Lo que sigue es un repaso, ligero, a los elementos recurrentes de un segmento de las producciones de ficción que se elabora a partir de fórmulas y patrones estandarizados: el thriller televisivo de protagonismo femenino.
Esquemas y características en el telefilm vespertino

Hay productos de entretenimiento que cumplen más de una función. Una etapa del Tour de France emitida justo tras la hora de la comida puede emocionarnos si hay una dura pugna en las rampas de un puerto de primera categoría, pero a menudo, en episodios llanos o de media montaña, nos empuja a ese sueño vespertino tan superficial como dulce y placenteramente irresistible.
Nada como la evolución lenta de un pelotón lleno de mareantes maillots de colores y la visión regular de prados, sembrados, bosques, montañas y pueblos, de esos pequeños pueblos franceses tocados siempre por el buen gusto urbanístico propio de ese país, con su incomparable jardinería, sus iglesias que parecen catedrales y sus palacios con nombre de castillo, para abandonarnos de modo intermitente al apalancamiento mental.
Algo similar ocurre con los telefilms (llamados ahora en EE.UU. tvmovies) que algunas cadenas suelen emitir durante las tardes de sábados y domingos (y solo ocasionalmente, como repetición, alguna noche o madrugada). Pensando en ese momento de debilidad que suele iniciarse hacia las cuatro de la tarde, cuando, centrado el metabolismo en la digestión, se descuida y afloja nuestra conciencia, resultan ideales los productos narrativos que no nos exigen grandes esfuerzos analíticos, que no requieren una dedicación especial para entender la motivación de los personajes, sus sentimientos ante los hechos acontecidos o el sentido de sus relaciones personales, relatos que pueden retomarse sin problemas tras alguna que otra cabezada.
Desde luego, si hablamos de cine, no es la inauguración de la tarde el mejor momento para asistir a experimentos cinematográficos de corte dreyeriano o bressoniano, emulaciones tardías de la nouvelle vague, productos con ecos fellinianos o buñuelianos, parsimoniosos dramas asiáticos familiares, ensayos metanarrativos u otros relatos desacomplejados o transgresores en forma y fondo. Quizá ni siquiera sea ese un rato adecuado para adentrarnos en clásicos del cine que requieran algo de esfuerzo, ya se trate de los argumentos escurridos y ultradestilados del llamado cine negro, de las tramas deliberadamente intrincadas del subgénero de espionaje o de las impactantes historias de los melodramas más arrebatados. E incluso puede que no se acomoden bien a ese lapso del día ni las grandes superproducciones de calidad ni las películas independientes de narrativa lineal con menor presupuesto pero notables dosis de talento decantado en guiones, interpretaciones y puestas en escena.
Hay cadenas que optan a esas horas de los fines de semana por productos de animación. Los niños, con un divertido relato visual a su alcance, vencen siempre cualquier asomo de modorra, pero, si se tercia, se abandonan a esta sin reparo, porque desde hace unos años los tiernos infantes consumen sin reparos las mismas cintas de modo reiterado hasta memorizarlas. Otros canales, con líneas de emisión dirigidas a públicos presuntamente más bravos —tras esa segmentación tan peculiar y sexista que diferencia contenidos destinados a hombres y a mujeres, que es lo que yo denomino, siempre sorprendido, marketing hormonal, al que merece la pena dedicar una entrada futura—, colocan en esos tramos de programación producciones con muchos impactos de coches, persecuciones, explosiones y escenas en cámara lenta con llamarada detrás. Lo que según parece gusta consumir a quienes tienen mayores dosis de testosterona.
Pero en esta entrada quiero centrarme en lo que antes mencionaba: los telefilms emitidos los sábados y domingos por la tarde que nos ofrecen las grandes cadenas privadas de este país, y a veces también la principal cadena pública, me consta que en línea con lo que se hace en otros países (entre ellos, los que producen esas cintas). Algunos son de factura alemana, basados en novelitas románticas que transcurren en lugares exóticos asiáticos, en islas índicas, en rudos parajes africanos, o en paisajes bucólicos anglosajones, con gente guapa que tiene problemas de empresas, inmuebles, herencias o familias, pero al final siempre los soluciona. Pero tampoco es a esas obras hacia las que quiero dirigir mi foco ahora: mi interés son ciertos thrillers vespertinos de fabricación norteamericana, producciones casi todas de Estados Unidos y de Canadá.
Estas obras se caracterizan, a grandes líneas, por:
- Tratarse de historias en las que hay acciones criminales, generalmente en ámbitos más o menos cotidianos (familias, empresas, urbanizaciones, pequeñas poblaciones…).
- Estar protagonizadas fundamentalmente por personajes del sexo femenino.
- Asignar a las mujeres casi todos los papeles profesionales duros y relevantes en las tramas (jueces, jefes de policía, detectives, fiscales, abogados, forenses, alcaldes…) e incluso algunos roles preponderantes negativos (acosadoras, niñeras peligrosas, ejecutivos y directivos implacables, políticos corruptos…).
- Relegar los personajes masculinos a roles secundarios, con excepción de que se trate de los malvados de algunos relatos: básicamente, asesinos en serie coleccionistas, maltratadores domésticos y políticos o millonarios corruptos.
- Invertir la tradicional figura dual policía hombre algo atormentado y esposa mujer que se queja del trabajo de su cónyuge, dando al rol masculino el de marido de la agente, harto de la exposición a peligros o de la excesiva dedicación al trabajo de su cónyuge.
En mi opinión, este planteamiento claramente feminista (a veces incluso un punto hembrista), aplicado a un producto popular, quizá haya hecho en los últimos años por la causa de lo que los cursis llaman el empoderamiento de la mujer más que lo que en años anteriores consiguieron la lucha sufragista, la liaison Woolf–Sackville West o los escritos de Beauvoir o Friedan.
Pero tampoco me quiero fijar solo en este fin más o menos lateral de estas obras, que, aunque admite una mirada crítica, me parece loable, sino en otro aspecto fascinante de estos productos norteamericanos creados para la televisión: el que constituyan el ejemplo más claro de fabricación estandarizada según patrones, de moco que los guionistas no hayan de dedicarse a otra cosa que al relleno de moldes, a la composición de casi todas las producciones con una serie de elementos recurrentes diseminados sobre una lista corta de esquemas argumentales.
Sin más comentarios previos, a continuación incluyo una lista (sin orden alguno) de 50 elementos o componentes que pueden contemplarse en esos telefilms de un modo tan reiterado que, a pesar de cansino, resulta incluso divertido. En la segunda parte de este post, que llevará otro título, podrás ver una breve descripción de los 30 esquemas argumentales más utilizados. Podría añadir alguno más en ambas listas, pero, la verdad sea dicha, no muchos.
En estas las listas no se enumeran elementos siguiendo criterio alguno, porque es más entretenido ver esos componentes y planteamientos así, desordenados, como si pudieran escogerse aleatoriamente.
Si tienes alguna duda sobre la descarnada realidad de las dos listas que vas a leer a continuación, será porque nunca has consumido ese tipo de producciones. Pero si, como casi todo el mundo, en algún momento lo has hecho, entre cabezada y cabezada, comprobarás que son unas enumeraciones harto fidedignas.
50 elementos recurrentes en las tvmovies del género thriller
Los tres primeros elementos son casi el marchamo de este género televisivo y los cuatro siguientes también son componentes casi obligados, pero la probabilidad de que aparezca cualquiera de los demás es igualmente altísima.
