Me refería en el anterior post a la figura del escritor negro o escritor en la sombra —lo que los anglosajones denominan ghostwriter — y a los elementos que podrían permitir evitar ese deslizamiento desde lo honorable (el asesoramiento creativo, entendible con facilidad como algo razonable para autores que requieran apoyo para elaboprar las obras que imaginan) hacia lo cuestionable (escribir un texto destinado a que lo firme otra persona fingiendo ser el autor real).
Como adelantaba, lo que se tercia es introducir en esta jugada algunos componentes que estrechen la distancia entre el ghostwriting y el asesoramiento. No es una solución que pueda evitar del todo la impostura final de que conste como autor quien no lo es realmente, pero sí puede atenuarla.
Pasos para un trabajo de escritura creativa en la sombra
Resumo a continuación el proceso, con los componentes citados, refiriéndome de momento solo a las obras escritas (creativas o divulgativas):

- La idea debe partir de quien al final firmará la obra, o de un promotor que quiere publicar alguna obra de esta persona. Los motivos pueden ser diversos:
- No interrumpir una trayectoria en momentos de sequía creativa.
- Aprovechar el potencial de ventas elevado de un autor o personaje.
- Completar cuanto antes una serie de publicaciones inconclusa.
- Saciar un deseo creativo arrastrado desde hace ya varios años.
- Contar algo que escuece mantener solo en la esfera privada.
- Homenajear a alguien cercano o admirado o dar solemnidad a algún hecho relevante.
- Reflejar una vivencia antes de que se pierda la memoria de los detalles…
- Se debe constatar que ese autor o no tiene habilidad suficiente para ejecutar una obra escrita, o carece de tiempo, disponibilidad y tranquilidad para acometer el trabajo, o se halla en un impasse creativo y un editor le presiona al objeto de que acabe una obra.
- Se le ha de plantear al autor la posibilidad de elaborar la obra con apoyo inicial o asesoramiento continuado, o valorarse esta posibilidad con el editor o promotor. Solo se optará por la escritura en la sombra si queda claro que al autor no le bastaría con ayuda para encarar los trabajos de documentación, redacción y revisión.
- El proyecto ha de iniciarse con unas conversaciones con el autor que firmará la obra, con el propósito de que aporte ideas, planteamientos, enfoques, elementos constituyentes, preferencias, visiones sobre el resultado deseado o imaginado, materiales vinculados ya elaborados con anterioridad, advertencias… Con ello podrá prepararse una propuesta o pre-diseño del trabajo.
- Se le expondrá al autor (y al editor o promotor, si lo hay) el pre-diseño, junto con el proyecto (fases y calendario, ajustados a la previsión o necesidad de publicación, si existe).
- Sobre los parámetros acordados, se elaborará una versión inicial de la obra (la V1). Durante esta puede ser preciso contactar de nuevo con el futuro autor firmante (e incluso entrevistarlo en una o varias sesiones) con el objetivo de procesar nuevas ideas que pueda seguir aportando. Asimismo, puede valorarse en algunos casos la posibilidad de avanzarle algún capítulo en elaboración para obtener cuanto antes una impresión directa, constatar el buen rumbo del contenido y evitar después enmiendas a la totalidad.
- Se entregará la primera versión al autor (y al editor o promotor) al objeto de que dé su primera opinión global y sugiera cambios, añadidos, eliminaciones, cambios de tono…, y se le solicitará que aporte nuevos datos o ideas si lo cree conveniente.
- Se elaborará la segunda versión (V2), con las líneas pactadas tras la valoración de la V1.
- Una vez finalizado el proceso, con la versión final ya acabada (tras una opinión del futuro firmante y del promotor o editor, si los hay, sobre la segunda), se entregará la obra, que debe ser publicable tal como está —este carácter de producto acabado susceptible de ser publicado con garantías es clave en el ghostwriting—, pero se acompañará de un pequeño informe sobre el material entregado que, además de describirlo y detallar, en su caso, las ideas incorporadas del que será firmante, incluirá sugerencias, líneas de desarrollo alternativas o comentarios que pueden permitir a este dar su toque final al material si lo desea.
El resultado ha de ser así una obra que, aunque no haya sido escrita por quien la firmará, es un reflejo de lo que habría querido elaborar, desarrolla sus ideas, planteamientos y visiones iniciales, incorpora algunos de sus modos expresivos y ha sido influida por este en sus diversos contactos con el autor real. Y debe quedar claro que, de no haberse elaborado así, con este tándem formado por quiern inspira y quien escribe, la obra no habría visto la luz en ningún caso.
Es cierto que la cosecha de ideas y planteamientos iniciales puede ser mayor o menor, y en ocasiones (más de las deseadas) el escritor en la sombra se encuentra con un proyecto muy abierto, casi no condicionado por quien lo firmará —si este carece de tiempo o apenas tiene una idea primigenia en la cabeza—, es decir, con un simple esbozo, y sin posteriores aportaciones para su desarrollo. Pero la opción de acercar la escritura en nombre de otro al asesoramiento creativo debe estar en el proyecto siempre al alcance del futuro firmante, permitiéndole que la utilice en la medida en que lo considere necesario, al inicio, durante el trabajo o al final de este.
Si en los asesoramientos creativos (de estos hablaré en una futura entrada) también a veces el asesor debe redactar algunas páginas con el objetivo de superar momentos de estancamiento del autor o ayudarle a examinar alternativas, el ghostwriting se configura como un asesoramiento en el que este componente de elaboración de textos por el asesor se lleva a la máxima expresión. Pero no debe perderse nunca el espíritu de la asesoría.
