Carreras por el bosque, copas de vino y cuchillos de cocina

Lo que sigue es un repaso, ligero, a los elementos recurrentes de un segmento de las producciones de ficción que se elabora a partir de fórmulas y patrones estandarizados: el thriller televisivo de protagonismo femenino.

Esquemas y características en el telefilm vespertino

etapa del tour
Etapa del Tour – Flickr – de Sylvain ELIES – CC BY-NC-SA 2.0

Hay productos de entretenimiento que cumplen más de una función. Una etapa del Tour de France emitida justo tras la hora de la comida puede emocionarnos si hay una dura pugna en las rampas de un puerto de primera categoría, pero a menudo, en episodios llanos o de media montaña, nos empuja a ese sueño vespertino tan superficial como dulce y placenteramente irresistible.

Nada como la evolución lenta de un pelotón lleno de mareantes maillots de colores y la visión regular de prados, sembrados, bosques, montañas y pueblos, de esos pequeños pueblos franceses tocados siempre por el buen gusto urbanístico propio de ese país, con su incomparable jardinería, sus iglesias que parecen catedrales y sus palacios con nombre de castillo, para abandonarnos de modo intermitente al apalancamiento mental.

Algo similar ocurre con los telefilms (llamados ahora en EE.UU. tvmovies) que algunas cadenas suelen emitir durante las tardes de sábados y domingos (y solo ocasionalmente, como repetición, alguna noche o madrugada). Pensando en ese momento de debilidad que suele iniciarse hacia las cuatro de la tarde, cuando, centrado el metabolismo en la digestión, se descuida y afloja nuestra conciencia, resultan ideales los productos narrativos que no nos exigen grandes esfuerzos analíticos, que no requieren una dedicación especial para entender la motivación de los personajes, sus sentimientos ante los hechos acontecidos o el sentido de sus relaciones personales, relatos que pueden retomarse sin problemas tras alguna que otra cabezada.

Desde luego, si hablamos de cine, no es la inauguración de la tarde el mejor momento para asistir a experimentos cinematográficos de corte dreyeriano o bressoniano, emulaciones tardías de la nouvelle vague, productos con ecos fellinianos o buñuelianos, parsimoniosos dramas asiáticos familiares, ensayos metanarrativos u otros relatos desacomplejados o transgresores en forma y fondo. Quizá ni siquiera sea ese un rato adecuado para adentrarnos en clásicos del cine que requieran algo de esfuerzo, ya se trate de los argumentos escurridos y ultradestilados del llamado cine negro, de las tramas deliberadamente intrincadas del subgénero de espionaje o de las impactantes historias de los melodramas más arrebatados. E incluso puede que no se acomoden bien a ese lapso del día ni las grandes superproducciones de calidad ni las películas independientes de narrativa lineal con menor presupuesto pero notables dosis de talento decantado en guiones, interpretaciones y puestas en escena.

Hay cadenas que optan a esas horas de los fines de semana por productos de animación. Los niños, con un divertido relato visual a su alcance, vencen siempre cualquier asomo de modorra, pero, si se tercia, se abandonan a esta sin reparo, porque desde hace unos años los tiernos infantes consumen sin reparos las mismas cintas de modo reiterado hasta memorizarlas. Otros canales, con líneas de emisión dirigidas a públicos presuntamente más bravos —tras esa segmentación tan peculiar y sexista que diferencia contenidos destinados a hombres y a mujeres, que es lo que yo denomino, siempre sorprendido, marketing hormonal, al que merece la pena dedicar una entrada futura—, colocan en esos tramos de programación producciones con muchos impactos de coches, persecuciones, explosiones y escenas en cámara lenta con llamarada detrás. Lo que según parece gusta consumir a quienes tienen mayores dosis de testosterona.

Pero en esta entrada quiero centrarme en lo que antes mencionaba: los telefilms emitidos los sábados y domingos por la tarde que nos ofrecen las grandes cadenas privadas de este país, y a veces también la principal cadena pública, me consta que en línea con lo que se hace en otros países (entre ellos, los que producen esas cintas). Algunos son de factura alemana, basados en novelitas románticas que transcurren en lugares exóticos asiáticos, en islas índicas, en rudos parajes africanos, o en paisajes bucólicos anglosajones, con gente guapa que tiene problemas de empresas, inmuebles, herencias o familias, pero al final siempre los soluciona. Pero tampoco es a esas obras hacia las que quiero dirigir mi foco ahora: mi interés son ciertos thrillers vespertinos de fabricación norteamericana, producciones casi todas de Estados Unidos y de Canadá.