Son solo ingredientes, no esquemas ni esqueletos de tramas, pero combinando varios de ellos con uno de los tipos de tramas del segundo listado es posible armar una de estas tivimuvis sin grandes sudores, a gusto del productor, o del director de marketing de la productora, que es casi lo mismo. En cuanto a la naturaleza de estos componentes, los hay de todo tipo: tipos de personajes, roles, objetos, instrumentos, herramientas, sustancias, actividades, hábitos, espacios, momentos del día, situaciones argumentales…
Vamos allá.
CARRERITAS POR EL BOSQUE
Ya se presente al principio del telefilm, como prólogo que luego cobrarásentido en la aventura o como escena adelantada que luego se retomará en tiempo real a medio argumento, o se inserte durante el avance lineal de este o en su desenlace, en muchas de esas producciones hay un momento en el que una chica es perseguida por alguien y escapa hacia un bosquecillo que hay cerca del lugar en el que se desarrolla la trama. La carrera suele ser desenfrenada, con tropiezos, roces con ramas, resbalones y caídas, y no suele acabar bien cuando es un adelanto inicial, pero sí cuando se acerca al desenlace. Cuando tiene final feliz, suele brindarse a la perseguida un elemento deus ex machina al objeto de resolver el problema en forma de personaje salvador, piedra o estaca oportuna o pistola caída cerca de donde interesa (elementos luego comentados). Esto último, el desenlace feliz, suele ocurrir cuando la perseguida es la protagonista, pero no cuando se trata de un personaje secundario o quien corre desesperada es solo un personaje inicial cuyo único rol es el de cadáver antecedente.
COPAS DE VINO
Antiguamente, los personajes llegaban a casa y se disparaban hacia el mueble bar, ávidos de servirse un escocés o un bourbon, pero como estamos en la era de las mujeres, nada mejor que unas copas de vino, blanco o tinto, a cualquier hora del día que no sea la del desayuno. Junto a una pantalla de ordenador mientras se investiga o chatea o en la recurrente charla de la protagonista con su amiga confidente, las chicas siempre se solazan con sus enormes copas de vino. Y si hay problemas o es la hora de cantar verdades, beben a modo. Es curioso, pero en los telefilms parece que las mujeres solo beban vino, champagne y chupitos de tequila. Pero el vino es el rey.
CUCHILLOS DE COCINA
Es, sin duda, el elemento estrella de este tipo de telefilms. Casi siempre son obtenidos de un soporte vertical con ranuras en el que se ofrecen diferentes tipos de cuchillos, aunque en ocasiones la protagonista puede servirse directamente de un cajón de la cocina o de la superficie de una madera de cortar verdura. Porque las chicas —que si cocinan siempre cortan verduras, pimientos o tomates, del mismo modo que los varones solo parecen atinar en la cocina con el espagueti—, se pertrechan a menudo en el armero del lugar en el que se elaboran los condumios. Si yo fuera sexista, podría pensar que cocinar poco es un posible rasgo feminista, pero usar siempre como armas las de la cocina para defenderse dentro del hogar podría también verse como ramalazo machista, al menos del responsable del guión. ¿Hombres defendiéndose con cuchillos de cocina? No recuerdo ninguno; ¿para qué los necesitamos, estando a nuestro alcance alguna remachadora de clavos? Estamos, por tanto, ante un elemento ambivalente y contradictorio en las intenciones cerativas y comunicativas de esta era feminista. Pura fusión.
PESADILLAS
Son otro de los tópicos resultones que permiten crear insertos en las tramas cuando no parece haber mucho más contenido. Lo soñado casi nunca da la sensación de ser otra cosa que un sueño (que se note: no nos herniemos buscando originalidad ni intentemos, por tanto, que no parezca un sueño), por lo que nada mejor que cortarlo con un brusco levantamiento de medio tronco en la misma cama. Casi nadie se despierta así en la realidad, aunque los sueños sean severos, tenebristas o incluso terroríficos, pero en el mundo del telefilm cualquier pesadilla es un buen momento para hacer abdominales nocturnos.
AMIGAS CONFIDENTES
La protagonista de la trama es una chica que siempre tiene su amiga confidente: puede ser su vecina, su compañera de oficina, su entrenadora personal, su abogado o su antigua amiga del alma. Con ella, por supuesto, comparte copas de vino, y ambas se cuentan conflictos, se azuzan mutuamente con el objetivo de buscar rollo y no estar tanto tiempo sin permitirse algún solaz erótico…, y en algún momento se ayudan. Sus encuentros también sirven para informar al espectador de datos, si el guión se nos pone perezoso y funcional y nos ilustra a través de diálogos en los que ellas se dicen mutuamente lo que ya saben para que así lo sepamos nosotros. Las amigas confidentes deberían saber que en ocasiones mueren en lugar de las protagonistas, envenenadas, empujadas en escaleras o saliéndose de la carretera en sus coches con frenos manipulados, como vemos luego. Es el peaje que hay que pagar por tanta copa de vino compartida y por querer llenar el tiempo y romper la rutina interviniendo en conflictos ajenos.
FOOTING
Hay dos modalidades: la protagonista en camiseta y pantalón técnico pirata corriendo sola o ella misma pateando algún camino o avenida con su amiga confidente vestida de similar guisa. Cuando son dos, la habilidad que muestran en la conversación mientras corren resulta fascinante, aunque para decirse lo más enjundioso suelan darse algún respiro paradas, tras inclinar el tronco hacia delante, colocar las manos en las rodillas y exhalar algún suspiro. No hay duda de que además de empoderar a la mujer, los telefilms también tienen por objeto fomentar hábitos sanos como el deporte.
DUCHAS
Un thriller sin ducha es como una carrera en coche por el desierto o por un barrizal sin pasar después por el túnel de lavado. Esta mojadura casera suele tener un sentido de higiene psicológica más que física, ya que tras la mampara o la cortina se elimina el estrés, la desesperación, la ansiedad y la angustia. Lo importante es que se vea como corre el agua por la cara y como las manos acarician el pelo mojado de delante atrás aplastándolo y escurriendo el agua en la nuca. Ese escurrido es el drenado psicológico. Pero las duchas también pueden servir ocasionalmente para cocinar encuentros sentimentales al vapor o retirar de la vista a alguien cuando se precisa que otro allane la morada sin que el que se acicala se entere. E incluso pueden ser espacios ideales para los asesinatos, cocinados también entre brumas.
UN PASADO DE MALOS TRATOS, HOMICIDIOS JUSTIFICADOS O INCENDIOS PARRICIDAS
No siempre encaja, pero es un recurso igualmente recurrente. El flashback puede ir mostrando retazos del pasado de la protagonista o entreverar lo que traumatizó al personaje psicótico de turno. Generalmente no hay mucha variante en ese antaño de los personajes: o alguien incendió la casa y quemó a los padres, por lo que lleva la semilla del fuego aunque no estemos en un largo y cálido verano, o la chica mató a su padre maltratador cuando era niña (con pistola de los padres o empujón por escalera), aunque conste otra versión oficial, o a quien ahora mata hace tiempo le pegaron mucho o le encerraron en sótanos o armarios y eso le hizo ser como es.
