Siguiendo con la lista de elementos de la comunicación, tras la entrada dedicada a los idiomas, apunto aquí algunas caracterizaciones, manejando criterios como su uso y extensión, su ubicación, su fuerza y dominio en cada territorio, el ser únicos o compartidos en este o su función canalizadora de la comunicación personal como herramienta predominante o secundaria.
(En el siguiente post me referiré a las lenguas expuestas a riesgos o que ya están en peligro).
Los once niveles de uso de una lengua
Dominar varias lenguas es una tarea homérica. Dominar dos, memorable. Dominar una, un reto al alcance de pocos.
Pero ¿qué es dominar una lengua? ¿Hablarla? ¿Escribirla? ¿Sentar cátedra en ella?
Todos conocemos a personas que alardean de que manejan dos o más lenguas, pero ¿se producen en todas con el mismo dominio? ¿Las leen y escriben por igual? ¿Entienden a todos sus hablantes, sea cuál sea su fonética y su estilo personal de pronunciación? ¿Entienden una película u obra de teatro en versión original, sin subtitulaciones? ¿Son capaces de detectar errores gramaticales en el habla o en los textos de otros? ¿Son conscientes de sus propios errores y los detectan cuando incurren en ellos?
Hay, sin duda, personas que dominan de un modo destacable dos lenguas: suelen ser, generalmente, hablantes y escritores bilingües porque nacieron en familias con dos lenguas (paternas/maternas) o viven en territorios en los que existen dos idiomas que son cooficiales o conviven con cierta implantación y relevancia.
Auqnue también existen, son menos numerosos quienes llegan a dominar una segunda lengua tanto como la primera tras un cambio de residencia, y generalmente suele ser un idioma que ya aprendieron de niños en colegios internacionales.
Es más habitual que haya hablantes que, dominando solo una lengua, la suya, consiguen un nivel aceptable de un segundo idioma, bien porque también es muy hablado en su territorio (a veces incluso oficial), bien por razones de origen o familiares, bien porque es la lengua principal de otro territorio que visitan a menudo, al que se han desplazado para pasar una larga estancia o en el que desde hace unos años residen de forma definitiva (o hasta nueva orden).
Pero la realidad es que la mayoría de las personas hablan y escriben solo en una lengua, aunque tengan leves nociones de otra. En esa lengua se comunican, entienden a otros hablantes (al menos a la mayoría), leen textos y a veces los escriben.
Por tanto, para precisar si una lenguas es la propia, si se domina, si puede incluirse entre las que alguien maneja con soltura, lo primero que hay que hacer es diferenciar los distintos usos que pueden darse a esta herramienta de comunicación.
Con cada uso distinto, el ciudadano asume una condición diferente.
- Lengua en la que se piensa — USUARIO
- Lengua que se habla — HABLANTE
- Lengua que se pronuncia — HABLANTE, LOCUTOR, INTÉRPRETE o RECITADOR
- Lengua que se entiende oralmente — HABLANTE EXPERIMENTADO
- Lengua que se lee — LECTOR DE TEXTOS
- Lengua que se escribe — REDACTOR o ESCRITOR
- Lengua que se traduce — TRADUCTOR
- Lengua que se corrije — CORRECTOR
- Lengua que se analiza — ANALISTA, LINGÜISTA o ACADÉMICO
- Lengua que se enseña — PROFESOR DE LENGUA o ASESOR DE COMUNICACIÓN (ORAL o ESCRITA)
- Lengua que se modifica — HABLANTE o ESCRITOR QUE ACTÚA COMO AGENTE DEL DESARROLLO DE LA LENGUA
No voy a entrar aquí a examinar esos roles como usuario de lenguas, ya que esta serie de entradas consiste solo en una lista de elementos, ámbitos y disciplinas de la comunicación. (Ahondar en estos usos puede ser materia interesante para otras entradas futuras).
Basta aquí con apuntar que:
- Pensamos en una lengua preferentemente, hablemos o no más en ella.
- Hablamos normalmente en un idioma o sobre todo en uno cuando la elección depende de nosotros (no viene condicionada por la otra lengua del interlocutor o por normas del ámbito en el que nos comunicamos).
- A veces traducimos mentalmente cuando hablamos otra lengua que no es la principal, pero también es posible que sepamos pensar en más de una (aunque solo una suele ser la lengua master o lengua base).
