En diferentes procesos selectivos realizados a lo largo de mi colaboración con clientes de consultoría —todos ellos muy focalizados, no grandes acciones globales de captación— y en los diversos contactos que he ido teniendo con el fin de activar ocasionalmente tándems y equipos de trabajo (o de participar en estos) he tenido que reflexionar sobre las competencias que debe poseer una persona para ser capaz de elaborar contenidos escritos (sean formativos o técnicos).
Las conclusiones a las que he ido llegando, generadas poco a poco, requerirían una reflexión calmada, porque no siempre los rasgos que apuntaban maneras han contribuido al éxito ni los que infundían sospechas han llevado al fracaso.
Escritores y oradores
Hay personas, expertos y especialistas, que dominan la comunicación oral, pero hacen aguas cuando deben reflejar sus ideas por escrito. Y, del mismo modo, todos conocemos a auténticos dominadores de la expresión escrita que se estremecen, agobiados por el aleteo de mariposas en sus estómagos, cuando deben subir a un escenario —por mucho que solo se trate del pequeño escalón de un aula— a comunicar de viva voz lo que necesitan o se les pide transmitir. No es nada raro ni se trata de realidades que deban ser objeto de crítica: son solo profesionales que dominan una disciplina mucho más que otra.
Sin duda, si en un critérium atlético de primerísimo nivel obligáramos a los velocistas de cien y doscientos metros a correr el milqui o las carreras de cinco mil o diez mil metros (y no digamos ya la maratón) no solo fracasarían superados antes de la primera curva por los menos competitivos de la ronda, sino que con toda probabilidad acabarían gravemente lesionados. Y si, por el contrario, empujáramos a mediofondistas y fondistas a disputar las carreras de velocidad, apenas podrían dar unas zancadas antes de que sus competidores estuvieran ventilando ya la foto finish.
Generalmente se sabe cuando estamos ante un especialista en la comunicación escrita que no domina la comunicación oral o delante de un buen orador que se maneja con dificultad con los textos. En muchos casos porque ellos mismos lo confiesan y en otros porque ello se constata con rapidez a poco que se les vea entrar en acción.
Pero no siempre los perfiles son tan claros.
Así, hay profesionales que, presentando conocimientos y habilidades que en principio harían presumir un elevado potencial para la actividad de elaboración de contenidos escritos, suelen atascarse ante los teclados o las pantallas en blanco de un modo que podría resultar chocante en atención a sus perfiles, mostrándose incapaces de sacar punta por escrito a ideas sobre las que podrían pontificar durante horas apoyados en su facilidad de palabra. Del mismo modo, entendidos que dicen manejarse con cierta dificultad cuando deben salir de la comunicación oral y se ven obligados a poner negro sobre blanco sus compendios o construcciones intelectuales, acaban completando trabajos escritos notables a base de esfuerzo y dedicación.
Como decía, el asunto es complejo y por ello merece una reflexión más profunda a la que destinaré otro post. Aquí me limito a apuntar, a modo de aperitivo, algunos rasgos del perfil que, en mi opinión, debe presentar un autor para que podamos darle el calificativo de escritor técnico o temático (o de creador de contenidos técnicos). Dejo al margen aquí a los escritores de obras de ficción, no porque no deban compartir algunas de las competencias que cito aquí, sino porque la literatura y las artes escénicas son ámbitos de la creatividad que deben guiarse por criterios y referentes específicos.
El perfil de un creador de contenidos escritos
Para estar en disposición de alimentar medios, canales y soportes con contenidos funcionales, o con obras temáticas o técnicas, es preciso, en primer lugar, tener conocimientos suficientes en alguna materia relacionada con lo que se pretende comunicar. Parece más fácil que escriba sobre un tema quien lo domina por su formación (juristas, economistas, psicólogos, médicos, arquitectos, informáticos, ingenieros, técnicos en artes escénicas, músicos, filólogos, científicos, historiadores…) o por su profesión (abogados, asesores financieros, auditores, intermediarios de valores, directivos de empresas, empleados bancarios, actuarios de seguros, vendedores, directores de cine o teatro, pintores, instrumentistas, profesores, diseñadores de edificios, product managers, interioristas, terapeutas…).
Pero respecto de este primer punto, el conocimiento, y tirando de experiencia, veo preciso añadir dos matices.
- Lo primordial no suele tanto que aparezca en el perfil del escritor una formación o una experiencia que cubra directamente el tema que debe centrar el escrito, sino que la persona esté en disposición de confeccionar el contenido de manera rigurosa, sea por sus conocimientos ya adquiridos, sea por los que esté en disposición de reunir recurriendo a fuentes sólidas y fiables.
