¿Se está uno comunicando si ha enviado un e-mail y dos días después no ha recibido aún una respuesta? ¿Puede uno comunicarse con su perro o con su gato sin ser el doctor Doolittle? ¿Nos estamos comunicando con una máquina cuando operamos en un cajero automático? ¿Se comunican las células dentro de nuestro cuerpo? ¿Se comunica el viento cuando comienza a agitar las copas de los árboles anunciando que ya está aquí? ¿Se comunica con nosotros el cuerpo cuando nuestra piel enrojece por una alergia?
Esta entrada, que carece de ánimo alguno de sentar cátedra doctrinal, es una pequeña y modesta reflexión sobre el hecho comunicativo, llena de preguntas y ejemplos y con alguna clasificación, a modo de introito de la prometida lista de ángulos de visión, disciplinas, campos de estudio y actividad, recursos y cuerpos normativos relacionados con la comunicación, que vendrá en los siguientes posts.
Los ingredientes de la comunicación
Se dice que la comunicación implica un emisor, un mensaje y un receptor, un medio (vía, canal…) para emitir ese contenido comunicativo y un modo de articularlo. Y que todo se produce en un contexto que puede influir en la interpretación del mensaje.
Nos comunicamos cuando hablamos con otra persona, delante de ella o por teléfono, o cuando damos una charla, y también al escribir algo si luego alguien nos lee, porque le hemos enviado un correo postal ordinario, un correo electrónico o un mensaje de telefonía, o porque imprimimos o publicamos un escrito y alguien dedica tiempo a leerlo, o si delante de un grupo de espectadores proyectamos en alguna superficie un texto que hemos elaborado.
Pero siendo estos casos de los más evidentes y habituales en la interacción humana, no son ni de lejos los únicos. Algunos indígenas americanos ocasionalmente se comunicaban a distancia mediante señales de humo. Hay códigos de sonido o repertorios de imágenes que pueden funcionar como alfabetos simplificados o como recursos para transmitir ideas o instrucciones. Ciertos elementos en la arquitectura, la pintura y otros productos artísticos nos sugieren ideas y nos provocan sensaciones más allá de la belleza que pretenden exhibir o la funcionalidad que buscan cumplir. Y algunas máquinas inteligentes ya pueden por sí mismas pronunciar palabras y frases adaptadas a preguntas o peticiones (de diseño humano, pero compuestas en el momento, a partir de códigos informáticos y algoritmos, y propulsadas por ingenios de hardware). Asimismo, nos comunicamos cuanto transmitimos alegría, tristeza, aprobación, enfado, duda, desconocimiento… mediante expresiones del rostro o movimientos corporales.

¿Acaso no hay comunicación cuando hablamos en voz alta estando solos: por ejemplo, al preparar y ensayar una presentación o conferencia, el día anterior, o para hacernos más divertida una reflexión íntima? ¿O si ensayamos un papel teatral declamando y gesticulando delante de un espejo? ¿O cuando le hablamos a un perro que nos mira? ¿O si tratamos de entender lo que quiere expresar nuestro perro cuando emite distintos ladridos y gañidos, nos mira con expresión suplicante o nos enseña sus dientes? ¿O cuando un pointer o un setter nos marca, congelando su postura con la pata levantada y doblada, que hay una posible pieza a cobrar en la dirección en la que apunta? ¿O al oír a un bebé emitir sonidos raros o algo parecido a palabras pero que no tienen sentido?
¿Negaríamos la existencia de comunicación si se guardan unos mensajes escritos en una caja sellada o en el interior de una oquedad cubierta con una piedra para que se lean dentro de 50 años, o si se encierra un mensaje escrito en un papel dentro de una botella vacía y se lanza esta al mar, o si se depositan unos escritos a mano, o impresos, o en un disco o pen drive, dentro de una nave y se lanzan al espacio para ponerlos a disposición de… posible vida inteligente extraplanetaria?
¿Qué diferencia tendría este último caso, el espacial, con unas señales de humo emitidas en el pasado por individuos de una tribu indígena americana o de algún otro pueblo de la antigüedad si no las percibiera nadie en ese momento, o con un libro que no vendiera ningún ejemplar? ¿O quizá solo habría comunicación porque los correctores y el editor ya lo habrían leído previamente?
