.
En definitiva, este tipo de revisión consiste en realizar un análisis del escrito en cuanto a su exposición de ideas y corregir lo que se considere conveniente para convertir el texto en un fluido comunicativo ajustado a los parámetros deseados: utilidad, referentes, nivel de profundidad, destinatarios, extensión, entorno de uso, tiempo de lectura, facilidad de asimilación…
Revisión técnica
Dentro de esta denominación pueden incluirse todos los exámenes de un escrito en los que se comprueba el ajuste de este a los referentes que lo alimentan, que pueden consistir en normas jurídicas, escritos jurisprudenciales, reglas matemáticas, principios y axiomas científicos, teorías científicas, criterios económicos, reglas técnicas, operativas, hechos históricos antiguos o recientes, datos estadísticos, doctrinas de autores, paradigmas en disciplinas diversas, denominación de obras, lugares o instituciones, contenido de obras, alusión a fuentes…
Una revisión técnica corrige todo lo que no sea riguroso (tanto referencias como aplicaciones de reglas y fórmulas), y, por tanto, es el momento en el que el autor, o quien realice la revisión no siéndolo, deja de lado toda pulsión subjetiva y se dedica a ajustar lo que se dice en el texto a lo que existe en la realidad, sea o no discutible, o a lo que sin duda alguna debe reflejarse por razón de normas o reglas.
Aunque este tipo de revisión se da muy en especial en los contenidos de tipo técnico (normas, regulaciones, instrucciones, escritos jurídicos, dosieres técnicos, materiales formativos…), también es importante en textos comunicativos (crónicas periodísticas, guiones documentales, obras divulgativas y técnicas…) e incluso en los creativos (novelas, relatos, periodismo de opinión…), ya que incluso la ficción o las consideraciones subjetivas expresadas por escrito pueden apoyarse en datos reales.
La revisión técnica es, sin duda, una de las más importantes en el proceso de elaboración de un contenido textual, ya que resultará primordial para asegurar su funcionalidad y dotarlo de credibilidad.
Revisión de ajuste, cotejo o cálculo
Podemos considerarla dentro de la revisión técnica, pero conviene diferenciarla al tratarse de un chequeo de aspectos muy concretos: aquellos que proceden de una fuente específica de autoridad que exige que se reflejen o apliquen sus indicaciones de modo literal. Puede tratarse de frases extraídas de textos legales, cantidades, porcentajes, datos estadísticos, fórmulas o métodos de cálculo (o su aplicación), años, denominaciones, títulos, artículos, citas…
Aunque la revisión técnica tratará de corregirlos, suele ser recomendable realizar una segunda pasada por el texto en la que ya no se leerá este completo, sino que se efectuará una comprobación localizada de esos elementos respecto de su ubicación en la fuente original. Para ello, conviene detectar las zonas sensibles del material que requieran esta mirada extra de comparación.
Los escritos que en mayor medida necesitan esta segunda revisión técnica focalizada son los jurídicos, los fiscales (tributarios) y los que contienen elementos matemáticos, contables o estadísticos (fórmulas, cálculos, ratios, asientos, datos…), pero puede haber otros (por ejemplo, textos con muchas citas).
Revisión de calidad funcional
Aunque la revisión técnica, como he comentado, tiene que ver mucho con la salud del texto, pensando en su fin último, es preciso comprobar que los elementos del escrito y los criterios de ordenación y exposición de ideas son los adecuados para la función prevista.
En este tipo de chequeo, el autor, solo o con ayuda de quien haga una valoración externa, deberá concebir el texto como un artefacto funcional, como un aparato que debe servir para un fin: regular una relación, establecer una normativa, habilitar una respuesta, neutralizar una queja, inventariar productos, seducir o persuadir a consumidores, informar, valorar, servir de pauta para una comunicación, analizar, diagnosticar, ayudar a superar un gap, exponer acciones y diálogos para un rodaje de ficción, ordenar segmentos para un rodaje documental, permitir a un humorista que haga reír…
Cada contenido escrito debe tener una forma y un fondo orientados a su función y no hay que esperar a la última fase de la elaboración para comprobar que el producto va por buen camino.
Esta fase se deberá dirigir a detectar y corregir ciertos aspectos del material.
Por ejemplo:
- Discordancias claras respecto de los parámetros del encargo.
- Ambigüedad y vaguedad en los textos jurídicos.
- Incoherencias en definiciones, explicaciones y datos dentro del texto.