La constancia en la obra publicada del nombre de su autor real, presentado como asesor o coordinador de la obra, es un detalle que se da en algunas ediciones (por ejemplo, memorias, autobiografías, obras temáticas…), y que reduce aún más la impostura que este modo de elaborar libros conlleva: algunos pensarán que efectivamente ha sido solo un asesor y otros quizá sospechen que hizo algo más si no imaginan al firmante capaz de ser factótum de la obra, pero eso quedará como secreto salvo que lo decida revelar el firmante.
Escritores negros de artículos y discursos
Por supuesto, lo dicho para la escritura en negro de obras creativas o divulgativas es aplicable a la de escritos comunicativos (artículos largos, reportajes, dosieres temáticos…), aunque en estos casos el proceso de elaboración suele ser más sencillo, con apenas una opinión rápida sobre la V1 que lleva ya a la creación de una V2 final, y la distancia entre el asesoramiento y la escritura en la sombra en este caso se estrecha no solo por las fases del proceso, sino también por la propia sencillez del producto.
Por otro lado, primo hermano del ghostwriting es el denominado speechwriting o escritura en la sombra de discursos, aunque en este caso podríamos decir que lo que se produce a menudo es más bien una escritura en la penumbra.
Mejor considerado que la negritud literaria, la escritura de discursos ajenos, cuando se trata de alocuciones formales, solemnes o que deben incorporar con extrema precisión mensajes, tomas de posición o consideraciones de interés público, institucional o corporativo, se considera no solo aceptable, sino incluso lógica (de la misma manera que un manifiesto suele ser firmado por muchos que no lo han escrito y ni siquiera han aportado ideas, y a pesar de ello las comparten).
Todos somos conscientes de que quienes ostentan cargos públicos o en instituciones tienen agendas de trabajo muy exigentes que no les permiten dedicar todo el tiempo requerido a la elaboración de una comunicación formal adecuada. Los queremos trabajando en sus ámbitos de actividad afanados en cumplir sus objetivos y sus promesas, no malgastando tiempo en proteger su imagen creando intervenciones elocuentes.
Políticos, cargos públicos e institucionales, directivos de grandes empresas… tienen sus gabinetes de prensa y en ellos actúan responsables de comunicación que, entre otros cometidos, tienen el de elaborar textos destinados a ser leídos o a servir como guía útil para pronunciar charlas y discursos cuando no han de ser improvisados.
En el proceso de elaboración de estas creaciones comunicativas en nombre de otra persona se incluyen, por supuesto, contactos entre el escritor y el destinatario: este expresará al inicio del proyecto las ideas que quiere expresar y describirá el contexto y los fines buscados (o lo harán sus colaboradores más estrechos); al final, el destinatario hará al final suyo el texto propuesto como discurso o intervención, modificando lo que considere conveniente antes de pronunciarlo o de guiarse de él en su alocución, e incluso añadiendo o eliminando frases y expresiones sobre la marcha, en plena intervención.
Aunque a los speechwriters nunca se les atribuye públicamente ningún texto concreto (son también, en cierta medida, espectros planeando sobre los escritos), su discreción es algo menor, ya que se les identifica como miembros de los gabinetes, son conocidos sus trabajos por sus jefes, compañeros o colaboradores y, en ámbitos comunicativos o de iniciados en el mundo político o institucional, se les presupone influir en cierta medida en la comunicación de las personas para las que trabajan, lo que al menos les procura que su anonimato quede algo menos diluido. No se conoce qué discursos redactan, pero se sospecha de que los elaboran a menudo sin que ello arroje como conclusión la existencia de una impostura.
En definitiva, los ghostwriters, los escritores negros o en la sombra, son una realidad. No se los conoce y no se les asocia con las obras que escriben, pero permiten que ideas y planteamientos que están en la cabeza de personas con ánimo creativo vean la luz. Hacen así felices a quienes de otra manera no podrían ver nunca publicado un libro o trabajo firmado por ellos mismos —porque una editorial o medio se lo edite y distribuya, o porque lo autopubliquen con la tranquilidad de que no harán el ridículo— y facilitan a su vez que las editoriales puedan explotar todo el potencial que encierran algunos personajes o completar con rapidez ciertas líneas de producción. Que la escritura en la sombra no sea recomendable por sí misma (siempre hay que fomentar la autoría pura), no implica que carezca de utilidad.
En cuanto a los speechwriters, ayudan a elevar la calidad de los mensajes comunicativos y a darles homogeneidad y coherencia sin que esos logros devoren las agendas de los personajes públicos, siempre, eso sí, que los colaboradores/autores no se limiten a compendiar y coser consignas expelidas por esos núcleos institucionales que en ocasiones destacan por combinar una escasa originalidad con un fuerte sectarismo.
En la siguiente entrada me detendré en ciertos aspectos del ghostwriting que suelen despertar especial curiosidad: qué obras son en mayor medida objeto de este modo de elaboración, cuánto cuesta una redacción en la sombra, qué consideración tiene en nuestro país la figura del escritor en la sombra y qué puede sentir tanto un autor que no ha escrito la obra al verla publicada con su nombre en el lomo y la cubierta, o al ver su firma en un artículo que no ha redactado, como un escritor que sí lo ha hecho y ve otra firma asociada a su texto.