CHICAS QUE SON FISCALES, JUECES, ABOGADOS, FORENSES, POLICÍAS…
Es un elemento que no tendría nada de relevante (afortunadamente en estos tiempos), pero lo que a veces choca es que todos los personajes que tienen alguna capacidad de mando en la trama, requieren prestaciones técnicas y no son negativos correspondan al sexo femenino. Puede ser así porque se estime que los destinatarios de este tipo de productos son mayoritariamente mujeres (como si el género implicase preferencia por relatos protagonizados por el mismo género), o venganza por tantos años sin papeles decisorios —¿tantas alforjas solo para ese viaje de réplica a la inversa?—, o quizá solo se trate de contribuir a ese objetivo de empoderamiento, como antes comenté. Me quedo con esta última motivación como la más razonable (sin que por ello deje de odiar ese término). Pero en ocasiones parece como si estuviéramos ante esas historias de afroamericanos de los ochenta en las que no había ningún blanco ni en casa ni en la calle ni en la oficina. ¿Demasiada mercadotecnia perfilando mercados meta? ¿O es una muestra más de ese marketing hormonal?
MUJERES ARPÍAS
Si las mujeres se llevan en este mundo del telefilm de sobremesa casi todos los papeles positivos que requieren destreza, mando y dominio, no podría ser menos con los negativos: pongamos una arpía en una trama y esta ya ganará enteros con vistas al público femenino, y también al masculino. La perversidad encarnada en una dama permite que el mal se muestre con destellos de sofisticación, sin excesos de testosterona. Menos mamporros y más veneno, verbal o químico. Menos mal: aquí lo hormonal ya no es el marketing, sino la narrativa.
MARIDOS BLANDITOS, INCRÉDULOS, CONFUSOS Y DESESPERADOS
Como contrapartida al dominio imperial femenino en estas producciones, a los hombres no les queda ningún papel positivo que sea determinante. Cuando no son papeles negativos, su rol está en el hogar, como maridos entregados, caseros, adaptados a los requerimientos profesionales de sus cónyuges, replicando así tantos papeles que las mujeres han desempeñado en el cine clásico hasta no hace tanto. La diferencia está en que ahora no es por algo acompasado a los tiempos, ya que los hombres no han llenado los espacios que han dejado las mujeres clonando sus roles instados entonces por aquella sociedad. Lo único que sucede es que en los argumentos actuales es lo que queda: no hay espacio para mucho más en el segmento de lo positivo, asociado sobre todo a las mujeres. Para protagonizar papeles de mayor calado ya tienen otras producciones dirigidas a varones testosterónicos. con mucho motor, explosiones y backgrounds de llamaradas. Aquí, los maridos se quejan porque sus mujeres trabajan mucho y no se las ve por el hogar, no se creen a sus parejas no policías cuando estas les dicen que sospechan de algo y las tachan de neuróticas, ponen reparos asustados a la investigación de sus cónyuges si es arriesgada, se alarman viendo en peligro a la familia… Pero al final reconocen su empeño, valía y poder, y se humillan, encantados de que les perdonen su falta de confianza. ¿Venganza feminista o es que el ideal femenino era quítate tú para ponerme yo, y tú ponte en mi sitio de antes? Prefiero creer, como tercera opción, que solo es lo que toca argumentalmente al objeto de marcar un contraste en las tramas con la imagen social y profesionalmente poderosa de la mujer actual. Resulta un tanto forzado lo de esos hombres tan pasivos, encajados en lo que se espera de ellos, pero si además del marketing de producto hay un segundo objetivo social, como yo sostengo, pues bienvenidos sean estos papeles de contraste… siempre que la cosa no dure eternamente.
MARIDOS MALTRATADORES
Si en la parte positiva hay poco espacio para los varones, en la negativa tienen adjudicado un papel estelar: el de marido maltratador. Obviamente, ese no puede representarlo más que un hombre. No hay nada raro, por tanto, en que haya tantos papeles de este tipo, porque por desgracia hay muchos energúmenos del sexo masculino campando a sus anchas por estos mundos haciendo de las suyas. Solo resulta forzado cuando no se centra sobre ellos la trama, cuando no aportan nada más allá de un plus de contraste a la virtud del personaje femenino. Viendo tanto marido apocado o maltratador, me pregunto: ¿se extinguieron los hombres de buena pasta con algo de carácter?
MUJERES CON MIRADAS FEROCES GOLPEANDO SACOS DE KICK BOXING
Si la mujer del thriller vespertino es poderosa, arrojada, temeraria, tenaz, intuitiva…, y debe lidiar con hombres blanditos, violentos o con pulsiones psicóticas, y también con congéneres femeninas de ánimo rapaz y manía por el reajuste de frenos y el aliñado farmacológico de cafés y copas de vino, no está de más que de vez en cuando ella muestre sus dientes y garras y lance miradas asesinas. Pensando en este fin, nada mejor que recurrir de nuevo a la directora de casting —profesión femenina por excelencia— y pedirle que nos elija a alguna actriz como Jamie Luner, Olivia Wilde, Josie Davis o Dina Meyer, que saben mirar e infundir temor. Si no están disponibles, la cosa puede solventarse dotando a la protagonista, actriz de mirada más noble, de un plus de temperamento —pidiéndole que fuerce los gestos de disgusto— o añadiéndole alguna costumbre como la de desahogar sus tensiones dando patadas y puñetazos a un saco de arena como si quisiera acabar a golpes con todo el mal del mundo. De esas mujeres tampoco hay muchas en la realidad, tan del gusto masculino, pero si nos empeñamos en imaginarlas así, cada vez habrá más en la vida misma dando, o dándose, mamporros bajo techos de gimnasios y sobre suelos de lona, tratando de imitar a Holly Holm, Ronda Rousey o Amanda Nunes. Me gusta la idea. Empoderamiento con puños enguantados.
EL EX DE LA AGENTE POLICIAL
El policía separado o divorciado no es un personaje exclusivo de las tvmovies, ya que este elemento recurrente se consagró hace décadas en el thriller de estreno en cines, pero este producto televisivo lo ha incorporado sin titubeos. La profesión policial no parece ser compatible con la estabilidad de la pareja. O será que tener un ex, y más si es problemático, aporta ese plus de tensión y desquiciamiento que evita tener que sudar mucho perfilando psicológicamente a los personajes. Si algo funciona, por qué matarse a buscar otros rasgos que le den volumen. Y si funcionaba cuando el que empuñaba la pistola era un hombre, pues lo mismo cuando quien vela por nuestra seguridad es una mujer.
POLICÍAS QUE TUVIERON UN ROLLO
A veces el ex de la ahora detective del cuerpo, o ayudante del fiscal, era policía, o también ayudante en ese ministerio público. Y vuelven a encontrarse. Y hay chispas. Naturalmente, él querría volver, pero ella está ya en otra dimensión, y servir y proteger es lo primero. Por eso no lo conseguirá. Ella ya ha emprendido una nueva etapa. Eso sí: se dejará ayudar si él en el fondo era de buena pasta, a pesar de sus infidelidades anteriores, aunque ese apoyo será secundario, porque ella resolverá sus conflictos por sí misma. Quizñá haya alguna escena amorosa, por eso de los buenos tiempos, pero sin futuro. El ayudante será azul, si es poli, o si es un fiscal seriamente chaqueteado, pero ya no es un príncipe.
