Literatura de solapa, faja y contracubierta

Quizá sería excesivo hablar de literatura para hacer referencia a los textos que aparecen en los libros editados al objeto de presentar las tramas de la obra, dar alguna información sobre los autores o insertar opiniones de otros autores y frases publicitarias, es decir, al material informativo y promocional dirigido a convencer al potencial comprador de que le interesa adquirir el producto.

Información y promoción en el libro impreso

Este tipo de información suele presentarse en tres partes de un libro:

  • La contracubierta (es decir, la zona opuesta a la portada externa o cubierta del ejemplar).
  • Las dos solapas (cuando los libros las tienen).
  • La faja externa (en libros que son objeto de fuertes campañas promocionales y cuentan con este elemento externo al ejemplar).
  • Una marca de libro (bookmark) promocional.
Partes de un libro
Partes de un libro

También puede haber frases breves sobre la obra o sobre el autor en la propia cubierta (portada externa), así como información sobre el autor o menciones de otras obras de este o de distintas publicaciones de la editorial en el reverso de la portadilla (llamada anteportada o contraportada, primera página interior que no es solo una blanca de cortesía) o antes de la portada interior (la que incluye el título, el nombre del autor y a veces también el nombre del traductor cuando no es una obra en la lengua original).

Como variante, algunos libros —actualmente solo las ediciones más elegantes— llevan abrazando la cubierta y la contracubierta un forro, camisa o chaqueta (sobrecubierta) que es la que funciona como cubierta y contiene las dos solapas con información.

A menudo suelo decir de mí mismo que, a pesar de que he leído bastantes novelas y obras técnicas y temáticas a lo largo de mi vida, soy más un lector de contracubiertas y solapas que de libros, ya que, por mucho que uno pretenda leer de manera intensa y regular, la producción editorial actual es tan profusa que muchas obras —y solo me refiero a esa pequeña parte que cada uno considera interesante— se conocen más por ese relajante momento de hojeo en librerías (en una mañana de sábado, en una escapada repentina a media mañana en el horario laboral de un autónomo, como descompresión vespertina tras la jornada laboral antes de llegar a casa…) que por la propia lectura.

Redacción en cubiertas y sobre cubiertasDecir que casi siempre se compra un libro por lo que leemos en las contracubiertas, fajas o solapas sería excesivo: nos influyen también las referencias de personas de nuestro entorno que han leído determinados libros (ese de boca en boca de toda la vida que ahora se teoriza como buzz marketing), las críticas o reseñas en medios en comunicación, los ranking de ventas (para mí dudosos, porque parecen limitarse a una camarilla de escritores —o más bien de personajes mediáticos— homologados) y, por supuesto, nuestro deseo de cerrar cuentas pendientes, cuando decidimos comprar por fin algunas de esas obras clásicas que aun no hemos leído y para cuya compra no necesitamos promociones: nos basta con simple arranque de voluntad estimulado más por la visión de las cubiertas (título y autor) que por los textos de promoción.

En este post me quiero referir a cómo se redactan esos breves párrafos que aparecen en los ejemplares de las obras editadas (sobre todo en las del segmento de ficción) y que, aunque no siempre sean el detonante de la compra, influyen a menudo en esta. Pero no voy a analizar criterios ni exponer técnicas de redacción—eso lo dejo para otra ocasión—: solo pretendo aquí aportar mi experiencia como inveterado consumidor de ese tipo de textos —como pez que en esas mañanas o tardes ronda el anzuelo y solo en ocasiones lo muerde—, haciendo mención a cuatro aspectos de estos escritos informativos y promocionales que, aunque sean un asunto de orden menor en el proceso de edición, merecen a mi entender un comentario crítico.

Textos informativos sobre autores, proyectos y éxitos editoriales

Seguro que recordáis esos telefilms que suelen emitirse por las tardes en algunas cadenas de televisión, basados en hechos reales y que ya acumulan unos cuantos años desde su rodaje, en los que al final, una vez sustanciada la trama, una voz en off nos informa de que dos de los protagonistas viven felices en un rancho en Wisconsin criando yearlings y tienen un hijo de dos años mientras esperan emocionados el siguiente, nos aclara que el desordenado pero generoso amigo de la pareja ejerce en la actualidad como abogado en Filadelfia y nos comunica que el indeseable que pechaba con el papel más negativo en la historia cumple pena en una penitenciaría del Estado de Nueva York sentenciado por asesinato en primer grado en espera de que se sustancie la apelación.

