Como ya se dice en otra sección de este sitio, la calidad es un concepto complejo, con fronteras difíciles de precisar.
A menudo identificamos la calidad de un producto con nuestras preferencias, en un ejercicio meramente intelectual e incluso emotivo. Somos exigentes y lo que colma nuestras demandas lo calificamos como producto de gran calidad.
Esta visión no es de ningún modo desdeñable, ya que si algo nos agrada y le damos nuestro visto bueno es porque atesora ciertas virtudes como producto, considerándolo como una creación que no nos ha ignorado como destinatarios y que satisface nuestras expectativas.
Pero no podemos limitarnos a esa visión subjetiva, ya que en ese caso estimaremos como de baja calidad un producto sólo porque no encaja con nuestros requerimientos ni posee el refinamiento que nosotros buscamos, cuando quizá sí resulte satisfactorio para otras personas y se gane el beneplácito en segmentos sociales o culturales en los que no nos encuadramos.
Por otra parte, la calidad no es sinónimo de lujo. No consiste en adornar los contenidos con pirotecnia textual o visual. Ni deriva necesariamente del trabajo lento y minucioso hasta la exasperación de esos profesionales brillantes y perfeccionistas que a veces parecen incapaces de culminar sus tareas. Ni suele ser fruto de la pulsión de autoría de quienes asumen el producto que elaboran como un logro únicamente propio.
La calidad tiene componentes objetivos y subjetivos
Más allá de las preferencias personales, la calidad es un concepto que no puede depender solo de valoraciones y preferencias subjetivas ni podemos asociarlo con la simple sofisticación.
Sería difícil cuestionar que Río Bravo y El Hombre que mató a Liberty Valance son dos westerns de enorme calidad, como tampoco tendría mucho sentido poner en duda que en la producción de westerns italianos (los que no son de Sergio Leone) y españoles (los rodados en Almería con actores nacionales) abundan los productos de baja calidad. Partiendo de que esto es así —no es este el artículo adecuado para argumentar por qué unas obras son mejores que otras, aunque prometo hacerlo en otro post con varios ejemplos—, solo nos quedaría discernir no tanto donde está situada la raya que separa ambos territorios, sino qué criterios nos pueden permitir mover la raya a un lado o a otro según nuestro saber y entender sin fijarla en un punto del todo irrazonable.
La calidad es, no tengo ninguna duda, un concepto con componentes objetivos y subjetivos: los primeros nos permiten confirmar que existen esos dos territorios e identiticar una serie de criterios como útiles para definir calificaciones, y los segundos nos impulsan a seleccionar algunos de esos criterios, aplicarlos y concretar así en qué territorio queda, a nuestro entender, cada obra o producto.
Es algo muy parecido a lo que ocurre con el arte, otro concepto que no puede objetivarse, pero que entregado a la subjetividad absoluta pierde todo su sentido.
Considerando lo que pretendo en este post, que solo es practicar un trote corto y breve alrededor del concepto de calidad (el segundo y no último en este sitio), me conformo con decir que un contenido tendrá calidad si resulta idóneo para cumplir su función o para influir positivamente en su realización, sin desaprovechar oportunidades ni provocar efectos secundarios no deseados.
Vinculando la calidad a estos objetivos, no resulta difícil poner ejemplos:
- Una novela de calidad tiene originalidad y una factura suficientes para conseguir lectores y seducir a la crítica sin riesgo alguno de que afloren acusaciones de plagio.
- Un guión de cine de calidad seduce a directores, técnicos e intérpretes aumentando la probabilidad de que se consolide un proyecto de creación cinematográfica, facilita el rodaje y el posterior montaje de lo filmado y contribuye a que el producto final triunfe en las pantallas en las que se proyecte o emita y/o se gane al menos el reconocimiento de los entendidos.
- Un discurso político de calidad posibilita la transmisión de ideas, contribuye a la imagen de coherencia del orador y además ilusiona a los partidarios, convence a unos cuantos oyentes dudosos o indefinidos y se gana el respeto de algunos opositores (aunque no lo reconozcan), dificultando las críticas y las posiciones encontradas.