ADICCIÓN AL TRABAJO
Los ex de la ficción policial nacen sobre todo porque uno de los miembros de la pareja parece atender solo a su obligación profesional. Las mujeres no suelen tener un sofá en la oficina en el que dormir algún rato entre seguimiento y seguimiento, ni se afeitan con maquinilla eléctrica al día siguiente, ni sacan camisas limpias del cajón del despacho, pero su apego a las horas de tajo es la misma. De nuevo, si algo ha funcionado, si es resultón, para qué cambiarlo.
EL MARIDO TIENE UNA AMANTE EN SU TRABAJO
He dicho antes que los maridos o son blanditos y comprensivos, miedosos ante el riesgo, con muestra de cierto hartazgo de tanta profesionalidad de sus esposas, o son maltratadores. Hay una tercera opción: los que sin ser mala gente, tienen un buen trabajo (generalmente constructores o ejecutivos a punto de cierre de grandes contratos) y lo atienden con dedicación. Pero casi siempre se vinculan tanto a este que al final las horas de reunión prolongada en la oficina suelen combinarlas con otras de solaz con alguna secretaria o compañera de trabajo. El asunto provoca conflictos familiares, pero ya no son dramas: las esposas de ahora no son sufridas y abnegadas medias naranjas, sino que tomarán cartas en el asunto y les pondrán las maletas en la puerta, a poco que pillen un rato dentro del absorbente trabajo policial o fiscal.
POLICÍAS TOSCOS O INCRÉDULOS QUE LUEGO NO SON TAN MALA GENTE
Los polis que llegan en su coche y acuden hasta la puerta de la protagonista con el propósito de hacer las primeras preguntas ante una denuncia por amenazas, allanamientos o robos, o por otros indicios, no parecen creerse de inicio la versión de la protagonista. La policía no puede hacer nada hasta que hayan pasado unas cuantas horas, o hasta que haya más pruebas. Posteriormente incluso sospecharán de ella. Pero al final, o bien acudirán al rescate ya convencidos de su inocencia —tarde, justo a tiempo de constatar que la protagonista ya acaba de resolver por su cuenta el entuerto—, o abatirán al malvado en el momento culmen evitando la tragedia (disparando una mujer el tiro salvador, si es posible). Luego se disculparán por su resistencia a creer en las insistentes indicaciones de la protagonista y la felicitarán por su tenaz búsqueda de la verdad. Y si el poli era hombre e iba solo, quizá incluso se apunten a una posible cena en próximas semanas. Que cunda la originalidad en la ficción televisiva es lo más importante.
DESAYUNOS
Es el gran momento familiar, de la pareja sola o de esta con sus hijos, menores o adolescentes. Es el lapso de tiempo en el que se comen tortitas o huevos revueltos, se dan todos besitos, se presentan agendas y prisas, se negocia quién acompaña a quién al cole y se sueltan unos cuantos tequieros. En los desayunos casi siempre pasa lo mismo, salvo que a veces es cuando se comienza a barruntar que alguien que ha llegado para prestar un servicio muestra con demasiada insistencia su intención de quedarse y apunta maneras sospechosas. No dejen nunca que comande un desayuno ni la enfermera ni el cuidador ni la niñera ni la profesora de refuerzo, porque si sse hacen con las riendas de la primera comida del día es que albergan intenciones de conquista y sustitución familiar. Empiezan haciendo un rico desayuno, acaban adicionando en este sustancias no previstas y al final se tiran al cuello del acomodado marido dispuestas a suceder a su consorte.
CAÍDAS DE ESCALERAS O BALCONADAS INTERIORES
Se trata de un elemento narrativo que tampoco proviene del thriller: su fuente es el melodrama. Infinidad de abortos no deseados se producen en caídas forzadas por escaleras, y cadáveres a miles se trabajan en los guiones para que sean consecuencia de sobrepasar pasamanos de balconadas interiores en casas y casoplones. Porque el interiorismo en el telefilm es sobre todo funcional. Se crean espacios que suponen riesgos de caída con el fin, lógico, de que luego vaya alguien y se caiga, aunque para ello el guionista deba ordenar a algún personaje que ayude con un empujón o propicie una pelea en el sitio adecuado que finalice en accidente por mor de la inderogable ley de la gravedad. Es la atracción del abismo.
CASOPLONES
Sí. Casas de revista, con dos plantas y gran espacio, cocinas inmensas con vistas a calle y mostrador central, escaleras al piso de los dormitorios, salones confortables con vistas a jardines y piscinas y mobiliarios modernos y de calidad. Un laberinto de estancias decoradas con ideas de interiorismo coquetón. Y eso con sueldos de policía. Si además hay algún fiscal, abogado, constructor, arquitecto, médico o artista, entonces la vivienda es ya de infarto. O eso, o pisos de mala muerte destinados a new kids o girls in town. En el sector inmobiliario del telefilm no hay términos medios. Eso sí: para beber agua, siempre del grifo, que queda muy bien para alternarla con crianzas y reservas, o como quiera que se califiquen los caldos nobles en Tampa. ¡Viva el contraste!
GALERISTAS, FOTÓGRAFOS, ILUSTRADORAS, VENDEDORAS DE PISOS…
Muy a menudo la protagonista es policía o ayudante del fiscal, pero no siempre. Hay otras profesiones en las tvmovies. Si es un personaje secundario, muchas veces enseña y vende pisos de lujo: ningún hombre osará nunca pretender ese puesto profesional. Las galeristas también son un coto femenino cerrado: solo algún personaje gay podría atreverse a pisar ese sanctasanctórum laboral, pero generalmente son artistas, no gestores. Y también son entrenadoras personales. O gestoras de eventos. O niñeras… En cuanto a las protagonistas, si no pertenecen a cuerpos policiales (locales, del condado, estatales o federales) o trabajan en la fiscalía, entonces son ilustradoras, fotógrafos, decoradoras, interioristas, gestoras de cuentas publicitarias…; raramente son periodistas (profesión más habitual en mujeres en los productos de ficción cinematográfica). Aunque ya han empezado a entrar en la informática, como diseñadoras de videojuegos, programadoras o incluso hackers (la estela de la sueca Salander), este thriller casero sigue fallando en la causa del empoderamiento: hacen falta muchas más profesiones que se alejen de los estereotipos femeninos. ¿Por qué no una estibadora de puerto, una conductora de retroexcavadoras, una piloto de helicópteros, una limpiadora de ventanas en andamios o una bróker en los mercados de derivados?
MADRES QUE ESTUVIERON EN TRATAMIENTO POR PERDER UN HIJO Y…
Es un personaje muy socorrido. La pareja perdió un hijo pequeño en un accidente y ella se culpó, entró en una depresión y necesitó tratamiento psiquiátrico. Luego se recuperó, abandonó el sanatorio privado y dejó las pastillas. Ahora, cuando se ve en algún conflicto y muestra sus sospechas en su entorno, todos creen que mamá ha recaído. También la policía. Más que un elemento narrativo, parece un esquema de trama, pero generalmente no llega a serlo: es solo una modalidad de situación de un personaje, inserto en otro planteamiento argumental (de los citados en el próximo post), y por eso lo menciono aquí. Por supuesto, este elemento cobra toda su fuerza combinado con el marido incrédulo antes comentado y con los policías que también parecen abonarse a la desconfianza inicial.