- Desequilibrios de nivel y lenguaje en contenidos formativos.
- Lagunas temáticas claras en el contenido de productos informativos, formativos, comunicativos o divulgativos.
- Desajustes de formato que hagan difícil la adaptación a un contenedor o herramienta de destino.
- Recurso a tópicos, obviedades o tautologías.
- Insuficiencia, exceso o desequilibrio de algún tipo de elemento del texto: gráficos, fotografías, iconos, ideas fuerza, enlaces, fuentes…
- Patologías en los guiones: indicaciones no visualizables, diálogos inverosímiles, incoherencias flagrantes en el comportamiento de los personajes, incoherencias de ambientación…
Revisión de usuario
Si la revisión de calidad funcional la debe realizar el autor (solo o con ayuda de segundas opiniones) pensando en la utilidad del material, la de usuario es similar, pero en ella quien chequea el escrito debe verse a sí mismo como destinatario del producto: director de área de empresa que debe colgar en su intranet un código o regulación, ejecutivo que debe manejar un dosier en una reunión o presentar una ponencia, formador que debe conducir un seminario o taller, dinamizador de un foro que debe atender y mover a todos los inscritos, alumno o participante de un programa formativo, taller o foro, humorista que debe representar un monólogo, productor de cine que debe poner en marcha una película o director que debe plantearse cómo rodarla…
En este papel, la revisión no incluirá criterios de chequeo o revisiones de calidad funcional, sino que deberá ser más bien intuitiva, consciente de que el contenido debe resultar útil para lo que se busca: aprender, poner en marcha un proyecto, comunicar…
Esta revisión puede hacerla el mismo autor, cambiando de mentalidad, o alguien que sea representativo (o pueda y sepa serlo temporalmente) del destinatario o colectivo al que el producto se dirige. Pero, en cualquier caso, quien la ejecute deberá ser capaz de abandonar por un momento sus preferencias o exigencias personales (lo que esperaría si el producto fuera para él mismo) con el fin de adoptar las de los usuarios finales.
Por otra parte, conviene dejar claro que en muchos casos habrá dos (e incluso tres) destinatarios: clientes y consumidores o usuarios. Por ejemplo, en un escrito para un seminario, el cliente del proveedor del escrito será el ponente, mientras que el consumidor será el asistente a esa ponencia; en un guión de cine, son clientes el productor y luego el director, pero el destinatario final será el público; y en una novela, el cliente será el editor, o el director de una línea editorial, pero el destinatario será también el público.
Una buena revisión de usuario tendrá en cuenta a todos los destinatarios y sabrá discernir qué exigirían o aceptarían de buen grado unos y otros.
Revisión gramatical, ortotipográfica y de estilo
Esta revisión, en productos editoriales, la realizan en fase de pre-edición profesionales correctores, pero por parte del autor hay que anticiparla siempre a la versión de acabado, porque en caso contrario este tipo de correcciones pendientes aplastarán lo que tiene que ser ese chequeo final de calidad.
En esta revisión, la lectura detenida del texto debe encontrar y corregir, entre otros puntos:
- Fallos sintácticos.
- Faltas de ortografía.
- Residuos de redacciones borradas.
- Desajustes a un libro de estilo, si lo hay (sería el del cliente destinatario), y a las normas ortotipográficas estandarizadas.
- Bajo nivel expresivo y pobreza léxica.
- Desequilibrios de tono y estilo.
- Explicaciones no técnicas que no se entienden…
Respecto de las explicaciones técnicas, si esta revisión no la realiza el autor, el corrector deberá tener criterio para identificar posibles defectos clamorosos de expresión en explicaciones que probablemente no domine. El buen corrector no tiene nunca miedo a preguntar al autor por posibles deficiencias en un párrafo, aunque luego la explicación que él no entendía sea correcta. Si nota algo, lo dice, aunque luego se le haga ver que lo indicado era correcto. Y si al autor eso le molesta, es que no es un buen profesional de la redacción.
De hecho, hay algunos correctores de estilo brillantes que, en temas técnicos que no dominan, detectan con habilidad párrafos con defectos expresivos, incluso no evidentes, guiados solo por su prodigiosa nariz, su experiencia y su razonamiento lógico, y salvan los traseros de más de un redactor técnico experto. Y eso se agradece.