- Entendemos a casi todos los hablantes de nuestro idioma (principal) y a algunos del segundo que manejamos con soltura (si es el caso), aunque a menudo tenemos dificultades para comprender oralmente a algunos hablantes de esas otras lenguas que conocemos pero no dominamos (ya que existen muy diversos modos de hablar y pronunciar un mismo idioma).
- Escribimos al menos en una lengua, aunque no siempre con total corrección.
- Solo si somos avezados en la redacción en una lengua podemos dedicarnos a la enseñanza, la escritura y la corrección.
- Que no sepamos escribir con rigor gramatical, riqueza léxica, finura de estilo y versatilidad de formas no nos disuade (ni nos debe disuadir) de escribir, porque la comunicación personal es más importante que la corrección.
- Hay personas que saben leer textos con soltura en otras lenguas pero no saben hablarlas, ya que manejarse oralmente en un idioma implica algo más que conocerlo: es preciso articular rápido la construcción y la deconstrucción de frases, porque la oralidad exige velocidad.
- Existen buenos pronunciadores (que pueden leer discursos en otros idiomas que conocen), pero que no tienen solvencia léxica ni fluidez gramatical suficientes para mantener conversaciones fluidas en esas lenguas.
- Hay quienes saben leer en varios idiomas, pero con lentitud y ayudas (diccionarios, gramáticas…).
- Podemos encontrar a notables dominadores del habla en lenguas distintas a la propia que a pesar de ello denotan pronunciaciones de juzgado de guardia (carecen de habilidad para asimilar ni siquiera a un nivel básico fonéticas diferentes a la de su idioma principal).
Más allá de las habilidades y conocimientos personales que nos permiten unos u otros usos en mayor o menor grado, y, por tanto, generalizando, debemos preguntarnos…
- ¿Por qué dominamos unas lenguas y otras no?
- ¿Qué nos condiciona a elegir lengua?
- ¿Qué idiomas se imponen por su atractivo o por otros motivos?
- ¿Qué lenguas conviven en una zona y por ello nos invitan o incitan al bilingüismo o, al menos, a ampliar nuestra base idiomática?
Las siguiente es una clasificación de lenguas que, sin ser una tipología, engloba algunas caracterizaciones diferenciadas por su más o menos relevante asunción personal como herramienta de comunicación o por su implantación territorial o uso funcional.
Lenguas según su asunción personal
Lengua materna
Esta expresión puede entenderse con distintos sentidos:
- Lengua de la madre.
- Lengua de la madre o del padre.
- Lengua de la familia.
- Primera lengua aprendida en el entorno de crecimiento (familia propia o de acogida en la mayoría de los casos, aunque también podría ser un centro de acogimiento civil o religioso).
Puede tratarse de una sola lengua, si en el ámbito familiar se oye solo una, o de dos, ya que algunas personas crecen bilingües adquiriendo dos lenguas maternas (generalmente la materna y la paterna).
En los casos en que se trate de un tutor, de una familia de acogida o de un centro, el calificativo de materna será solo en sentido figurado: lengua de la persona o personas que tiene a ese niño a cargo o idioma que utilice el responsable del centro que tiene la interlocución inicial con el niño y sea el aplicado en los programas formativos del ente.
Como excepción, puede haber adquisiciones lingüisticas de calle, orales, por la vida en grupo, en el caso de niños sin padres ni tutores que vivan de modo desordenado, sin una familia o centro de acogida con los que tengan una relación regular, o de tribu más que de familia (en algunas poblaciones indígenas), pero es algo menos habitual, porque siempre suele haber algún punto de conexión preferente de tipo personal.
Por extensión, puede considerarse materna también a la estudiada en los primeros años escolares como lengua vehicular, aunque la englobo en el siguiente tipo, que es más amplio.
Lengua propia, principal o primera

Si consideramos la expresión lengua propia como algo asociable al hablante y no solo a sus progenitores, esta no puede ser solo la de la madre o del padre, porque en algunos casos esa no acabará siendo la primordial del descendiente directo.