SUSTANCIAS Y VENENOS EN LA BEBIDA
El recurso a pastillas o sustancias, hipnóticas, ansiolíticas o directamente venenosas, disueltas en vinos y zumos, en cafés y copas de champagne, se da con profusión en todo tipo de esquemas del telefilm. Como las tramas están gobernadas de manera preponderante por mujeres, los modos de dominio y las modalidades de asesinato preferidas giran siempre sobre la intoxicación. De arpías va la cosa. Ya no hay polvillos salidos de anillos con compartimentos, como en la antigüedad romana, medieval o neoclásica, pero basta con aplastar alguna píldora, extraer el polvo de cápsulas o tirar directamente de algún frasco con etiqueta de calavera y huesos, sea un veneno de lujo o simple mararratas, para darle el toque fatal a bebidas —eso sí es angostura— o a pasteles, y lograr así que los personajes que molestan a la malvada de turno se duerman al volante y se salgan de la pista, o parezcan adictos a drogas que han recaído, o directamente la palmen en el momento oportuno, justo antes de un inminente desenmascaramiento o testimonio de cargo.
FÁRMACOS Y FRASCOS DE PASTILLAS
Muy recurrente es también que la protagonista se maneje con esos frascos de receta personalizada, con nombre y apellidos en la etiqueta, que contienen ansiolíticos o somníferos. Resulta cómodo manejar las percepciones sobre el perfil de la protagonista a partir de su juego con esos fármacos: que los ingiera en exceso, que los abandone, que vuelva a recurrir a ellos temporalmente en un momento de debilidad, que le tienten pero se resista, que finalmente los tire por la taza del WC o por el sumidero de la fregadera… Naturalmente, ello puede combinarse con la injerencia de la arpía de turno, ya citada, que puede optar por introducir pastillas machacadas en alguna bebida. La secuencia: mezcla de benzodiacepinas en el brebaje salido de una licuadora o guardado en la nevera, seguido de analítica de sangre de la pertinaz y presuntamente paranoica investigadora, seguido de pérdida de credibilidad en sus acusaciones por su confirmada etiqueta de adicta sin remedio que ha vuelto a recaer…
JERINGUILLAS
Junto con el cuchillo de cocina y la pistola sacada del armario, forma la tríada del armamento en las tvmovies (la cuarta arma sería el bate de béisbol). Las utilizan niñeras, enfermeras y cuidadoras que practican malas artes, y doctores, psiquiatras o fisioterapeutas psicóticos. La profesionalidad de esos personajes se ve en que, aunque traten de asesinar a la protagonista o a su amiga confidente inyectándoles alguna sustancia mortal, siempre expulsan la gotita de la aguja, no vaya a ser que se produzca una burbuja en vena y la muerte no sea por la causa prevista por el guionista. El lugar predilecto para clavar la jeringuilla es el cuello, aunque también suele hincarse en la espalda con un golpe seco que demuestra la gran calidad de las agujas. Sus efectos, sea cual sea la sustancia, suelen ser inmediatos: en una décima de segundo, la víctima es historia. Pero si no atina bien o estamos ya en el desenlace final, será el villano o villana quien deje este mundo probando su propia medicina. Dan más miedo algunos personajes con una jeringuilla en una mano y un frasquito en la otra que un militar con un lanzallamas o un lanzamisiles Stinger al hombro.
MADRES INVASIVAS Y POSESIVAS
Antes hablaba de las protagonistas que son madres, y ahora de las madres que lo son de las protagonistas o de sus nuevos novios. Las hay de dos tipos: el primero, el de las progenitoras posesivas. No ven con buen gusto perder a su niña o a su hijito del alma, y por eso medran en segundo plano con el objetivo de alejar novios o novias, llegando si es preciso a la ya citada introducción de sustancias en bebidas o alimentos o a la manipulación de frenos de vehículos.
MADRES RAZONABLES Y CONSEJERAS
El otro tipo de madres es el polo opuesto: abiertas, comprensivas, deseosas de lo mejor para su chico o chica y siempre dispuestas a dar buenos consejos fruto de su experiencia sin por ello invadir soberanías. Generalmente viven en el mismo lugar, a veces incluso en la misma casa si la protagonista está divorciada, pero también pueden estar más lejos —como residentes en alguna lo que sea beach: Long, Palm, Miami, Malibú…— y comunicarse por vía telefónica o telemática. Estamos en un tipo de ficción que no parece admitir matices: o lo uno o lo otro. O la madre no es trigo limpio o es un cruce entre consultora, gurú, consejera y confesora: un oráculo con su hombro disponible.
HIJAS MÁS BAJITAS QUE LAS MADRES
Este es un elemento chocante, y no sé si atribuirlo a una cuestión formal de casting o considerarlo un factor más de contribución al encumbramiento de los personajes femeninos protagonistas. Sucede que si la heroína es como Natasha Henstridge o Teri Polo, u otras espigadas féminas similares, quizá resulte conveniente que la hija, ya de largo postadolescente, sea más bajita con la intención de que su progenitora parezca ser madre a pesar de su aspecto joven, dado que en la elección de repartos no siempre las edades de las actrices coinciden con las de los personajes. Pero podría ser que también se utilizara esta diferencia visual con el fin de contribuir más al empoderamiento femenino de la heroína, vía subliminal, y en este caso sin recurrir al contraste masculino. No sé, no sé…
AMIGAS QUE HAN DE MORIR
Este elemento tampoco nace en el telefilm. Si enterráramos en un mismo camposanto a todos los amigos o colaboradores de protagonistas que mueren por causa de luchas en las que colaboran pero que no son la suya, asesinados, claro está, por malvados, pero sobre todo por sus guionistas, necesitaríamos todo el desierto de Nevada y parte del de Arizona para darles sepultura. De hecho, este componente es uno de los más tradicionales de la historia del cine. Típico en el western, en el thriller clásico, en las cintas de aventuras, en las tramas de catástrofes… En las tvmovies, la amiga confidente antes mencionada tiene muchos boletos para dejar este mundo, bien por ser confundida con la protagonista como diana errónea por el matón que ha subcontratado el malo de turno, bien por ayudarla en su investigación convirtiéndose en un peligro que amenaza la integridad del malvado, bien por coger el coche que no le correspondía en cuyos frenos alguien había hecho reformas, bien por encogerse bajo mantas en la casa de su colega y aparentar ser el cuerpo que no es en la noche en la que no debía… También pueden ser atropelladas en esplanadas de centros comerciales o sufrir accidentes de carretera provocados, o caer con sus vehículos a estanques o puertos. Lo curioso es que el duelo por parte de la chica que comanda la historia no suele ser excesivo: alguna lagrimita y un par de pucheros, pero borrón y cuenta nueva; descubrir al villano o salvar la propia reputación ante acusaciones injustas es mucho más importante, por lo que no hay tiempo para más. Ya se le llevará alguna florecita a la lápida en la escena final.
MONOVOLÚMENES Y TODOTERRENOS
Las protagonistas, sus maridos y novios, las amigas confidentes, los policías, los ayudantes del fiscal… Todos parecen gustar de conducir alejados del suelo por neumáticos enormes. Da igual el sueldo. Si tienen coche, es un altísimo monovolumen o un 4 x 4 siempre supuesto a persecuciones a campo traviesa. Solo millonarios, directivos de gran relumbrón y políticos ambiciosos parecen tener otro gusto automovilístico: la limousine (the limu, como se la conoce en EE.UU.). O si algún personaje es acomodado puede conducir un buen coche alemán. O si quien maneja el volante es un maltratador o asesino en serie quizá opte por un pick up con trasera para transporte de objetos varios bajo mantas. Otros vehículos —viejos coches desvencijados que parecen herederos del utilitario del teniente Columbo, descapotables descomunales perfectos para huídas on the road, con o sin final feliz, o deportivos relampagueantes— son propios de otros mundos de ficción.