Y si nos grabamos la voz, dando un discurso, para oírnos otro día y analizar nuestras prestaciones, ¿acaso no habrá comunicación hasta que pulsemos el botón play? ¿Y quién sería en ese caso el emisor: nosotros mismos cuando lo grabáramos o la máquina (es decir, nosotros mismos en diferido) cuando esta lo reprodujera?
O si se planta un cartel publicitario en las afueras de una población, ¿sostendría alguien que no habrá comunicación hasta que pase el primer coche en el que algún ocupante repare en el mensaje?
Sintetizo estas dudas en varias preguntas.
Para que HAYA COMUNICACIÓN…
… ¿es necesario que el emisor y el receptor sean personas distintas?
… ¿debe ser humano alguno de los intervinientes: el emisor o el receptor?
… ¿se requiere que el receptor lea o decodifique el mensaje o basta con que se haya emitido?
… ¿es preciso que el receptor sea alguno de los previstos, según la intención del mensaje?
… ¿debe el receptor entender el mensaje y captar la intención del emisor?
… ¿debe haber intención comunicativa del emisor o basta una reacción a un estímulo si nos da información?
… ¿se precisan unas mínimas características en el mensaje en cuanto a fondo, forma y medios de elaboracion y difusión?
Sintetizando aún más, la duda puede resumirse en si cabe la comunicación en caso de que falle alguno de estos elementos:
ELEMENTO HUMANO — EMISOR — INTENCIÓN DE COMUNICACIÓN — EMISIÓN — RECEPTOR DISTINTO — RECEPTOR PREVISTO — MENSAJE — ALGUNA COMPLEJIDAD DEL MENSAJE — RECEPCIÓN — PERCEPCIÓN DEL MENSAJE — COMPRENSIÓN POR EL RECEPTOR — INTERPRETACIÓN CORRECTA DE LO PRETENDIDO
Acto comunicativo: emisor, mensaje e intención
Entre las acepciones de comunicación, la RAE incluya la siguiente: «Transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor» Ocurre que no siempre el receptor previsto es alguien determinado, y puede que el que recibe el mensaje no domine ese código y no lo entienda o lo interprete con errores. ¿No habrá en tal caso comunicación?
Para evitar este problema conceptual, podríamos ampliar esta definición diciendo que comunicar es transmitir un mensaje elaborado mediante un código de signos o un lenguaje y susceptible de ser descifrado y entendido por algún receptor. De esta manera, cuando elaboramos un mensaje para otro, o incluso si es para nosotros mismos, para que lo entendamos y analicemos en el momento o diferidamente, ya estaremos creando comunicación, sin que importe que lo reciba el destinatario previsto en caso de que fuera distinto al emisor.
Así, aunque temporalmente dicho mensaje no sea captado y decodificado, aunque la comunicación prevista tarde en cerrarse o finalmente fracase, aunque no se complete mientras no haya alguien distinto que capte y entienda total o parcialmente lo emitido, habremos elaborado ya comunicación. Bastará con que el mensaje se emita y esté en disposición de ser descifrado por alguien, aunque sea el propio emisor.
En cuanto a la forma, la complejidad, el canal y el código, si entendemos la COMUNICACIÓN así, en SENTIDO AMPLIO, producida con un simple acto con intencionalidad y viabilidad comunicativa, tanto lo será un cortejo amoroso utilizando abanicos como un mensaje de telégrafo mediante morse, un discurso político en un mitin o un simple tuit, unas gárgolas inquietantes en una catedral y las ilustraciones de periodismo gráfico en un diario, un retablo gótico con varias escenas narrativas y un cómic, unos carteles informativos en una autopista y un mojón o piedra miliar para señalar distancias en una ruta, unos violines simulando el vuelo de un moscardón en una orquesta y unos nativos congoleños transmitiendo ideas o mensajes sencillos mediante el golpeo de troncos huecos, las órdenes de un pastor a su perro para que azuce a los borregos del rebaño o supere los obstáculos en un concurso canino y las de un patrón o timonel a sus remeros en plena competición, los ladridos de un perro de guarda al ver pasar cerca de las lindes de una casa a un extraño o los del dueño de la morada buscando callar al perro porque el supuesto extraño es conocido, las instrucciones de un coach de baloncesto en un tiempo muerto o los gritos de un jugador a otro para que le pase la pelota en la cancha…
Asimismo, habrá acto comunicativo tanto en una conferencia dada en un auditorio ante unos asistentes como en el discurso de ensayo que el ponente hizo el día anterior ante el espejo, o en las sensaciones que producimos en otros al guardar las distancias con ellos o con otros, procurarles un fuerte abrazo o plantarles unos besos mejilleros. Incluso el atormentado Judas dicen que utilizó ya hace tiempo un leve ósculo como modo de identificación (o sea, para dar información a unos terceros muy concretos).