- Una presentación de calidad facilita la exposición rápida de las ideas previstas, encaja en los horarios establecidos, asegura la atención de los asistentes y la satisfacción de sus expectativas, y contribuye a aumentar la credibilidad del ponente.
- Un código de conducta de calidad resulta coherente con valores y principios existentes en su ámbito, los compendia con criterio, los presenta como reglas y normas claras y fácilmente asimilables por todos los llamados a acatarlo y no suscita interpretaciones erróneas.
- Un monólogo humorístico de calidad retuerce usos y costumbres humanos haciéndolos reconocibles, y proporciona, mediante ingenio, originalidad y técnicas de comedia, material suficiente para que el intérprete pueda provocar con facilidad risas y sonrisas sinceras en su público que no muestren tintes compasivos.
- Un anuncio de calidad capta la atención de su mercado meta, presenta, posiciona y emociona, y crea percepciones de manera clara y certera, todo en armonía con la estrategia de comunicación que se haya decidido.
- La declaración de un responsable político ante una polémica es de calidad si parece sincera, neutraliza concepciones erróneas y desactiva el riesgo de percepciones negativas, evitando la sensación de que se soslayan los problemas, se cambia el discurso, se siguen consignas, se recurre a mensajes manidos o se lanzan cortinas de humo.
- Un artículo para un blog tiene calidad si satisface por su contenido y tratamiento a los seguidores habituales, tiene un buen potencial de indexación en buscadores (sin que los eventuales criterios SEO utilizados perjudiquen otras virtudes creativas), consigue atraer a nuevos internautas interesándoles por ese post y por el sitio e impulsa la interacción con los lectores.
- Un mapa de competencias técnicas elaborado pensando en las actividades de una empresa tiene calidad si describe con precisión conocimientos, habilidades y actitudes, especifica de manera clara criterios y evidencias de desempeño, define bien los entornos de actuación y permite una asociación sin dificultades a acciones de formación y a requerimientos de evaluación por los responsables de gestionar la selección, formación y desarrollo de personas en la organización.
Ninguno de estos ejemplos exige que el autor (o quien ha colaborado con el protagonista del acto comunicativo) elabore sus productos o diseñe sus servicios pensando en sí mismo, como tampoco le reclama la garantía de que adquiriría ese producto o servicio por responder a los criterios que le mueven como consumidor.
Alguien que odie las fotonovelas puede escribir sin problemas unos guiones magníficos para un culebrón de amores y traiciones. Un redactor jurídico puede incorporar a una propuesta de acuerdo cláusulas que no aceptaría si asesorara a la contraparte. Y un escritor técnico puede dar una dimensión mayor o menor a una obra de encargo aunque si de él dependiera confeccionaría el producto con una extensión mayor o menor que la exigida por quien le solicitó el trabajo.
Asimismo, tampoco en los citados ejemplos vemos que haya componentes suntuarios, movimientos en pos de la sublimación, apuestas por convertir el resultado el trabajo en una muestra de arte suntuario. Tan solo se intuye un trabajo cuidadoso que trata de conseguir lo ya dicho: funcionalidad, sin desaprovechar oportunidades y sin crear conflictos que pueden evitarse.
Como punto final, sugiero dos elementos más, que son, en este caso sí, de carácter más subjetivo: un toque de distinción (aunque no sea imprescindible) y una dosis extra de potencial para que la función pueda cumplirse de modo algo más que discreto (entendiendo este término como lo hacen los italianos, como el nivel de lo moderado, lo razonable, lo pasable…). Dicho de otro modo, hagamos que el producto sea diferente (porque, en tanto que persona, lo es también su destinatario) y que aporte si es posible algunos beneficios relevantes más allá de su fin primordial pero que ayuden indirectamente a este.
Termino este post —uno más de los que solo pretenden crear un marco de referencia inicial para este sitio, antes de entrar en harina— con dos listados sobre cuyas ideas volveré más adelante y que responden a estas dos preguntas: qué nos puede aportar la calidad y qué nos exige.
Sin más comentarios, pongo estas ideas en el escaparate.
Beneficios de la calidad
Contar con contenidos de calidad es el mejor modo de:
- Acelerar las fases iniciales de los proyectos.
- Reducir costes en los proyectos.
- Ampliar el impacto de las propias ideas dentro de la organización.