MILLONARIOS Y POLÍTICOS CORRUPTOS O AMBICIOSOS
De ellos precisamente va este otro elemento. Está el ambicioso alcalde que quiere ser gobernador, el ayudante del fiscal que quiere ser fiscal y el fiscal que también quiere ser gobernador. Y el juez que se ve en el Supremo. Y el congresista o senador que ya se imagina sentado tras la mesa del despacho oval. Todos, pululando alrededor de caciques y hombres fuertes de la zona, millonarios que deciden todo y tienen untado a todo el mundo. Personajes, los citados, casi siempre masculinos, aunque también dejen ocasionalmente espacio a alguna arpía que se lo merezca por su no disimulada falta de escrúpulos. Como sujeto especial, tenemos al candidato en proceso electoral: suele ser malévolo, pero algo tonto, manejado por su jefe de campaña. En cuanto a los proyectos que manejan, siempre parece haber algún solar tentador en el que quieren edificar a lo bestia machacando viviendas sociales. Nada nuevo bajo el sol.
ACCIDENTES EN LA CARRETERA
Ya he mencionado lo de la manipulación de los frenos. Pero también están los coches que aparecen de sopetón e intentan echar a otro de la carretera (a la protagonista, a la amiga confidente o al detective contratado por la primera a media trama), preferentemente en alguna cornisa o puerto de montaña, o en una carretera entre bosques. Algunas víctimas se salen de la pista y sus coches topan violentamente contra un árbol. Otros vehículos caen ladera abajo, a veces dando volteretas, y la explosión/ignición final suele ser como la erupción del Krakatoa. Aunque en ocasiones alguien se salva, o acaba en la UCI, suele quedar fuera de juego en la historia hasta el final de esta. Muere en la trama o desaparece de esta. Da lo mismo, porque no es protagonista y su aportación ya estará amortizada.
LIBRERÍAS, BIBLIOTECAS, EXPOSICIONES, DISCOTECAS, BARES, RESTAURANTES…
Todos estos espacios, idóneos para vivir encuentros sociales, son habituales en las tvmovies de la tarde. Lo curioso es el uso que se le da a cada uno de ellos, apenas sin variantes. Las librerías son utilizadas para encuentros en los pasillos de estanterías (buscando información y consiguiendo confidencias) y para presentaciones de libros; a las bibliotecas se va sobre todo a consultar registros de hemerotecas de pasados tenebrosos de personajes que han empezado a mostrar signos preocupantes (como la propensión a la piromanía); las exposiciones son inauguraciones propicias para ligues y cortejos barnizados de sofisticación; a las discotecas se va siempre porque unas amigas insisten en sacar a la protagonista, que últimamente no liga nada y hace tiempo que no ha…; en los bares matutinos y vespertinos hay encuentros tête à tête para revelar secretos, hacer confesiones o lanzar ofertas, y en los nocturnos, encuentros casuales que luego traerán cola; en los restaurantes se dan comidas de negocios, pero sobre todo citas de las protagonistas y sus nuevos novios, esos que poco tardarán en revelar que tienen trastienda… Podría haber otras historias en esos lugares, pero… ¿por qué cambiar lo que siempre funciona?
GIMNASIOS
La sala de fitness, de spinning, de aparatos de pesas, es un espacio singular en este tipo de ficción. En semejante sitio se arman relaciones con las que serán amigas confidentes, dado que es un lugar idóneo para rabiar, etiquetar y conspirar, pero sobre todo se reciben ofertas para prestaciones de servicios a domicilio —de potenciales niñeras, cuidadoras, profesoras particulares, entrenadoras personales…— o para compartir viviendas. Aunque la protagonista inicialmente no lo sabe (ironía narrativa), es la antesala de la perdición, porque ello no solo no le traerá nada positivo, sino que será el primer paso para meter al demonio en el hogar. ¿Relaciones con hombres en el gimnasio? Como mucho, con algún fisioterapeuta que luego se revelará psicótico. Porque si ya los hombres de los telefilms son toscos de por sí, perfilados a martillazos, si además son habituales del gimnasio con tendencia a la vigorexia entonces ya suelen mostrar un encefalograma plano. Como si no fuera compatible la cultura con el músculo.
LLAMADAS, MENSAJES Y SMARTPHONES
El móvil (celular, en América) es el elemento estrella de la ficción de tema contemporáneo elaborada en el siglo XXI, especialmente desde que llegaron los teléfonos inteligentes a nuestras manos con todo su potencial adictivo. Nada puede ya suceder sin que esté trufado de continuas llamadas al smartphone, pérdidas y recuperaciones de este, mensajes y chats, amenazas, videoconferencias con imagen de secuestrados, móviles especiales puestos por los propios secuestradores, geocalizadores, vistazos a terminales ajenas, mensajes enviados en el móvil de otro por quien se queda en la mesa, en un descuido de su dueño al ir al lavabo del bar o restaurante… En el fondo, no es nuevo ese uso narrativo del teléfono. ¿Qué sería Bogart sin tener a su alcance uno de esos aparatos que deben sostenerse con una mano junto a la boca y manteniendo el auricular separado con la otra mano junto a la oreja? Desde que hay teléfono, ha sido un elemento importante en el thriller, pero en las tivimuvis es un ingrediente estrella. ¿Usos originales? No pidamos la luna.
PERROS Y GATOS QUE DESAPARECEN
El San Bernardo, Golden Retriever, Labrador, Collie o Jack Rusell de la familia de la protagonista a menudo desaparece. Puede que luego reaparezca sano, con lo que no habrá sido más que una distracción del guionista para tensar y relajar la trama, como un sorbete narrativo, pero no es raro que se los encuentre envenenados, por supuesto, por causas achacables al psicótico de turno. Los gatos se esfuman sin tanta alarma en las familias, pero si después reaparecen sin vida, lo suelen hacer en estado más que lamentable. O sea, espanzurrados. Un gato muerto es una señal de advertencia. Un perro muerto, una amenaza directa, un ensayo de laboratorio de lo que puede suceder.
PLÁSTICOS COLGADOS A MODO DE TABIQUE PROVISIONAL
De nuevo es un elemento heredero del thriller cinematográfico, en este caso del nacido a finales de los ochenta y principios de los noventa, los tiempos de la buddy movie y el psicothriller de tercera generación (la primera fue la freudiana de los cuarenta; la segunda, la sesentera, de genética hithcockiana). En naves industriales, almacenes, sótanos abandonados y casas en reforma o rehabilitación, las estancias casi siempre están separadas por plásticos translúcidos, impregnados de mugre, polvo o grasa, que cuelgan de los techos. Inquieta eso de investigar espacios a los que se accede empujando esas antipáticas y nada tranquilizadoras cortinas de plástico o hule, como si fueran cortinillas de antro chino pero sin glamour. Pero si eso estremecía durante décadas a hombres con ánimo investigador, sin arredrarlos, ahora no iban a ser menos las representantes del otro sexo. Solo una mentalidad psicópata puede elegir un sitio así para esconder sus fechorías: un hombre, porque al otro lado de alguno de esos plásticos solo puede esconderse un varón con la cabeza trastornada, no una mujer, porque las arpías tienen mejor gusto y no son amantes de coleccionar objetos y personas en sótanos o habitáculos abandonados, desvencijados o en transición.