Estas obras se caracterizan, a grandes líneas, por:

  • Tratarse de historias en las que hay acciones criminales, generalmente en ámbitos más o menos cotidianos (familias, empresas, urbanizaciones, pequeñas poblaciones…).
  • Estar protagonizadas fundamentalmente por personajes del sexo femenino.
  • Asignar a las mujeres casi todos los papeles profesionales duros y relevantes en las tramas (jueces, jefes de policía, detectives, fiscales, abogados, forenses, alcaldes…) e incluso algunos roles preponderantes negativos (acosadoras, niñeras peligrosas, ejecutivos y directivos implacables, políticos corruptos…).
  • Relegar los personajes masculinos a roles secundarios, con excepción de que se trate de los malvados de algunos relatos: básicamente, asesinos en serie coleccionistas, maltratadores domésticos y políticos o millonarios corruptos.
  • Invertir la tradicional figura dual policía hombre algo atormentado y esposa mujer que se queja del trabajo de su cónyuge, dando al rol masculino el de marido de la agente, harto de la exposición a peligros o de la excesiva dedicación al trabajo de su cónyuge.

En mi opinión, este planteamiento claramente feminista (a veces incluso un punto hembrista), aplicado a un producto popular, quizá haya hecho en los últimos años por la causa de lo que los cursis llaman el empoderamiento de la mujer más que lo que en años anteriores consiguieron la lucha sufragista, la liaison Woolf–Sackville West o los escritos de Beauvoir o Friedan.

Pero tampoco me quiero fijar solo en este fin más o menos lateral de estas obras, que, aunque admite una mirada crítica, me parece loable, sino en otro aspecto fascinante de estos productos norteamericanos creados para la televisión: el que constituyan el ejemplo más claro de fabricación estandarizada según patrones, de moco que los guionistas no hayan de dedicarse a otra cosa que al relleno de moldes, a la composición de casi todas las producciones con una serie de elementos recurrentes diseminados sobre una lista corta de esquemas argumentales.

Sin más comentarios previos, a continuación incluyo una lista (sin orden alguno) de 50 elementos o componentes que pueden contemplarse en esos telefilms de un modo tan reiterado que, a pesar de cansino, resulta incluso divertido. En la segunda parte de este post, que llevará otro título, podrás ver una breve descripción de los 30 esquemas argumentales más utilizados. Podría añadir alguno más en ambas listas, pero, la verdad sea dicha, no muchos.

En estas las listas no se enumeran elementos siguiendo criterio alguno, porque es más entretenido ver esos componentes y planteamientos así, desordenados, como si pudieran escogerse aleatoriamente.

Si tienes alguna duda sobre la descarnada realidad de las dos listas que vas a leer a continuación, será porque nunca has consumido ese tipo de producciones. Pero si, como casi todo el mundo, en algún momento lo has hecho, entre cabezada y cabezada, comprobarás que son unas enumeraciones harto fidedignas.

50 elementos recurrentes en las tvmovies del género thriller 

Los tres primeros elementos son casi el marchamo de este género televisivo y los cuatro siguientes también son componentes casi obligados, pero la probabilidad de que aparezca cualquiera de los demás es igualmente altísima.

Son solo ingredientes, no esquemas ni esqueletos de tramas, pero combinando varios de ellos con uno de los tipos de tramas del segundo listado es posible armar una de estas tivimuvis sin grandes sudores, a gusto del productor, o del director de marketing de la productora, que es casi lo mismo. En cuanto a la naturaleza de estos componentes, los hay de todo tipo: tipos de personajes, roles, objetos, instrumentos, herramientas, sustancias, actividades, hábitos, espacios, momentos del día, situaciones argumentales…

Vamos allá.