- Elevar el potencial de desempeño de los profesionales de la empresa, área o equipo.
- Aumentar la eficacia de las reuniones comerciales o corporativas en las que se deba participar como conductor o asistente.
- Mejorar la probabilidad de éxito en sesiones, presentaciones y otros eventos que requieran la propia participación.
- Aumentar las probabilidades de éxito en acciones de negociación o mediación.
- Realzar la imagen profesional propia y la de la empresa, negocio o entidad en donde se actúa
- Evitar conflictos en contrataciones.
- Evitar incumplimientos en reglas de comportamiento internas o derivadas de normativas legales.
- Conseguir que los clientes perciban a los profesionales de la empresa (y a la propia firma) como especialistas en su sector o en una determinada actividad o servicio.
- Consolidar en el mercado una percepción precisa del estilo del negocio y de su posicionamiento.
- Acrecentar el atractivo de las comunicaciones en la red y sus posibilidades de monetización.
- Diferenciar la propuesta profesional con un posicionamiento claro, creando en los consumidores potenciales percepciones nítidas y reforzando el atractivo de la oferta.
- Explotar a fondo nuestro talento creativo convirtiendo ideas en productos de impacto con potencial para generar rendimientos.
- Aumentar nuestras probabilidades de convertirnos de una vez por todas en autores con obra publicada o publicable.
- Conseguir que en el propio entorno se nos perciba como profesionales de referencia, fiables, rigurosos e innovadores.
Exigencias de la calidad
Optar por la calidad a la hora de elaborar un contenido con el fin de aspirar a beneficios como los citados conlleva ciertas exigencias:
- Precisar y priorizar objetivos. Los contenidos se elaboran siempre para conseguir un resultado concreto.
- Acotar bien el proyecto y definir lo que quiere conseguirse. Aun para un mismo fin, existen muchas posibilidades para la creación de un contenido y es preciso seleccionar y definir criterios y componentes antes de diseñarlo, elaborarlo o remodelarlo.
- Ajustar bien el presupuesto. Mayores costes permiten mejores resultados, pero con un estudio minucioso y las personas adecuadas puede asegurarse calidad a muy buen precio.
- Pensar en el contenedor. Medio, canal, soporte, formato, función y modo de funcionamiento o explotación son factores que deben condicionar el propio contenido.
- Eliminar elementos superfluos. No tiene más calidad un contenido porque combine muchos componentes. Lo innecesario, aunque pueda parecer brillante, sólo aumenta el coste y el tiempo de elaboración.
- Dotar a los contenidos de ciertas virtudes: diferenciación, precisión, rigor, claridad, amenidad, originalidad, innovación, potencial para la seducción, la sorpresa y el impacto, fiabilidad… son factores que caracterizan a los contenidos que llevan al éxito.
- Prevenir riesgos. Algunas decisiones que pueden tomarse a la hora de elaborar o remodelar un contenido pueden conllevar efectos secundarios que conviene evitar o neutralizar.
- Respetar los tiempos de cocina. Aunque en la actualidad se requiere rapidez en la creación de contenidos, algunos exigen unos tiempos mínimos de elaboración que deben respetarse para que el resultado sea el esperado.
- Incluir controles y revisiones. Ninguna primera versión suele ser un producto final. Toda creación debe ser sometida a revisiones y comprobaciones de profesionales para asegurar así su funcionalidad.
- Abominar de las recomendaciones estandarizadas. Cada contenido debe realizarse con la forma, extensión, enfoque, tratamiento y material de base que se requieran para la función buscada, sin obsesión por los estándares no justificados. Vade retro a los decálogos que infestan la red.
- Rechazar la mera réplica de productos. Aunque pueda ser tentador, la mera replica de fórmulas o patrones experimentados por la competencia (aunque hayan resultado exitosos) nunca es el mejor camino hacia la rentabilidad.
- Rechazar el plagio. Los contenidos deben ser siempre una creación o adaptación original: nunca deben derivar de la copia o el refrito de otros materiales, no sólo por razones éticas, sino también para asegurar su correcta adecuación al fin previsto.
Lo dicho: ni un solo comentario más, ya que volveré sobre la cuestión analizando algunos ejemplos.