PORTÁTILES SIEMPRE ENCENDIDOS
En algún momento de la trama alguien deberá utilizar un portátil, un notebook o un netbook (raramente una tableta). Puede ser el propio y usarse para realizar búsquedas, dialogar en videoconferencia o chatear con desconocidos que no serán quienes dicen que son, o con psicóticos aburridos que quieren jugar con la protagonista. También puede ser una unidad ajena, que quien investiga tomará con la intención de husmear en las navegaciones de su dueño o encontrar mensajes de correo sospechosos o esclarecedores. Por supuesto, estos portátiles, propios o ajenos, siempre están encendidos, incluso aunque estén cerrados. Si es que duermen en suspensión de energía, se reactivan con pasmosa facilidad, y sin contraseña. Si por el contrario estaban apagados, entonces el encendido es ya de una velocidad impresionante. Nunca los desenchufan si los mueven, por lo que no cargan salvo que sea en alguna modalidad inalámbrica electromagnética. En fin, terminales disponibles para lo que se tercie. Nada raro, ya que hasta los móviles retienen su carga aunque hayan estado largo tiempo perdidos.
CONTRASEÑAS OBVIAS O FACILITAS
Sí. A veces, cuando sería ridículo que los portátiles estuvieran sin contraseña, se resisten a abrir su contenido al visitante no legitimado. En tales casos, el curioso debe pensar en alguna contraseña que abra la compuerta del tesoro. Puede ser un nombre propio. No. Error… Una fecha. No. Error… A ver…, a ver… Ya está… Podría ser… Bingo. Ni barras, ni iguales, ni comillas, ni mayúsculas ni minúsculas, ni números… La contraseña es siempre lo más evidente. Ese lugar. Ese mote cariñoso que le decían de niña. Esa frase. Ese nombre del yate. Y además, quizá se haya sembrado ya en el guión alguna mención enfatizada a esa clave. Para qué complicarse, si este tipo de telefilm es un producto funcional que no aspira a ganar un Emmy. Pero si el productor es de los exigentes, que quiere lo mejor, pues póngase un amigo hacker en la trama. Alguien que parezca un poco friki y dé el pego para que nos creamos que es de los que puede piratear la NASA mientras ingiere hamburguesas con chuches. Todo por la calidad creativa.
BUSCADORES, CHATS Y WEBS DE CITAS
En los portátiles, y a veces en pantallas de ordenadores de oficina, se recurre con frecuencia a buscadores (no siempre son Google: a veces in siquiera los conocemos o son inventados). En la ficción televisiva, los resultados útiles de las búsquedas, generalmente consultas dirigidas a comprobar perfiles de personas y tratar de encontrar pasados inconfesables, son inmediatos. Parece como si todos los sitios web tuvieran un certificado de máxima excelencia SEO. O será la urgencia narrativa. Pero… ¿acaso los guionistas de tivimuvis no han oído hablar de una figura narrativa llamada elipsis? También se hace uso habitual de herramientas de chat, con o sin videoconferencia. Los chats sin imagen revelan siempre que el interlocutor al otro lado de la pantalla es un mecanógrafo rapidísimo, porque llegan las réplicas casi antes de que puedan llegar los mensajes de la protagonista. También son muy socorridos en estos argumentos los sitios web de citas, que nunca traen nada bueno (porque lo positivo de estos enlaces virtuales suele acontecer en las comedias, sean telefilms o producciones cinematográficas).
PIEDRAS OPORTUNAS, ESTACAZOS Y DISPAROS FINALES
Bienvenidos al mundo de los deus ex machina. (Llamémosle DexM para abreviar). Ya no son presencias divinas, crísticas o embebidas en santidad que se bajan con poleas y se muestran dispuestas a salvar las situaciones conflictivas planteadas en escena y llegadas a callejones sin salida. Ahora pueden asumir tal función personas u objetos, y también sucesos oportunos. Uno de los recursos más utilizados es la oportuna presencia de una piedra del tamaño adecuado (asible con una sola mano, dura para hacer alguna avería en cabeza ajena) cerca de quien está siendo en ese momento estrangulada. Pero cuando no parece adecuado recurrir a la roca, hay otros DexM también socorridos: aparece otro personaje que reduce el agresor con una rama o estaca que ha encontrado casualmente en la zona del forcejeo entre el villano, macho o hembra, y la protagonista. También puede ser una bala en el momento cumbre, disparada por otro agente de policía o por algún personaje del bando positivo. Pueden llevar el arma por sí mismos o encontrarla allí. Pero para esto último, es preciso el elemento siguiente.
LA PISTOLA QUE CAMBIA DE MANO
En este caso no estamos ante un DexM, sino de nuevo frente a un facilitador de este recurso. En los forcejeos, las pistolas caen al suelo, saltan, resbalan por el piso, luego se recuperan y vuelven a perderse hasta que parecen ya no importar. Falso. Solo han quedado fuera de plano, pero al alcance de quien actuará como DexM. ¡Qué sería de los guionistas sin las pistolas volantes y deslizantes!
PATADAS EN LAS PARTES
Otro facilitador, pero en este caso no sirve como siembra de un DexM posterior, sino que funciona directamente como recurso efectivo para dar nuevas oportunidades a la protagonista. No es fácil acertar en la zona testicular para que se produzca ese dolor insoportable inutilizador de varones aunque estén bien musculados, pero las protagonistas saben salir de acosos y atolladeros propinando rodillazos o patadas con inigualable puntería en el bajo pubis, inmunes a los nervios del momento. Claro está que si la protagonista es de las que practica kick boxing en el gimnasio, entonces la cosa ya tiene mejor explicación. ¿O será que lo que arruga a los malvados es la humillación ante la fémina porque saben elegir dónde darles el toque de gracia, una zona simbólica, aunque el impacto no llegue siempre a la dual y dolorosa zona blanda?
PUERTAS Y VENTANAS ABIERTAS O LLAVES BAJO MACETAS
En este caso tampoco estamos ante un DexM. Es otro facilitador. En un mundo en el que campan psicóticos, corruptos, ladrones, maltratadores y violadores, pues qué mejor que dejar la llave de la casa unifamiliar debajo de la maceta. O si no, pues se deja siempre una puerta trasera no cerrada que dé al lavadero o cocina o alguna ventana de apertura vertical sin el pestillo puesto. Así no hay que articular soluciones cuando alguien decide entrar donde no debe, sea la heroína investigadora o el siniestro asesino.
SECUESTROS FINALES EN LOS DESENLACES
Muchos desenlaces en estos productos de ficción se lanzan con escenas punta que obligan al choque definitivo entre el lado bueno y el malo de la trama. Nada mejor para ello que un secuestro. No se activa ya a estas alturas con ánimo de pedir rescates, sino que solo se busca plantear permutas (dinero, documentos, grabaciones, fotos, pendrives…) o simplemente provocar el duelo final entre antagonistas. Los personajes empaquetados en maleteros o empujados a traseras de furgonetas pueden ser niños o maridos (de esos blanditos y temerosos), porque a la amiga de la protagonista quizá ya le hayan dado pasaporte o esté aparcada en cuidados intensivos hasta la escena final.