- Esa labor de documentación temática no puede limitarse a un acopio de datos, sino que debe ir seguida de una selección y un procesamiento adecuados de la información, que conviertan al escritor técnico en especialista temporal de la materia al nivel requerido, por exigente que sea.
Dicho de otra manera, o quien escribe sobre un tema es un entendido por su formación o profesión, o ha de convertirse en un especialista, sin restricciones, en cuyo caso habrá de tener un bagaje intelectual que lo haga compatible con el tema que debe tratar.
Ocurre así, por ejemplo, con algunos periodistas avezados o con ciertos escritores expertos en divulgación, capaces de afrontar temas diferentes con garantía de rigor sin que por ello en su perfil debamos colgar la etiqueta de profesionales especializados en esa materia.
Los creadores de contenido deben ser, por tanto, buenos documentalistas, tengan más o menos conocimientos de partida sobre la materia de la que se trate. Hasta tal punto es importante esto que entre un magnífico documentalista con conocimientos medios sobre una materia y un especialista en esta pero sin habilidades documentales, yo, para la creación de un documento escrito a dos manos me quedaría como socio, sin dudarlo, con el primero (aunque confieso que, en tal situación, trataría de vampirizar al segundo al objeto de que me contara todo lo que sabe).
Entendidos en la materia (o compatibles con esta) y buenos documentalistas… ¿Se necesita algo más? Por supuesto, tan solo acabamos de empezar, pero como esto era, prometí, solo un aperitivo, aquí va la bandeja de canapés.
Un profesional capaz de crear contenidos escritos, técnicos o temáticos, debe, en la medida en que sea posible:
- Dominar más de una temática como experto y/o especialista.
- Tener habilidad para la documentación.
- Poseer experiencia en divulgación temática y cierta afinidad hacia el diseño didáctico.
- Demostrar corrección gramatical, brillantez y versatilidad en la expresión escrita.
- Ser capaz de concebir y desarrollar contenidos textuales que además sean visualmente atractivos y con diferentes objetivos.
- Escribir rápido y para medios y soportes muy diversos, con visión multimedia.
- Aplicar las técnicas que cada tipo de contenido, de medio y de formato exigen.
- Tener mentalidad de guionista, o lo que es lo mismo, manejarse bien en la distribución y dosificación de la información.
- Mostrar una buena capacidad analítica.
- Concebir cada contenido priorizando siempre la necesidad que éste debe satisfacer.
- Mostrar predisposición a preguntar e indagar con el fin de no prescindir de datos relevantes.
- Tener un fuerte sentido crítico y autocrítico y saber aprovechar las opiniones de terceros.
- Entablar relaciones con sus clientes asumiendo el papel de asesor.
- Poseer ingenio e imaginación y mostrar la desinhibición propia de la vocación creativa.
- No poner por delante pulsiones de autoría cuando debe adaptarse a objetivos que no la requieren.
- Estar al tanto de la actualidad técnica, política y cultural, las tendencias en la creatividad audiovisual y las novedades en tecnologías de la comunicación.
- Manejar diversas herramientas que son necesarias para la documentación, la composición de textos y el análisis de contenidos
- Estar dispuesto a trabajar en muchas ocasiones bajo presión, condicionado por pautas, directrices, límites, acotaciones y líneas rojas, así como por calendarios apretados e incluso coronados por fechas deadline.
Podría mencionar más rasgos recomendables, pero, como simple refrigerio, solo se trataba de sacar el asunto a colación (nunca mejor dicho) y no de profundizar en este.
En todo caso, me apetece destacar una cualidad más como colofón: tener espíritu creativo e innovador y, teniendo en cuenta todos los referentes y condicionantes que sean precisos, basar el trabajo en la propia creatividad y no en la copia.
Es lo mismo que hace un futbolista cuando confía más en su talento y prefiere exprimir hasta el final una jugada en el área antes que arrancar una pena máxima del árbitro dejándose caer ostentosamente en la hierba como si le hubiera disparado un francotirador.
Para dedicarse a la elaboración de contenidos de calidad es preciso, en definitiva, combinar el talento comunicativo con ciertas habilidades operativas (entre ellas, la documentación) y con un dominio especializado de ciertas materias y disciplinas, mostrando capacidad y actitud para adaptarse al trabajo en entornos de alta exigencia.
Volveremos en otro post sobre la cuestión, con tiempo para poner algunos ejemplos.
Orador ante un micro es un icono Freepik de www.flaticon.com con licencia CC BY 3.0.
Escritor ante un teclado es una imagen Freepik denominada originalmente Manos escribiendo en el teclado.
Escribiendo es un icono Freepik de www.flaticon.com con licencia CC BY 3.0 denominado orginalmente Man studying with a laptop