Por tanto, con este sentido extenso del concepto, no necesitado de su éxito completo para existir ni de la existencia de dos personas distintas, ni siquiera dependiente de que haya dos seres humanos diferentes a los lados de la transmisión o incluso de que haya entes humanos involucrados, HABRÁ COMUNICACIÓN si hay:
UN EMISOR
UN MENSAJE
UNA INTENCIÓN COMUNICATIVA
UN LENGUAJE O CÓDIGO
UN MEDIO O CANAL
UNA PUESTA A DISPOSICIÓN DE ALGÚN RECEPTOR
VIABILIDAD DE RECEPCIÓN DEL MENSAJE
POTENCIAL DE DESCIFRADO DEL MENSAJE
Para dar oxígeno a esta consideración de la existencia de comunicación (del acto comunicativo) aunque no se haya producido aún la recepción y decodificación del mensaje por otra persona, animal o máquina —que puede patinar en opinión de algunos, muy fieles a las concepciones más ortodoxas—, conviene decir que:
- Aunque no se entienda un mensaje, cuando menos se suele captar que existe y que algo pretende comunicar el emisor. Es la apreciación de que el mensaje revela intención de comunicar, y eso ya es una parte de la comunicación.
- Alguien captará casi siempre un determinado mensaje en algún momento, aunque no sea el destinatario previsto. Solo un mensaje al que no accediera ni pudiera acceder nunca nadie perdería sentido como acción de comunicación fuera de la esfera del emisor, pero aún podría funcionar (o haber funcionado) para este.
- Puede haber un receptor directo de la información y también un segundo receptor, y que el mismo mensaje incluya en realidad dos mensajes diferentes, transmitidos de distinta manera siendo un único acto. Un ejemplo se da en el caso del citado Judas: el mensaje le llega a uno en forma de beso (visual, cercano y táctil) y a otros (los legionarios) como imagen (visual desde más distancia), y aunque ambos receptores sospechen que significan lo mismo (eso es inteligencia), son dos mensajes distintos, uno amistoso y otro felón y colaboracionista.
- Puede también suceder que un mensaje dirigido a una persona lo capte otra no prevista, con el mismo resultado de interpretación del mensaje o con otro. Por ejemplo, una frase escrita en el polvo que hay en la carrocería de un coche aparcado o en una vantanilla, dirigida a su conductor, pero leída antes por un transeúnte.
- El emisor en muchas ocasiones hace de receptor de su propio mensaje (por ejemplo, al revisar un texto segundos después de escribirlo o un tiempo después). Incluso una verbalización en voz alta de una sola persona que se escucha con interés crítico o analítico, o la atención a su texto del escritor mientras lo escribe, pueden funcionar como acto de comunicación. Por tanto, siempre hay un receptor previo a cualquier otro (salvo, quizá, solo quizá, si la emisora es una máquina, a salvo de lo que permita la IA).
- En este último sentido citado, cabe añadir que un mensaje propio escrito o grabado no se considera del mismo modo en distintas lecturas o escuchas sucesivas: siempre hay aspectos que inicialmente no se captaban y dan completa carta de naturaleza al emisor como receptor en un rol diferenciado; además, las revisiones favorecen captaciones del mismo mensaje por el mismo receptor con connotaciones distintas.
- Los animales se comunican entre sí y se entienden (los de la misma especie), pero, cuando tratan de comunicarse con humanos, no necesarialmente estos l