Revisión de calidad léxica
Aunque se supone que la corrección de estilo ya habrá depurado en parte el defecto de pobreza léxica, si lo hay, conviene dar una segunda mirada al texto para que consigamos una mejora extra: la riqueza léxica. Para ello, es preciso que en este segundo chequeo nos fijemos en el texto párrafo a párrafo (es el segmento clave en esta fase) para encontrar palabras que podrían sustituirse por sinónimos con un significado más preciso o ajustado a los matices de la idea expuesta. Es, por tanto, una mejora de finura semántica.
Revisión de términos repetitivos
Esta tercera mirada al texto, conectada con las dos anteriores, debe realizarse con el buscador, y no persigue la superación de la pobreza léxica o la consecución de una mayor riqueza terminológica, sino que tiene como objetivo detectar las palabras o terminaciones que, a pesar de repetirse en exceso, se mimetizan en los textos y perduran, incólumes, revisión tras revisión.
Estas son solo algunas de las búsquedas recomendadas:
- La preposición para.
- Los adverbios de modo acabados en mente (poner link).
- El adverbio también.
- La palabra que, ya sea pronombre relativo o conjunción.
- Los tiempos verbales del verbo poder (puede, se puede, podemos, podríamos…).
Por ejemplo, en lugar de para puede ponerse a fin de, con el fin de, con la finalidad de, con el objetivo de, al objeto de, con la intención de, con el propósito de…; en vez de también puede encajar asimismo, igualmente, además…; finalmente puede ser por último, en último lugar, para terminar; especialmente puede ser en especial; súbitamente puede ser de súbito o de repente…
Revisión de impacto
En algunos textos convendrá repasar el texto para tratar de detectar aquellos mensajes dentro del contenido que podrían causar efectos no deseados en los destinatarios o usuarios.
- Explicaciones susceptibles de provocar interpretaciones o concepciones erróneas.
- Afirmaciones que puedan levantar ampollas.
- Manejo de tonos (humorísticos, mordaces, irónicos, paródicos, satíricos…) que podrían ser considerados negativamente.
- Excesos de contundencia en ciertas afirmaciones.
- Usos retóricos inadecuados o inoportunos.
- Referencias a personas o lugares con tintes críticos no justificados.
- Contenidos inadecuados para menores o que puedan herir la sensibilidad de personas o colectivos.
- Explicaciones o comparaciones que pueden perjudicar la causa que persigue el propio escrito…
La valoración deberá tener en cuenta siempre quién será el destinatario y quién podría ser el consumidor o usuario final.
Por supuesto, no todos los contenidos tienen el mismo riesgo. A este tipo de peligro se exponen especialmente ciertos escritos o guiones incidentales y coyunturales (los de de consumo más fungible), como los mensajes de móvil, los mensajes de correo electrónico, los mensajes en medios sociales, las columnas de opinión en medios impresos o digitales, los artículos divulgativos breves, los comunicados y declaraciones, los discursos, ponencias y presentaciones, las respuestas y reacciones, las intervenciones en debates, paneles, mesas redondas o presentaciones de obras, los escritos de reclamación, los guiones de programas de televisión, los monólogos humorísticos…
Revisión de acabado

Esta es la última revisión que hará el autor de un contenido escrito, salvo que una editora le permita alguna corrección más. Es el momento en el que deberá chequearse que todo lo que debería aparecer está y lo que sobraba ya fue eliminado. Si no es así —lo que se comprobará durante esa lectura—, será el momento para realizar las modificaciones finales que dejen el material listo para su envío, entrega o uso o para su puesta a disposición de quien deba transformarlo en otro tipo de contenido.
Si todas las revisiones anteriores se realizaron correctamente, la revisión de acabado no será más que una simple lectura tranquila en la que se realizarán retoques mínimos casi siempre de estilo o de corrección ortotipográfica. Pero si algo erróneo se deslizó, tenga más o menos calado, será preciso subsanarlo definitivamente.
Si esta revisión la hiciera alguien diferente al autor, en caso de que el escrito sea objeto de cambios de importancia será recomendable que el autor los compruebe y confirme o que realice una segunda lectura de acabado que incorporará o no las modificaciones sugeridas.