La expresión adecuada sería primera lengua, lengua principal o lengua propia de un hablante. También hay quienes la denominan lengua de referencia. Puede ser la de la madre, la del padre o la de ambos, pero también otra. Lo más probable es que sea la usada preferentemente en el ámbito familiar: suele ser la que comparten los dos progenitores o la de uno de ellos (dominante en la familia) si ambos tienen lenguas propias diferentes.
En el caso de familias de inmigrantes (desde países con otra lengua), puede darse el caso de que la nueva generación nacida en el lugar de destino mantenga la lengua materna como primera lengua (adquiriendo otra como segunda) o que adquiera ya la oficial (o una cooficial) de su nuevo país.
Por eso, con independencia del factor familiar o de entorno, podemos dar a las expresiones lengua propia, lengua principal o primera lengua los siguientes sentidos:
- Lengua más conocida y dominada (habla, comprensión oral y lectura, fundamentalmente, y también escritura).
- Lengua en la que, además de hablar, se piensa.
- Lengua más utilizada.
- Lengua de preferencia en la vida privada.
- Lengua a la que se han dedicado más horas de estudio (o en los estudios) durante los años iniciales de formación.
Generalmente, en la lengua propia de una persona se dan estos cinco sentidos, aunque hay que admitir dos excepciones:
- Algunas personas se ven obligadas a utilizar en lugar de la propia otra lengua que dominan (cooficial o extranjera) en el ámbito prrofesional, porque esa es la lengua vehicular de la empresa o institución.
- Hay jóvenes que se forman en una lengua (por que hay sistemas de inmersión obligatorios) pero mantienen otra como lengua propia (generalmente, la materna/paterna) y le dan uso preponderante en su vida privada.
En estas dos situaciones puede ocurrir que esta obligación profesional o formativa derive en que esas personas hablen más tiempo en esa otra lengua que en la propia, si no durante todo el año, al menos durante un mayor número de horas al día en el tiempo no festivo ni vacacional.
En cuanto al bilingüismo, es cierto que, en territorios en los que hay dos lenguas oficiales y se estudian ambas –no siempre en la misma proporción—, hay hablantes que llegan a dominar por igual ambas y tanto alternan el pensamiento en los dos idiomas como saltan en el habla de una a otra lengua, en su vida privada, si le tienen a ambas el mismo afecto. (Por poner un ejemplo, es más habitual el salto de lenguas en una misma conversación en habantes de euskera en el País Vasco que en los de catalán en Catalunya, y no por carencias o falta de fluidez, sino por mera costumbre).
A pesar de ello, puede afirmarse que siempre hay una lengua principal: la que uno usa primordialmente cuando no se adapta a un interlocutor o cuando dispara primero, que es aquella con la que más a gusto se siente el hablante, la que le sale por defecto, en la que cree ser más variado y brillante, la que le permite manejar con mayor dominio y creatividad los registros de la retórica, la modulación del tono y el sentido del humor. Coloquialmente, es aquella en la que se piensa, se reflexiona, se ama, se sueña, se rezonga, se insulta y se habla con uno mismo.
Segunda lengua
Es la lengua que más se domina además de la propia o principal. Puede tratarse de:
- La segunda lengua que puede manejar un hablante que realmente solo domina un idioma.
- La segunda lengua más dominada por alguien que sabe comunicarse de modo notable en dos idiomas.
- La segunda lengua mejor dominada por quien tiene un idioma principal y muestra un aceptable manejo de otros idiomas en los que también puede comunicarse con hablantes nativos.
- La segunda lengua de un hablante totalmente bilingüe que domina y usa más la otra por simple preferencia u obligado por circunstancias externas o ajenas a su voluntad.
- La segunda lengua en la que crea textos un escritor que tiene una mayor producción en la otra lengua que más domina.
Quien esto escribe, por poner un ejemplo que obviamente conozco, tiene como lengua propia o principal el castellano y como segunda lengua el catalán: en esta otra lengua me manejo bien, con una más que aceptable velocidad verbal, aunque algo menos de rapidez en la redacción para asegurar textos correctos y una variedad gramatical, terminológica y expresiva algo reducida en el habla respecto de la comprensión lectora). En cuanto a la fonética, diríamos que es correcta pero sin esconder a un buen oyente del lugar que es la de un castellanoparlante.
Otras lenguas (inglés, francés, italiano…) las manejo en algún grado, pero ni de lejos me atrever