Por bienintencionados que sean estos colofones —suelo tener la impresión de que buscan inducir una extraña tranquilidad en un espectador nada preocupado—, algo nos hace dudar de que la felicidad, profesión y empadronamiento de los citados siga años después sin alteraciones y algo nos dice que el vástago en ciernes seguramente ya vio la luz (o la espera uterina se antojaría excesiva) y que la apelación del malvado ya se sustanció (o la justicia, más que lenta, sería letárgica).

plan corto plazoAlgo similar ha venido sucediendo desde que yo tengo memoria en la información sobre libros y autores incorporada en los ejemplares publicados, y no es algo que se haya perdido en estos tiempos en los que parece (al menos parece) que la edición impresa es más exigente.

¿Os imagináis una estantería en un salón en la que los objetos de adorno fueran productos con fecha de caducidad: yogures, latas de sardinas, medicamentos…? Pues así parece que algunos entienden la información sobre los libros, como algo que solo tiene vigencia durante la campaña de ventas, que salvo en el caso de los grandes bestsellers, apenas se extiende ya a algunas semanas.

Veamos varios ejemplos de los muchos posibles. He elegido referirme aquí a novelas del género de investigación criminal, la mayoría recientes, por ser objeto habitual de promociones publicitarias llamativas. (En negrita he marcado las expresiones que revelan un marcado sentido coyuntural y los años citados son los de edición, que deben entenderse teniendo en cuenta que este post se escribe a inicios de julio de 2015).

  • En la edición de Alex de Pierre Lemaitre (Debolsillo, 2014) hay una reseña del autor en la que se indica que ha publicado dos novelas en español: Alex y Nos vemos allá arriba.
    • En la fecha de este post (así se vacuna una información, y eso que la puedo actualizar sin coste) Lemaitre ya tiene publicadas en España otras dos novelas.
  • En una edición de Aurora Boreal, de Asa Larsson (Seix Barral, Booket 2012) se incluye una reseña de la escritora en la que se menciona Guds Starka Arm como obra de próxima publicación en Seix Barral.
    • En la fecha de este post aun no ha publicado Seix Barral el prometido Guds Starka Arm de Asa Larsson (escrito en colaboración con otra escritora), porque se ha priorizado una quinta novela de la propia Larsson. Por ello no hay desfase, pero, ¿hacía falta esa anticipación fallida?
  • La edición de El Tercer Secreto, de Steve Berry (Seix Barral, Booket 2009) se indica que es una novela que será llevada al cine por Mel Gibson.
    • De la anunciada adaptación por Mel Gibson en 2015 no se sabe nada (ni como actor, ni como productor, ni como director…). De nuevo: ¿qué aportaba esa predicción errada?
  • En El club de los patriotas, de Christopher Reich (La factoría de ideas, 2009), se menciona que el escritor es autor de media docena de obras de suspense.
    • En la fecha de este post, Christopher Reich había escrito ya diez obras y publicado en España cinco.
  • En la edición de El otro nombre de Laura, de Benjamin Black (Santillana, 2009) se dice que El Lémur es su última obra.
    • En la fecha de este post, Benjamín Black (con ese nombre) había publicado ya seis obras después de El Lémur, cinco de ellas publicadas ya en España.
  • En la obra Muerte en La Fenice, de Donna Leon (Seix Barral, Booket 2007) la biografía de la escritora indica que sus obras se han traducido a veintitrés idiomas, incluyendo el chino. Y en la edición de El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon (Salamandra, 2004) la biografía del autor menciona que la obra se ha convertido en un éxito sin precedentes, con derechos vendidos a 35 idiomas, ha superado el millón y medio de ejemplares y ha alcanzado las listas de cinco países (USA, Alemania, Italia, Francia e Inglaterra).
    • Suponemos que las obras de Donna León y de Mark Haddon habrán sumado ventas, se habrán traducido a algún otro idioma o habrán alcanzado listas en algún otro lugar.
  • En la edición de 2007 de Una llama misteriosa, de Philip Kerr (RBA) se indica que ha publicado una decena de novelas.
    • En la fecha de este post, Philip Kerr ya llevaba publicadas más de 30 novelas, más de 15 en España.
  • En la edición de 2006 de La muerte en una noche de verano, de K. O. Dahl (Planeta, Booket) se dice que próximamente se publicará Un muerto en el escaparate.
    • Un muerto en el escaparate, de K. O. Dahl, se publicó en 2008, siete años antes de la fecha de este post.
  • En la edición de El peregrino secreto, de John Le Carré (Plaza y Janes, 1991) la solapa informa de que La Casa Rusia se ha llevado al cine recientemente.
    • Cuando redacto este post, hace 25 años que La Casa Rusia de Le Carré fue llevada al cine por el director australiano Fred Schepisi.