ESCONDITE EN LA CASA
La casa es el templo de la intimidad, y por ello constituye el destino preferido de los enemigos. Además, si toca ya liquidar a la protagonista, una de las maneras posibles es asaltarla mediante servicio a domicilio. No es la mejor solución para el agresor, pero sí para la víctima, no en vano conoce el terreno como nadie. Una vez esté dentro el peligro acechante, la heroína correrá por las escaleras del casoplón y se refugiará en dormitorios, baños, armarios, desvanes… El agresor suele ser habilidoso y penetra estancias con facilidad, con lo que la escena suele ser un auténtico recorrido por el interior del inmueble, una visita guiada un poco acelerada. Pero quien mejor lo conoce es su dueña. A veces suele haber un arma en una pistola en un armario, y es un bien instante para cogerla, para que entre en juego con su posterior baile de saltos y deslizamientos, antes comentado. También será el momento para que entren en liza los cuchillos de cocina, que ya habrán sido mostrados durante la trama anticipando su función final. Y si hay balconada o escalera, ya sabemos cómo puede acabar todo. La morada es el espacio ideal para que varios de los elementos recurrentes de las tvmovies cobren todo su protagonismo.
PEQUEÑAS EMBARCACIONES Y PUERTOS DEPORTIVOS
Aunque no sea un elemento de los más reiterados, el pequeño embarcadero con yates o veleros de modesta eslora y lanchas diversas aparece en muchas producciones. El puerto puede estar junto a un lago grande o en una zona costera. Alguna escena tendrá lugar en la cubierta del pequeño yate, otra en su interior. Una primera escena puede transcurrir en la parte amable de la trama. Otra, en la siniestra. Algún personaje será excéntrico pero encantador. Otro perverso. Estos embarcaciones son un mundo escueto pero útil para manejar las dualidades espacio cerrado/espacio abierto, y espacio quieto/espacio móvil, muy adecuadas para combinar momentos de tensión y de relajo y mover la trama. También puede servir solo para para simbolizar un final esperanzador, o adecuarse a esquemas narrativos que implicarán excursiones y aventuras vacacionales con problemas, una variante que suele alejar a este tipo de thriller del argumento policial.
EL BRAZO DE CARRIE
No es tampoco un elemento propio del telefilm, y ni siquiera es moderno. Ya en el cine clásico podemos encontrar alguna resurrección sorpresiva de villanos que parecían ya escacharrados, dispuestos a dar guerra final con un último coletazo de vida entregada a la maldad, pero en la era moderna de la ficción es cuando se ha convertido en un componente casi obligado. Lo llamo el brazo de Carrie porque es en esta película de Brian de Palma en la que, por lo que yo recuerdo, se reinstaura el elemento para la modernidad, con gran habilidad, en forma de brazo salido de modo fulgurante de una tumba. Desde entonces, que no falte ese toque final. Ya le puedes dar al malvado —sea un varón maltratador o un asesino en serie, o una fémina arpía o psicótica— con estacas, bates de beisbol o atizadores de chimenea hasta machacarlo, o coserlo a balazos, que el cadáver desaparecerá del suelo en el último plano y reaparecerá por detrás, o se alzará de frente para tratar de morir matando. Nunca lo consigue, y tampoco provoca ya el efecto Carrie, porque la idea está muy gastada. Pero ahí sigue, fiel, en la mesa de los guionistas, o en la de los productores que juegan a serlo y no quieren experimentos. ¡Quizá si alguna vez matara a la protagonista en el último momento! Pero claro, eso podría indigestarnos la comida o quitarnos la ganas de merienda…
TE QUIERO, TE QUIERO, TE QUIERO…
No es un elemento de las tvmovies, sino de casi todo el cine norteamericano de las últimas décadas. En el cine clásico no se repetía esa frase salvo en lances amorosos, y con cuidado de la dosis, pero ya parece como ese hasta luego que le dedicamos por aquí a los desconocidos en los ascensores: una modalidad de saludo válida para todo momento presencial o telefónico, casi carente de contenido. Ideal en estos tiempos hiperemocionales. Si la gente se quisiera tanto, ni siquiera existiría el thriller criminal. ¿O será que la gente se dice querer tanto precisamente porque se quiere más bien poco?
Han sido 50. No siempre se manejan todos estos elementos, pero, salvo en casos excepcionales que se agradecen, siempre aparecen un buen puñado de ellos, y con escasas variantes.
Aquí termino este primer acercamiento, leve, como prometí, a los tópicos del telefilm vespertino con protagonismo femenino. Como ya he comentado, podría añadir alguno más, pero tampoco podrían ser muchos.
Solo me queda referirme a los NOMBRES DE PILA RECURRENTES. Si uno coge a un personaje que, por ejemplo, se llame JAMES WATERS, lo mismo nos sugiere un director de cine que un contable, un catedrático de física o un trabajador de la construcción; pero si le ponemos un LEE como apellido materno o segundo nombre de pila, entre el nombre y el apellido paterno —JAMES LEE WATERS—, ya parece un condenado al corredor de la muerte. Es la fuerza que tienen algunos nombres, y quizá por eso en los telefilms los productores tiendan a bautizar a los personajes sin moverse de una lista corta. Es el casting de nombres, que no requiere negociar salarios astrónómicos, sino solo ponerle imaginación.
Lo cierto es que cuesta encontrar una producción de este tipo en la que no se repita alguno de los más utilizados. Porque la lista es más bien corta.
Si tuviéramos que elegir a la familia tipo, la madre sería RACHEL (pronunciése réichel), el padre o nuevo novio, BRAD o CHAD (para mí que tratan de evocar la tríada DAD, BAD y MAD), y el niño, TIMMY.
Pero aunque no tan habituales como estos tres, hay otros nombres también recurrentes. En varones que hagan papeles de maridos o novios, casi todos suelen ser monosilábicos: CAL, KYLE, CLAY, MATT, CHUCK, DAN, DAVE, JEFF, TREY, BILL… En mujeres protagonistas o amigas de su entorno, de dos sílabas, AMY, KATY, ASHLEY, LISA, MEGAN, SARAH, MOLLY, ZOEY, MIA, HEATHER, JORDAN…, o alguno con tres, EMILY o MEREDITH… En niñas, los mismos nombres que se usan para sus madres. Y en niños, pues si gusta TIMMY, pues como alternativa, TOMMY…, o ETHAN. Muchos más no, por favor, que esos son tendencia.
Termino. ¿Cómo cocinar una tvmovie vespertina con protagonismo femenino? Pues, para que sea un reto para los guionistas, el mejor método es la insaculación.
Se eligen de dentro de un saco 10 elementos de los 50 aquí citados (revoviendo antes los papelitos) y de otro saco se extrae uno de los esquemas narrativos fórmula. Y a trabajar.
De este segundo saco va el siguiente post. Dejo también para esa entrada una brevísima reflexión sobre este género televisivo y sus fórmulas —con un apunte sobre los automatismos de diseño, que, como veremos, no suponen nada nuevo—, además de sobre el ya mencionado y en mi opinión importante objetivo de dejar clara la solvencia de las mujeres para gobernarse a sí mismas (algo mucho más crucial que lo que actualmente parece defender el nuevo feminismo). O sea, para dar un paso más hacia el fin del sexismo.
La fuente de la mayoría de iconos de esta entrada es Freepik – a través de Flaticon– con licencia CC 3.0 BY
Los restantes son imágenes libres de derechos