Punto y coma: funciones, reglas y criterios de uso

El punto y coma es uno de los signos de puntuación delimitadores de nuestra gramática menos utilizado por los escritores (incluyendo en este término a todo tipo de redactores: técnicos, divulgativos, literarios, periodísticos o simplemente individuos que se comunican entre sí por escrito en su vida privada o en sus relaciones con empresas e instituciones ).

Esta circunstancia — su menor uso, en comparación a signos como la coma, el punto y los dos puntos— se debe a dos causas, una perfectamente lógica y comprensible y otra que debería invitarnos a la reflexión.

signos punto y comaPor un lado, el punto y coma es un signo que aporta, en su función delimitadora, matices muy sutiles respecto de los otros signos citados. Ese efecto diferencial funciona y nos es útil porque, o bien condiciona de modo especial el fraseo (el modo de lectura de una frase), o bien nos ayuda a la comprensión de los enunciados: sintácticamente, al jerarquizar y marcar mejor qué componentes pertenecen a cada oración o a cada grupo gramatical, cuando se presentan en enumeraciones o yuxtaposiciones con una obvia vinculación; semánticamente, al dar mayor lustre a cada diferente idea mencionada en los enunciados.

Tiene sentido, sin duda, que un signo que tiene asignadas estas funciones especiales no se use más que cuando se dan las circunstancias específicas que requieren el despliegue de sus efectos.

En cuanto al otro motivo que provoca su menor utilización, no es sino la dificultad que entraña colocarlo en los lugares adecuados de los escritos, teniendo en cuenta que:

  • En muchos casos una coma puede cumplir similares funciones.
  • Hay supuestos en los que puede utilizarse como delimitador alternativo el punto.
  • Es posible, en algunas construcciones, elegir cualquiera de los tres signos para exponer diferentes oraciones o elementos gramaticales encadenados; punto, coma o punto y coma (e incluso, a veces, puede alternarse con los dos puntos).
  • Hay fragmentos de texto en los que no debería colocarse nunca el punto y coma, o en los que, cuando menos, no es recomendable.

En la entrada Casi todos los usos de la coma: lista de supuestos me extendí en los criterios de utilización de ese signo tan importante en la escritura. La coma es, no hay duda, uno de los elementos gramaticales más difíciles de utilizar si se aspira a una redacción pulcra, técnicamente rigurosa, agradable musicalmente y brillante en lo expresivo.

Si la complicación de la coma se agranda por tratarse del signo que en más ocasiones suele utilizarse en los textos, la del punto y coma crece precisamente por lo contrario: debe administrarse con especial mesura y altísima precisión.

Hay redactores que nunca utilizan el punto y coma, o recurren a este signo cuando no procede, del mismo modo que algunos siembran de comas los textos de modo arbitrario o no aprecian cuando procede este signo —dificulltando la lectura e incluso equivocando significados—, y no es raro ver escritos en los que se usa el punto como delimitador principal de ideas (separación de grupos gramaticales con puntos), lo que da unos textos escritos a base de zarpazos.

Dicho de otra, manera, a veces no se coloca el punto y coma porque el autor no quiere (guste o no al lector o crítico), en otras muchas este signo brilla por su ausencia porque el redactor no sabe cuándo utilizarlo (es la prudencia del inexperto expresada como inhibición) y, finalmente, hay textos en los que sí lo encontramos pero procedería en su lugar una coma o un simple espacio entre palabras.

¿Por qué si el manejo del punto es relativamente fácil (con desahogo literario vale casi para todo) y el de la coma es difícil, la gestión del punto y coma puede ser endiablada?

De eso trata este post.

La singularidad del punto y coma

El punto y coma es un signo formado por una coma situada sobre un punto. En francés se denomina point-virgule y en inglés se conoce como semicolon.


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Es un delimitador principal del discurso de funciones análogas a las de la coma y en ciertos casos también a las del punto, pero con usos diferentes a estos otros signos.

El punto y coma, funcionalmente, se sitúa así en la panoplia de los signos de puntuación entre el punto y la coma:

  • El punto —del que hablaré en un futuro post— es el gran signo de la delimitación de oraciones. El más taxativo. Separa completamente oraciones (y, cuando es punto y aparte, delimita párrafos e incluso capítulos y secciones).
  • Por su parte, la coma separa normalmente grupos gramaticales que no son oraciones.

Pues bien: el punto y coma puede cumplir en algunas ocasiones las mismas funciones que la coma, en otras sirve para lo mismo que el punto y también puede utilizarse con una misión específica, pero en todos los casos aporta un efecto diferente a esos otros dos signos, incluso cuando puede ser alternativo a estos.

La RAE indica —como a propósito de la coma— que no es la existencia de una pausa más o menos larga la que nos marca que debemos incluir uno u otro signo (coma o punto y coma).