Aquí, conviene hacer una precisión. Puede haber proyectos en los que el cliente efectúe controles del materiales de tipo técnico (sin autoría de firma) y sugiera o a veces incluso exija determinados cambios: inclusiones, supresiones… Dado que será el destinatario para quien se elabora el producto y a veces incluso quien lo financia, lo razonable para el proveedor será hacerle caso, pero sin olvidar una consideración o cautela importante: ese validador puede no conocer la materia tanto como el autor ni estar al cabo de los avances y revisiones que ha experimentado el contenido. Por ello, en algunos casos lo que propone podría no ser riguroso, y, si esto sucede, antes de hacer algún cambio habrá que comprobar su viabilidad y:
- Si es una idea asumible, tenerla en cuenta (aunque no sea del gusto del autor).
- Si se trata de una propuesta que no sería rigurosa o adecuada, argumentar al cliente que esa idea no encajaría o sería errónea y plantearle, de ser ello posible, una tercera vía que respete el espíritu de su propuesta.
Incorporar sin más lo que un cliente (o un técnico delegado por este )pide, sin advertencias, puede incrustar en el producto un error que estalle más adelante con la responsabilidad casi seguro que única del proveedor (porque el instigador de la inserción quizá no esté ya disponible para dar cuenta de su petición, o podría argüir, no sin parte de razón, que pagaba para ser asesorado y que se evitaran problemas).
En cuanto a los proyectos de elaboración de contenidos de autoría, que el autor firmará (editoriales, medios de prensa…), será este quien tenga la última decisión, aunque si estamos ante guiones para productores o directores, tener en cuenta sus peticiones será siempre lo más recomendable (y no resultará tan arriesgado como en los productos técnicos, ya que los que transforman un contenido en otro asumen lo recibido, lo hacen suyo y, si algo finalmente no les convence, lo modifican).
Revisiones para edición, exhibición, uso o explotación
Esta fase final, en escritos que van a ser publicados —sea por dirigirse al público consumidor o por requerir un diseño final o maquetado especial—, equivale a la antes citada revisión gramatical, ortotipográfica y de estilo, y en productos editoriales la suele realizar un profesional diferente al autor.
Además del ajuste a las reglas gramaticales y de ortotipografía, en estas revisiones:
- Se ajustará el texto a un libro de estilo específico del cliente, si existe, o al considerado como genérico en los usos del sector o tipo de producto.
- Se sustanciarán las diferencias de criterio que pueda haber entre corrector y autor en cuanto a puntuación y, en contenidos literarios, las que puedan darse si el segundo transgrede adrede ciertas reglas académicas (lo que el corrector intuirá solo a veces).
En materiales que se incorporan a herramientas o soportes tecnológicos puede que sea preciso además comprobar el ajuste a espacios dentro del layout de las homepage, páginas, pantallas, ventanas, según el interfaz del producto. (Ello no debe confundirse con las revisiones de navegación y funcionamiento de la herramiemta, que constituyen una actuación diferente a la revisión textual).
Por supuesto, que existan estas comprobaciones finales no ha de venir dado por una dejación de ajustes en fases anteriores. Las revisiones finales de edición o para la exnhibición, uso o explotación solo se realizan para limpiar los contenidos de todo lo deficiente que aún pueda detectarse en ese punto de la elaboración en el que, en teoría, el material debería estar ya «perfecto».
Revisión de un texto editado
Algunos contenidos ya editados pueden ser objeto de correcciones, actualizaciones y modificaciones. Depende del tipo de escrito, de su finalidad y del modo en que se presenta.
Por ejemplo:
- Los libros impresos con tiradas largas no se corrigen hasta nueva edición (salvo excepciones, por errores de bulto, detección de plagios…), lo que dependerá de las ventas y del stock.
- Las ediciones impresas en modalidad just in time son revisables con cierta facilidad en las ventanas de edición y corrección que habiliten las editoriales o empresas que editen o distribuyan los contenidos.
- Los textos on line son de fácil corrección en todo momento (aunque en algunos proyectos puedan requerir de permisos y comunicaciones: imaginemos, por ejemplo, programas formativos, reglas de concursos y actividades en la red, procesos de oposiciones…).
- Los escritos enviados a concursos (literarios, ensayísticos…) se suelen corregir una vez se sustancia el premio. Revisarán los textos ganadores quienes vayan a editarlos; en cuanto a los demás materiales (los perdedores), serán sus propios autores quienes los revisen para mejorarlos y disponerlos así para su posible publicación por otras editoriales o con la vista puesta en la autoedición.