Creo que las anticipaciones editoriales o cinematográficas, los éxitos conseguidos cuantificados y demás referencias llenas de inmediatez aportan poco o nada, salvo un aroma a obsoleto que podría haberse evitado insertando algo tan sencillo como:

  • “…en la fecha de edición de esta obra el autor había publicado…”
  • “…con esta obra la autora ha conseguido con gran rapidez auparse a…”
  • “…logró tras solo cinco meses desde su publicación una cifra de ventas superior a… ”
  • “…ha logrado con sus obras conquistar de modo fulgurante mercados de lectores como los de…”.
  • “… entre otras obras, el autor ha publicado….

Por otra parte, Dan Brown es presentado en la solapa de la edición de El símbolo perdido (Planeta, 2009) como alguien que vive en Nueva Inglaterra con su mujer. Esto de mencionar el lugar de residencia resulta tan extraño como recurrente en la información sobre autores.

Así, según diferentes ediciones de obras de este género de evasión, Val Macdermid vive en Manchester (dicho en 2006), Robert Wilson vive en una granja de Portugal (2006), Dennis Lehane vive en Boston (2007), Frank Schätzing vive y trabaja en Colonia (2010)… y Tony Hillerman vive en Albuquerque (¡1990!).

De las referencias a sus domicilios antiguamente actuales poco podemos decir salvo que resulta chirriante leer eso años después. Solo con añadir el fragmento en la fecha de edición (o de escritura) de este libro, el autor vivía en… se blindaría el texto para su testeo externo por los siglos de los siglos, un simple toque de elegancia que vacunaría esa referencia contra el aroma del desfase y la obsolescencia. Eso si es que realmente importa donde vivan los autores, que esa es otra (y, en mi opinión, en la mayoría de los casos es un dato irrelevante).

libro - con fechaLa conclusión que podría extraerse de todo esto es que algunas editoriales consideran que:

  • Los libros lanzados al mercado son productos para el consumo inmediato. No interesa su cualidad como objetos a poseer.
  • Nadie releerá nunca un libro varios años después.
  • Nadie leerá un libro prestado por el comprador años después de su edición.
  • Nadie leerá un libro obtenido en préstamo en una biblioteca años después de su edición.
  • No hay ninguna diferencia entre lo que puede incluirse en una faja extraíble y lo que puede reflejarse en solapas, contracubiertas, portadillas u otras partes fijas de los ejemplares editados.

O quizá sea más sencillo y lo que se considere es que esos desfases anunciados no tienen relevancia, porque todo el mundo sabe que lo importante es el contenido del libro y se hará cargo de que esas frases se escribieron cuando se publicaron, para ese momento (lo que sería como decir, tranquilos, chicos, que todos somos inteligentes, que a tanto ya llegamos, que aquí nadie se traumatizará por leer en el futuro textos desfasados, que no habrá sangre ni aumentará la visita a psiquiatras…). Cierto. Sin duda, nadie entrará en ebullición, ni practicará seppuku ritual, ni devolverá el libro a la editorial por vicio de origen, ni la llevará al juzgado de guardia por ese pequeña muestra de cortedad de miras. No obstante… Sigamos.

Alabanzas de autores y críticos

contra - la chica del trenEs frecuente que en la reseña de la contracubierta (o en la situada a veces en fajas) se incluyan frases alabando la calidad de la obra o la del autor. Suelen corresponder esos textos a otros autores del mismo género o a críticos de revistas y suplementos literarios o de secciones culturales de diarios (aunque últimamente se han visto frases de atribución anónima, como lector en Twitter o lector en Amazon, tal como puede verse, por ejemplo, en la contracubierta de la híper publicitada La chica del tren, de Paula Hawkins, editada por Planeta).

No tiene nada de criticable que se aprovechen fragmentos de reseñas críticas o de opiniones vertidas en alguna entrevista realizada a otros autores para dar avales a las obras publicadas con fines publicitarios, siempre que esos textos sean (o al menos parezcan) eso: expresiones auténticas, fragmentos reales extraídos de charlas, conferencias o escritos valorativos.

La realidad es que estas frases despiden con frecuencia un claro aroma de publicidad ad hoc y revelan su naturaleza de eslogan, alejada de cualquier expresión independiente lanzada