Quizá sea cierto que no es ese parón más o menos mantenido el criterio que ha de servir siempre para tomar la decisión de poner una coma o un punto y coma. El origen lingüístico puede ser más complejo. Por ello, la inserción de un punto respecto de un un punto y coma o de un punto y coma respecto de una coma en algunos casos apenas denotará diferencias en la pronunciación —como, por ejemplo, al final de ciertas enumeraciones colocar coma o punto y coma ante el último elemento no altera la lectura—. y la decisión será más bien estilística.

No obstante, en la mayoría del casos no hay mejor manera de discriminar cuándo corresponde uno u otro signo que dejarnos guiar por la música de la frase. La coma casi siempre conlleva un ligerísimo cambio de entonación, un rápido respiro, mientras que el punto y coma nos da un parón reflexivo, una pausa elegante, propia y específica, algo menor que la del punto pero mayor que la de la coma, y nos facilita una presentación más vistosa de cada elemento enunciado.

Esta combinación de funciones específicas —punto y coma obligado o al menos recomendable— con otras utilidades alternativas —punto y coma de estilo— es la causa de que este signo gramatical sea uno de los más dificultosos para los redactores no avezados.

De hecho, como ya he comentado, hay escritores técnicos o apegados a la funcionalidad literaria que prescinden casi completamente del punto y coma y lo sustituyen por la coma o por el punto, sin cometer por ello errores gramaticales. Y no incurriría en ninguna exageración si dijera que en ciertos registros de la escritura el punto y coma raramente aparece (como en los diálogos de novelas o guiones, ya que indican un habla oral y no conversamos con tanta sutileza en la puntuación).

A pesar de ello, de que este criterio restrictivo pueda funcionar en muchas ocasiones (perdiéndose solo riqueza literaria), existen algunos casos —que expongo en la última parte de esta entrada— en los que no debería sustituirse por ninguno de esos otros dos signos.

Por decirlo de modo resumido, el punto y coma es un signo literariamente valioso que:

  • Algunas veces es el signo de uso más recomendable.
  • En ocasiones puede usarse alternativamente a otros signos (punto, coma y dos puntos).
  • En algunos supuestos es de uso imprescindible (salvo con ciertas opciones estilísticas literarias).
  • En algunas coyunturas del texto no debe utilizarse.

Por último conviene aclarar que cuando se utiliza en plural, permanece invariable; así, se debe hablar del punto y coma y de los punto y coma.

Y, antes de seguir, tres puntualizaciones:

  • Como en la entrada relativa a los usos de la coma, también aquí utilizo a veces los términos oraciones, enunciados y frases en sentido genérico, dando solo el matiz diferenciador cuando procede o se contrastan unos conceptos con otros; asimismo, también aludo a elementos o grupos gramaticales cuando estamos ante algo que no llega a completar una frase, oración o enunciado).
  • Los supuestos de uso del punto y coma aquí comentados están fundamentados en las reglas y directrices expuestas por la RAE en su Ortografía, pero también en los criterios cuajados en mi experiencia propia como redactor. Por tanto, quizá encuentres algún matiz explicativo que va más allá de lo canónico. 
  • Todos los ejemplos son de cosecha propia. Abundan los que son un pocmlargos, peor eso se debe a que el punto y coma amenudo aparece en enunciados que enumeran u oponen grupos gramaticales con cierta complejidad. No obstante, este signo no es exclusivo de este tipo de fragmentos de texto y puede convenir también en muchos enunciados breves.

Algunos criterios sobre la utilización del punto y coma

Antes de ver los usos concretos de este signo, no viene mal dejar claros algunos criterios que deben tenerse en cuenta cuando se coloca.


Dentro del párrafo, el punto y coma va pegado a la palabra o signo anterior y está separado por un espacio de la siguiente (o del signo que preceda a esta). Y nunca va al final de una frase u oración que cierre un párrafo. Siempre va precedido de una palabra (o signo: de interrogación o de admiración, o puntos suspensivos) y seguida por otra palabra (o por otro signo —de admiración o interrogación— que anteceda a una palabra).

Las gradas laterales siguen expectantes; los graderíos que hay tras las porterías rugen impacientes.

Se flagelaba con preguntas: ¿por qué no vi venir el problema?; ¿qué me impidió reaccionar cuando lo tuve encima?; ¿qué diablos me impide sincerarme y confesar que me quedé bloqueado?…

La tormenta de agua se encarniza ya con la ciudad; las calzadas en pendiente soportan las habituales riadas que arrastran papeles, y hojas secas de nuevo húmedas, y plásticos…; aceras y calzadas revelan sus imperfecciones en forma de charcos, a veces auténticas piscinas improvisadas…

Los sabios del lugar coinciden: mañana el agua del río y de sus afluentes crecerá y recuperará sin piedad sus terrenos y sus ramblas; ¿sobrevivirá el pueblo de nuevo a esa expropiación temporal que no parece sino la venganza cíclica de una enojada naturaleza?