Sobre los textos enviados concursos debe tenerse en cuenta que suelen quedar bloqueados para cualquier uso hasta la fecha del fallo —los editores no podrán actuar sobre ellos hasta que no se fallen los premios, tanto si se interesan por los galardonados como si lo hacen por otros participantes—, y además sufren una segunda congelación: los autores no quieren revisarlos hasta que se decida el premio (para no llevarse el berrinche de encontrar una errata o incoherencia y perder la ilusión).
Aunque estas revisiones post-edición también pueden derivar en actualizaciones a fondo, remodelaciones o transformaciones, a menudo solo se buscará con ellas preparar el ajuste de puntos detectados (por errores o ideas sencillas de mejora) cuando era ya imposible realizar las modificaciones por destinarse sin demora los materiales a la exhibición, uso o explotación: introducción de fe de erratas, pequeños retoques, reflejo de datos o noticias muy recientes que eviten sensación de desfase o de que los textos han sido superados por la actualidad…
Sucesivas, paralelas, simultáneas
El resultado de un proceso de elaboración de contenidos acompañada de las correspndientes revisiones dependerá así de diferentes variables que pueden ejercer una notable influencia:
- El calendario (que sea más o menos extendido).
- El presupuesto manejado para los trabajos (que sea más o menos ajustado).
- Las entregas (que haya envíos parciales o baste una sola entrega final).
- La participación de terceras personas (y el perfil de quienes hagan revisiones sin ser los autores).
- La posible participación de terceros ajenos al autor inicial haciendo cambios directos en versiones (por ejemplo, acabados, o versiones nuevas de fragmentos).
- La participación del cliente (o de validadores delegados por este) opinando y pidiendo inclusiones, supresiones o modificaciones…
Pueden realizar distintos tipos de revisiones diferentes personas, pero también pueden concentrarse todas en pocos participantes o en uno solo. Incluso puede ser el propio autor quien deba asumirlas, aunque sea poco recomendable, lo que se dará en en proyectos sencillos, muy cortos o con presupuesto muy ajustado. En tal caso, el autor deberá ser capaz de cambiar de mentalidad varias veces para mirar su texto con ojos críticos y enfoques diferentes, transmutándose en lector y usuario, en experto técnico, en corrector gramatical y de estilo…
En cuanto a los modos de organizar un calendario de elaboración y revisión, algunos proyectos permitirán que algunas revisiones se realicen una detrás de la otra, pero otros exigirán simultanear más de una.
Los proyectos fulgurantes en tiempo y forma en los que es preciso solapar las revisiones son más habituales de lo que muchos se imaginan, pero los proyectos mandan. Así, hay proyectos que, por razón de apoyarse en calendarios cortísimos o en presupuestos exiguos, obligan a que casi todas las revisiones sean simultáneas a la redacción y se ejecuten en tiempo récord, a veces, como decía, por pocas personas o por una sola. Pero porque un contenido deba elaborarse en pocos días no dejarán de realizarse muchas de las revisiones citadas. Las hará el mismo autor en la misma acción de redacción (u otro, en la de acabado), las hará con menor exigencia por el tiempo escaso disponible, las hará seleccionando y restringiendo al máximo lo que chequea, analiza y modifica, las ventilará en una exhalación, pero, en alguna medida, se harán. O deberían hacerse.
A pesar de todo ello, con más o menos protagonistas implicados en el proceso de elaboración de un contenido escrito, con calendarios más o menos extendidos, y con mayor o menor dinero disponible para financiar los trabajos, casi siempre ocurre que algún error supera todos los controles, se mimetiza durante el proyecto y llega a sentar sus reales en el material final publicado, utilizado o expuesto.
Es un misterio editorial clásico, trufado de alusiones a fantasmas, duendes, gremlins, sabotajes…La maldición parece que no respeta a nadie, sea modesto editor, potentísimo grupo editorial, gran o mediano centro formativo, consultora consolidada o de nuevos emprendedores, medio de prensa impresa o digital o autor particular que se autoedita. Casi siempre habrá algo defectuoso, aunque solo sea una letra cambiada, que supere las poderosas defensas del proyecto y haga ensayo tras la línea.
Y, por supuesto, para terminar como empezaba, en la calidad del resultado influirá el hecho de que tanto el autor como los chequeadores, analistas y eventuales encargados de realizar cambios en el material del que no fueron autores (si los hay), sean profesionales que huyan tanto de la chapuza como del perfeccionismo, al menos del que revela más inseguridad que autoexigencia. Porque, al final, siempre debe haber una fecha a la que rindamos pleitesía.