CARRERITAS POR EL BOSQUE

Ya se presente al principio del telefilm, como prólogo que luego cobrarásentido en la aventura o como escena adelantada que luego se retomará en tiempo real a medio argumento, o se inserte durante el avance lineal de este o en su desenlace, en muchas de esas producciones hay un momento en el que una chica es perseguida por alguien y escapa hacia un bosquecillo que hay cerca del lugar en el que se desarrolla la trama. La carrera suele ser desenfrenada, con tropiezos, roces con ramas, resbalones y caídas, y no suele acabar bien cuando es un adelanto inicial, pero sí cuando se acerca al desenlace. Cuando tiene final feliz, suele brindarse a la perseguida un elemento deus ex machina al objeto de resolver el problema en forma de personaje salvador, piedra o estaca oportuna o pistola caída cerca de donde interesa (elementos luego comentados). Esto último, el desenlace feliz, suele ocurrir cuando la perseguida es la protagonista, pero no cuando se trata de un personaje secundario o quien corre desesperada es solo un personaje inicial cuyo único rol es el de cadáver antecedente.


COPAS DE VINO

Antiguamente, los personajes llegaban a casa y se disparaban hacia el mueble bar, ávidos de servirse un escocés o un bourbon, pero como estamos en la era de las mujeres, nada mejor que unas copas de vino, blanco o tinto, a cualquier hora del día que no sea la del desayuno. Junto a una pantalla de ordenador mientras se investiga o chatea o en la recurrente charla de la protagonista con su amiga confidente, las chicas siempre se solazan con sus enormes copas de vino. Y si hay problemas o es la hora de cantar verdades, beben a modo. Es curioso, pero en los telefilms parece que las mujeres solo beban vino, champagne y chupitos de tequila. Pero el vino es el rey.


CUCHILLOS DE COCINA

Es, sin duda, el elemento estrella de este tipo de telefilms. Casi siempre son obtenidos de un soporte vertical con ranuras en el que se ofrecen diferentes tipos de cuchillos, aunque en ocasiones la protagonista puede servirse directamente de un cajón de la cocina o de la superficie de una madera de cortar verdura. Porque las chicas —que si cocinan siempre cortan verduras, pimientos o tomates, del mismo modo que los varones solo parecen atinar en la cocina con el espagueti—, se pertrechan a menudo en el armero del lugar en el que se elaboran los condumios. Si yo fuera sexista, podría pensar que cocinar poco es un posible rasgo feminista, pero usar siempre como armas las de la cocina para defenderse dentro del hogar podría también verse como ramalazo machista, al menos del responsable del guión. ¿Hombres defendiéndose con cuchillos de cocina? No recuerdo ninguno; ¿para qué los necesitamos, estando a nuestro alcance alguna remachadora de clavos? Estamos, por tanto, ante un elemento ambivalente y contradictorio en las intenciones cerativas y comunicativas de esta era feminista. Pura fusión.


PESADILLAS

Son otro de los tópicos resultones que permiten crear insertos en las tramas cuando no parece haber mucho más contenido. Lo soñado casi nunca da la sensación de ser otra cosa que un sueño (que se note: no nos herniemos buscando originalidad ni intentemos, por tanto, que no parezca un sueño), por lo que nada mejor que cortarlo con un brusco levantamiento de medio tronco en la misma cama. Casi nadie se despierta así en la realidad, aunque los sueños sean severos, tenebristas o incluso terroríficos, pero en el mundo del telefilm cualquier pesadilla es un buen momento para hacer abdominales nocturnos.


AMIGAS CONFIDENTES

La protagonista de la trama es una chica que siempre tiene su amiga confidente: puede ser su vecina, su compañera de oficina, su entrenadora personal, su abogado o su antigua amiga del alma. Con ella, por supuesto, comparte copas de vino, y ambas se cuentan conflictos, se azuzan mutuamente con el objetivo de buscar rollo y no estar tanto tiempo sin permitirse algún solaz erótico…, y en algún momento se ayudan. Sus encuentros también sirven para informar al espectador de datos, si el guión se nos pone perezoso y funcional y nos ilustra a través de diálogos en los que ellas se dicen mutuamente lo que ya saben para que así lo sepamos nosotros. Las amigas confidentes deberían saber que en ocasiones mueren en lugar de las protagonistas, envenenadas, empujadas en escaleras o saliéndose de la carretera en sus coches con frenos manipulados, como vemos luego. Es el peaje que hay que pagar por tanta copa de vino compartida y por querer llenar el tiempo y romper la rutina interviniendo en conflictos ajenos.


FOOTING

Hay dos modalidades: la protagonista en camiseta y pantalón técnico pirata corriendo sola o ella misma pateando algún camino o avenida con su amiga confidente vestida de similar guisa. Cuando son dos, la habilidad que muestran en la conversación mientras corren resulta fascinante, aunque para decirse lo más enjundioso suelan darse algún respiro paradas, t