La palabra que sigue al signo siempre empieza con minúscula, salvo en ciertos textos lingüísticos en los que se enumeran citas no iniciadas por puntos suspensivos y se elige separarlas mediante punto y coma y no mediante coma o punto. Y también puede utilizarse seguido de mayúscula en algunas enumeraciones de expresiones estandarizadas o frases hechas.

Algunas de las primeras frases pronunciadas por Lady Macbeth revelan pronto su estilo comunicativo cáustico y cínico: «Para engañar al mundo, parécete al mundo, lleva la bienvenida en los ojos, las manos, la lengua». «Parécete a la cándida flor, pero sé la serpiente que hay debajo»; «Te asusta ser el mismo en acción y valentía que el que eres en deseo?»; «Cuando te atrevías eras un hombre; y ser más de lo que eras te hacía ser mucho más hombre»…

A veces, oraciones con significado equivalente pueden encabezarse por conectores del discurso distintos que aportan prácticamente la misma idea: Resumiendo, la respuesta solo puede ser un no; Dicho esto, nos vemos abocados a denegar la solicitud; Llegados a este punto, hemos de comunicarle que no se acepta su propuesta…

Los saludos verbales en el ejército pueden variar según el grado del militar saludado, entre otros factores: A sus órdenes; A la orden de Usted; A la orden de Usía; A la orden de Vuecencia…

Cuando se realizan enumeraciones utilizando el punto y coma entre los elementos de la coordinación, el último puede separarse con coma si va precedido de conjunción. La función es anunciar el fin de la exposición coordinada de elementos.

En la feria del móvil podremos contemplar, como siempre, novedades tecnológicas muy variadas, pero en esta edición son cuatro las que se llevan la palma: una pantalla de máximo contraste, que responde de modo sorprendente a la luz del sol sin perder apenas resolución; un dispositivo con triple objetivo fotográfico ligado a tres sensores distintos, con sendos zooms digitales de última generación; una batería con carga ultra rápida incluso por vía USB, y la estrella de los avances, el móvil con pantalla ultraflexible con componentes de grafeno.

No obstante, en ocasiones es mejor no sustituir el punto y coma final por una coma, presentando todos los elementos igualmente aislados; eso tiene sentido sobre todo cuando estos tiene una entidad propia: citas, expresiones, muebles, objetos u ornamentos presentados con detalles, enumeraciones en las que se quiere expresar que surgen de una panorámica visual al entrar en un recinto o llegar a una zona de observación, enumeraciones que se dejan incompletas, acabadas en puntos suspensivos…

La estancia estaba llena de muebles y objetos, en una muestra clara de lo que en tiempos se solía calificar como ‘horror vacui’: sillas, mesas, taburetes, aparadores, escritorios, espejos, biombos, cuadros colgados a todas las alturas posibles, lámparas de araña, quinqués y farolas, armarios… — (Aquí correspondería usar solo comas).

El mobiliario de la habitación era una mezcla extraña de estilos y épocas que impactaba por su agresiva falta de armonía: un sofá capitoné estilo Chester tapizado en cuero de color burdeos; una lámpara de araña dorada con lágrimas y al menos veinte bombillas clásicas alargadas con formato vela; una mesa y seis sillas tapizadas en verde estilo Bidermeier; una mecedora y un aparador de estilo provenzal; dos sillas tipo Wassily; un espejo de estilo Luis XV…; más que un salón parecía un comercio de antigüedades… — (Aquí se ve el uso continuado de punto y coma, incluso ante el elemento final de la enumeración).

La subida al Anboto desde el Santuario de Urkiola pasa por varios picos y crestas, pasos en los que conviene detenerse por la belleza de sus paisajes: la subida hasta Urkiolamendi, con vistas a las crestas de Alluitz, de Mugarra y del propio Anboto…; el camino hasta el Collado de Larrano y la Ermita de Santa Bárbara, que nos depara ya una vista general de los montes del Duranguesado; un tramo más, que nos lleva hasta el pico de Kurutzeta, y otro hasta el pico del Elgoin, y de allí ya podremos dirigirnos con cuidado, por un terreno sinuoso, hasta el objetivo final: el bellísimo y legendario pico del Anboto. Y si en el descenso queremos una propina, tomando un desvío en la bajada, podemos visitar la famosa fuente de Pol Pol para cerrar así la jornada. — (Aquí se ve el uso del punto y coma en la enumeración, salvo ante el último elemento, prececido de coma, y su combinación con otras comas y con puntos y dos puntos en distintos lugares del enunciado).


Usos y funciones del punto y coma

La RAE admite que no es posible fijar reglas cerradas sobre el uso del punto y coma, sino solo directrices.

Para establecer criterios de recomendación del uso de punto y coma, la RAE baraja factores como:

  • La extensión de las frases.
  • La complejidad e independencia de las secuencias del texto: enunciados,